Cuando la noche cae sobre la Ciudad de México, el Centro Histórico se prepara para encenderse como nunca antes. Más allá de un simple espectáculo luminoso, el proyecto de iluminación monumental que avanza rápidamente por sus calles y plazas redefine la manera en que se vive y se percibe este corazón urbano. Lo que fue pensado para acompañar la llegada del Mundial de Futbol 2026 se ha convertido en una mirada hacia el futuro: una ciudad que abraza su historia para proyectarse con orgullo hacia el mundo.
A lo largo de 57 kilómetros de arterias urbanas, se están instalando miles de luminarias con tecnología LED, integradas en un diseño que respeta y realza el patrimonio de uno de los centros históricos más densos del planeta. La intervención no es efímera ni ornamental: se trata de una apuesta permanente por la seguridad, la estética y la vivencia ciudadana de sus habitantes y visitantes.
Caminando por el trazado de 134 calles y siete plazas renovadas, peatones y turistas comienzan a experimentar una lectura distinta del espacio urbano. No se trata solo de visibilidad: es la invitación a descubrir los relieves, cornisas y detalles arquitectónicos que, bajo una iluminación artística, revelan historias que durante el día pasan inadvertidas.

Entre los edificios que se iluminan con especial cuidado se encuentran 15 inmuebles emblemáticos, desde museos y templos hasta palacios civiles, que suman más de 73 mil metros cuadrados de fachadas iluminadas. Estas luces no solo resaltan la belleza histórica sino que también narran siglos de memoria urbana, imponiendo un ritmo distinto a las noches en el Centro Histórico.
La intención de esta transformación urbana va más allá de la celebración de un evento global. Para las autoridades capitalinas, la iluminación monumental es una pieza clave en una estrategia integrada de recuperación del espacio público, que contempla desde la movilidad, la seguridad y la cultura hasta la revitalización económica local. Este resplandor no está aquí solo para una temporada: viene para quedarse.
En el fondo, se trata de reescribir la relación entre la ciudad y quien la camina. Las luces convierten cada esquina en un punto de encuentro entre pasado y presente, invitando a redescubrir lugares que han sido testigos de la historia nacional. Cuando el Centro Histórico se ilumina por completo, ya no es solo el centro de la Ciudad de México; es una galería viviente que late al ritmo de sus habitantes y de quienes llegarán en 2026 para ser testigos de un acontecimiento que une al mundo.

