México prohíbe shows con animales marinos y libera 350 delfines

En un movimiento que quedará grabado en la historia del país, México ha dado un giro trascendental en su legislación para proteger a los mamíferos marinos. Tras la aprobación unánime de una reforma a la Ley General de Vida Silvestre —popularmente conocida como Ley Mincho— el Congreso de la Unión selló el fin de los espectáculos con delfines, orcas, lobos marinos y otras especies en cautiverio. Este cambio normativo no sólo prohíbe su explotación en shows y actividades recreativas: marca el inicio de la liberación de más de 350 delfines que hasta ahora vivían encerrados en tanques de concreto o espacios reducidos para la diversión humana.

Durante décadas, los delfinarios fueron una imagen recurrente en destinos turísticos del país. Espectáculos con saltos, acrobacias y encuentros cercanos con visitantes eran considerados parte del entretenimiento familiar. Sin embargo, evidencia científica y experiencias de activistas han mostrado que la vida en cautiverio limita severamente el comportamiento natural de estos animales, impacta su bienestar y acorta sus expectativas de vida, pues en espacios artificiales los cetáceos no pueden reproducir sus complejas dinámicas sociales ni nadar distancias propias de su especie.

La reforma conocida como Ley Mincho —impulsada por organizaciones civiles preocupadas por el sufrimiento animal— fue aprobada con 415 votos a favor en la Cámara de Diputados y respaldada por el Senado en pasos previos del proceso legislativo. El nombre de la ley rememora la historia de un delfín que se volvió símbolo nacional de la indignación pública por las malas condiciones de cautiverio y el tratamiento forzado que recibían estos animales en espectáculos comerciales.

Más allá de la prohibición explícita de los shows, la ley establece que la reproducción en cautiverio solo será permitida con fines científicos o de conservación, y que los delfines existentes deben ser reubicados en ambientes que permitan mayor libertad, como corrales marinos o santuarios abiertos al intercambio natural del agua. Las instalaciones actuales tienen un plazo de transición —hasta 18 meses— para cumplir con estas disposiciones y presentar informes periódicos de avance en el proceso de reacomodo de los animales.

Este cambio tendrá un impacto directo en el sector turístico, donde las experiencias con delfines eran parte de la oferta habitual, especialmente en zonas de playa. Aunque algunos operadores expresan inquietudes por la transformación del negocio, activistas, científicos y turistas conscientes ven esta evolución como una oportunidad para construir nuevas formas de acercamiento respetuoso al mar y sus habitantes, desde el avistamiento responsable hasta programas educativos y de conservación marina.

Más allá del ámbito nacional, México se coloca como referente regional en protección animal y bienestar marino. Al desvanecerse los espectáculos con mamíferos marinos, se abre un camino para que la convivencia entre humanos y fauna marina se base en el respeto, la ciencia y la empatía. Para muchos ciudadanos y defensores de la vida silvestre, esta decisión representa no solo una reforma legal, sino una transformación cultural profunda: un país que elige poner fin a prácticas dañinas en favor de modelos más éticos y sostenibles.