México vive un cambio silencioso y profundo. El país ha experimentado —por primera vez en su historia moderna— un auge notable de la clase media, un segmento social que ahora conforma una proporción sin precedentes de la población mexicana. Este fenómeno no es un espejismo estadístico: es el reflejo de transformaciones económicas y sociales que moldean una nueva realidad colectiva.
Durante décadas, México confrontó la persistencia de amplios sectores de pobreza, estructuras económicas que favorecían la informalidad laboral y barreras de acceso a servicios básicos. Sin embargo, en los últimos años, un conjunto de condiciones —desde políticas públicas enfocadas en el bienestar hasta dinámicas de mercado que fortalecen el empleo formal— han convergido para robustecer el poder adquisitivo de amplios sectores de la población. Hoy, por primera vez, el porcentaje de personas que forman parte de la clase media supera al de quienes se encuentran en situación de pobreza, marcando un antes y un después en la historia social del país.
Este hito no se alcanza de un día para otro. Se construye mediante años de esfuerzos sostenidos en diversos frentes: el acceso a mejores oportunidades laborales, incrementos en los ingresos, educación más accesible y un ecosistema urbano y rural más dinámico. Familias que antes vivían al día con una estrechez económica ahora reportan mayores capacidades para cubrir necesidades, aspirar a vivienda digna, educación y consumo duradero. Este movimiento, aunque discutido en algunos espacios por sus criterios metodológicos, abre una conversación más amplia sobre el México del mañana.
Más allá de las cifras, la expansión de la clase media tiene efectos palpables en la vida cotidiana. Se traduce en la mayor participación en el mercado de bienes y servicios, una demanda creciente de calidad educativa y de salud, y una mayor incidencia en la vida cívica y política del país. Una clase media sólida sostiene sociedades más resilientes, menos vulnerables a choques económicos y más capaces de invertir en el futuro de sus generaciones.
Según los datos presentados en la conferencia la “Mañanera del Pueblo” de la presidenta Claudia Sheinbaum, la pobreza por ingresos en México se redujo del 35.5% de la población en 2018 al 21.7% en 2024, una disminución de 13.6 puntos porcentuales.
El vocero de la presidencia dijo que alrededor de 12 millones de mexicanos pasaron a formar parte de la clase media durante este periodo, “estas cifras coinciden con las mediciones nacionales del Inegi, que reportan una reducción de la pobreza de 41.9% en 2018 a 29% en su última medición”.

“Como resultado de la política social de la 4T, México es el país de América Latina donde más creció la clase media, aumentó 12.4% y bajó la pobreza 13.6%”, dijo.
Jesús Ramírez destacó que, “por primera vez en la historia de México, el porcentaje de personas en clase media es mayor al de la población en pobreza”.
No obstante, el crecimiento de este segmento también plantea retos. Con una mayor porción de la población accediendo a nuevos niveles de consumo y expectativa social, se intensifica la exigencia de políticas que acompañen ese crecimiento con infraestructura, oportunidades de empleo de calidad y servicios públicos eficaces. La historia de la clase media mexicana apenas inicia, y su consolidación dependerá tanto de las decisiones gubernamentales como de la innovación y la participación activa de la sociedad.
En síntesis, el México actual vislumbra un paisaje social donde la clase media emerge con fuerza, reflejando un cambio estructural que no solo se traduce en números, sino en la dignidad de millones de familias. Es un fenómeno que invita a redibujar las narrativas sobre el país y a imaginar un futuro con mayores oportunidades para todos.

