En la vasta trama urbana de la Ciudad de México, donde cada avenida es testigo de siglos de historia y transformación, surge un proyecto que combina movilidad, identidad cultural y vida cotidiana: La Gran Tenochtitlan, la nueva ciclovía que se construye sobre la histórica Calzada de Tlalpan para conectar el corazón del centro con el sur profundo de la capital.
Más que una franja pintada en el asfalto, esta ciclovía aspira a ser un corredor vital y continuo de 34 kilómetros que recorra desde la zona de Tlaxcoaque hasta el Periférico Sur, atravesando calles, barrios y alcaldías —incluidas Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán y Tlalpan— y resignificando un eje urbano con raíces que datan de épocas prehispánicas.
El proyecto toma su nombre del antiguo imperio mexica cuyo centro era Tenochtitlan, la gran ciudad lacustre que se convirtió en la base de lo que hoy conocemos como la Ciudad de México. Calzada de Tlalpan, que en tiempos prehispánicos fue vía de acceso y comercio, renace ahora como una arteria de movilidad sostenible que invita a mirar al pasado mientras se pedalea hacia el futuro.
Contexto urbano y necesidades de movilidad
La iniciativa responde a desafíos contemporáneos de la metrópoli: la necesidad de alternativas al automóvil, la reducción de emisiones, la seguridad vial y la integración de modos de transporte más humanos y accesibles. El plan contempla no sólo un corredor principal, sino conexiones transversales y espacios que faciliten el acceso de residentes y visitantes a servicios, mercados y espacios públicos.
Con una infraestructura diseñada para priorizar al ciclista, la ciclovía incorpora diferentes tipos de confinamientos —desde tramos con jardineras hasta zonas con delimitaciones tácticas—, estadísticas que indican una alta demanda de viajes cotidianos en bicicleta y una visión que va más allá de la simple obra vial.
Fechas clave: de anuncio a apertura
El proyecto fue anunciado oficialmente por las autoridades de la Ciudad de México a principios de abril de 2025, con la intención de integrar esta ciclovía al circuito urbano antes del Mundial de Fútbol 2026, evento que colocará a la capital en el centro del mundo.
La construcción comenzó en julio de 2025, y aunque originalmente se planteó su conclusión antes de finalizar ese año, el calendario se ha ajustado por distintos retos —desde dificultades técnicas hasta diálogo comunitario— y ahora se espera que quede lista en los primeros meses de 2026, idealmente antes de la llegada de visitantes internacionales para el evento futbolístico.
En paralelo, a finales de julio de 2025 se puso en marcha una fase piloto de la ruta, habilitando temporalmente tramos delimitados con conos y señalética para que ciclistas ya pudieran transitar por partes de la Calzada de Tlalpan y experimentar la propuesta antes de su apertura oficial completa.
Aun así, varios segmentos —especialmente entre Chabacano y Renato Leduc— muestran avances importantes. En conjunto, la obra registra alrededor de 60 por ciento de progreso, con tramos que ya superan el 80 por ciento. Para reducir afectaciones al tránsito cotidiano, gran parte de los trabajos se han realizado durante la noche.
La Gran Tenochtitlan: ciclovía pensada rumbo a 2026
La ciclovía La Gran Tenochtitlan forma parte del plan integral de movilidad previo a la Copa Mundial de 2026. La meta es que esté lista durante los primeros meses de ese año, funcionando como una vía estratégica para desplazamientos diarios y para la llegada a zonas de alta afluencia, como el Estadio Azteca. Autoridades estiman que estará al 100 por ciento a finales de febrero o principios de marzo de 2026.
De hecho, uno de los siguientes tramos contemplados extenderá la ruta hasta ese punto, consolidando una conexión ciclista directa entre el centro de la ciudad y el sur, algo que hasta ahora no existía de forma continua.
La Calzada de Tlalpan no es una vía cualquiera. Desde tiempos prehispánicos fue uno de los accesos principales a México-Tenochtitlan. Más tarde se convirtió en un eje clave del crecimiento urbano. Que hoy se transforme en una ciclovía larga y estructurada añade una nueva capa a su historia.
Bajo el nombre de La Gran Tenochtitlan, este proyecto busca resignificar el trayecto: pasar de una arteria dominada por el automóvil a un espacio donde la bicicleta tenga prioridad y continuidad.
Más allá de los pedales: impacto social y urbano
La ciclovía ha generado opiniones diversas en la calle: hay quienes celebran la posibilidad de recorrer la ciudad de forma distinta, descubrir plazas y mercados desde una velocidad diferente y conectar puntos neurálgicos de la ciudad sobre dos ruedas. Otros señalan retos en su construcción —como ajustes de carriles y adaptación a la vida urbana existente— y hablan de la necesidad de garantizar inclusión, seguridad y respeto para todos los usuarios.
Lo cierto es que La Gran Tenochtitlan hoy se perfila como una pieza clave en la discusión sobre cómo queremos movernos, convivir y recrear la ciudad. Desde la memoria prehispánica hasta la exigencia de nuevas formas de habitar la metrópoli, esta ciclovía es un puente que invita a mirar atrás sin perder velocidad hacia adelante.

