T-MEC bajo la mira: ¿podría suspenderse el acuerdo entre México y Estados Unidos?

En enero de 2026, el tratado comercial más importante de América del Norte —el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC)— volvió a ocupar los reflectores no por una cumbre de crecimiento económico, sino por declaraciones contundentes del gobierno estadounidense que amenazan con poner en entredicho su continuidad. Lo que durante años fue celebrado como una pieza clave de integración regional hoy se debate entre la diplomacia y la incertidumbre política.

La administración de Estados Unidos, encabezada por Donald Trump, cuestionó de manera pública la relevancia del T-MEC para su economía. En visitas a plantas industriales en Michigan, Trump afirmó que el país “no necesita” los productos manufacturados en México ni en Canadá y llegó a decir que el acuerdo “no tiene ninguna ventaja real” y que podría ser —en sus palabras— “irrelevante”. Esta postura refleja, más que un análisis técnico, un discurso proteccionista que busca priorizar la producción interna de bienes por sobre las ventajas de los mercados integrados.


¿Una simple crítica o la antesala de una ruptura?

Aunque las declaraciones han encendido alertas, el panorama legal y económico que rodea al T-MEC es más complejo. El acuerdo no se extingue automáticamente si una de las partes así lo decide; requiere un proceso de revisión conjunta que está programado para desarrollarse en 2026, con una fecha clave en julio. Si los tres países llegan a un consenso favorable, el tratado puede extenderse por 16 años más, pero si no lo hacen, permanecerá vigente con revisiones anuales hasta que las partes acuerden su renovación o su eventual expiración hasta 2036.

Esta particularidad hace que, aunque la retórica de suspender el pacto sea fuerte, su cancelación no sea inmediata ni unilateral. Aun así, las palabras tienen peso, especialmente cuando provienen de un socio que representa el 80% del comercio exterior mexicano y absorbe la vasta mayoría de sus exportaciones industriales.


El corazón de la integración económica

Para México, el T-MEC no es un documento diplomático frío, sino una realidad económica viva. El intercambio comercial entre nuestro país y Estados Unidos ronda cifras que superan cientos de miles de millones de dólares anuales, con sectores como el automotriz, el de equipo mecánico, el eléctrico y el médico siendo piezas indispensables de cadenas de suministro altamente integradas. Estos sectores no solo exportan productos terminados, sino que forman parte de complejas redes productivas que cruzan fronteras decenas de veces antes de convertirse en bienes finales.

En el caso de la industria automotriz, los vínculos son particularmente visibles: empresas estadounidenses y multinacionales dependen de componentes fabricados en México y Canadá para mantener competitividad global y eficiencia en costos. Proyectos industriales conjuntos han creado empleos, inversiones y tejido productivo que difícilmente podrían replicarse en un modelo aislado.


Más allá de la retórica

La postura de Estados Unidos ha generado reacciones diversas. En México, desde altos mandos del gobierno hasta líderes empresariales han enfatizado la interdependencia que existe con su vecino del norte, recordando que más que un tratado, es una red económica que ha beneficiado a millones de trabajadores en ambos países. Por su parte, sectores industriales estadounidenses han señalado que las cadenas de suministro regionales son esenciales para competir con potencias como China.

La misma retórica de “no necesitamos sus productos” no sólo cuestiona la lógica del comercio abierto, sino que coloca sobre la mesa el debate sobre la autosuficiencia versus la eficiencia globalizada. Si bien la intención de regresar producción a territorio estadounidense forma parte de un discurso político bien definido, las realidades del mercado y las integraciones productivas muestran que la eliminación o desmantelamiento del T-MEC no sólo afectaría a México, sino también a las propias industrias estadounidenses que se han beneficiado de la red norteamericana.

Estos son los principales productos que México exporta a EE. UU. y que se podrían ver afectados.

Las estadísticas oficiales muestran que las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos se concentran en sectores industriales y manufactureros clave, la mayoría de ellos integrados a las cadenas de suministro de América del Norte bajo las reglas del T-MEC.

  • Equipo mecánico y sus partes

El rubro con mayor crecimiento fue el de equipo mecánico y sus partes, cuyas exportaciones sumaron 95 mil 535 millones de dólares, con una participación de 26.9% del total importado por EE. UU. desde México. Este sector registró un aumento de 43.5% respecto al mismo periodo de 2024.

 
  • Vehículos y sus partes

El sector de vehículos y autopartes se mantuvo como uno de los pilares del intercambio bilateral. Entre enero y agosto de 2025, Estados Unidos importó desde México 83 mil 952 millones de dólares en estos productos, equivalentes a 23.7% de participación. Aunque el valor mostró una baja anual de 7.3%, México se mantuvo como el principal proveedor de este tipo de bienes para el mercado estadounidense.

  • Aparatos eléctricos y electrónicos

Las exportaciones de aparatos eléctricos y sus partes alcanzaron 59 mil 328 millones de dólares, con una participación de 16.7%, y un crecimiento anual de 3.3%, reflejando la importancia de México en la proveeduría de componentes eléctricos y electrónicos.

  • Equipo de medición y dispositivos médicos

En el rubro de instrumentos de medición y equipo médico-quirúrgico, las importaciones estadounidenses desde México sumaron 16 mil 443 millones de dólares, con una participación de 19.6% y un incremento de 6.5% anual.

Otros sectores relevantes

Además de los sectores industriales, México se mantuvo como proveedor clave de mueblesbebidas, licores y vinagre, así como de frutas, hortalizas y productos agrícolas, aunque algunos de estos rubros registraron caídas moderadas en valor durante el periodo analizado.


¿Qué podría pasar ahora?

Aunque el panorama está cargado de incertidumbre, no se puede afirmar que el T-MEC vaya a desaparecer mañana. Las conversaciones bilaterales y trilaterales continúan, con miras a superar las tensiones políticas y avanzar hacia acuerdos que fortalezcan la integración regional. Sin embargo, si la retórica de suspender o reconfigurar el tratado sigue ganando terreno, empresarios y gobiernos tendrán que prepararse para escenarios menos previsibles —desde ajustes en las cadenas de suministro hasta estrategias de diversificación comercial.

En un mundo cada vez más interconectado, los acuerdos como el T-MEC no son meras líneas en un papel, sino los cimientos de políticas económicas de largo plazo. Es por ello que, aunque hoy la ira y las declaraciones polarizadas ocupen titulares, las negociaciones y la diplomacia seguirán siendo el terreno donde se jugará el futuro del comercio en Norteamérica.