Hay sonidos que no se explican: se sienten. El golpe seco de un arpa jarocha que abre el aire, la vibración de las tarimas cuando los pies zapatean, el murmullo colectivo que pronto se convierte en canto. Son ritmos que no pertenecen del todo a un lugar, sino a una memoria compartida. Este febrero de 2026, ese pulso que suele nacer frente al Golfo de México viajará tierra adentro para encontrarse con la Ciudad de México: el Carnaval de Veracruz llegará a la capital, trayendo consigo su música, su alegría y su manera luminosa de habitar la fiesta.
No se trata de una réplica ni de una postal congelada. Más bien, es un gesto vivo: el traslado de una tradición que siempre ha sido movimiento. El Carnaval veracruzano —con su mezcla de herencias africanas, indígenas y españolas— es, ante todo, una celebración del cuerpo en comunidad. Una coreografía colectiva donde lo festivo no es un exceso, sino una forma de estar juntos, de reconocerse, de respirar distinto por unos días.
La Ciudad de México, acostumbrada a absorber lenguajes y transformarlos, se convertirá en escenario de este encuentro. No como un escaparate, sino como un territorio que escucha. Comparsas, música en vivo, danzas tradicionales y expresiones del son jarocho desplegarán un paisaje sensorial que no depende de disfraces espectaculares ni de carrozas monumentales, sino de algo más sutil: el contagio del ritmo, la sonrisa compartida, el deseo espontáneo de moverse.

En Veracruz, el carnaval es una manera de abrir el año con ligereza. De recordarle al cuerpo que existe el gozo antes que la prisa. Que bailar no es escapar, sino quedarse, presente, en el instante. Traerlo a la capital no significa sacarlo de su raíz, sino extenderla. Permitir que sus gestos dialoguen con otras formas de habitar lo festivo: con el bullicio urbano, con los parques, con las calles que suelen ser tránsito y por unos días se vuelven pausa.
Habrá arpas, jaranas y leonas resonando entre edificios. Voces que entonan décimas antiguas en medio de una ciudad que suele hablar rápido. Zapateados que dibujan constelaciones sobre madera improvisada. Y también comida, aromas, colores que no buscan representar un lugar, sino activar una emoción: la de sentirse parte de algo más amplio que uno mismo.
¿Qué te espera en este pedacito del Carnaval de Veracruz en CDMX?
Latidos Jarochos no es solo un bazar, es una experiencia cultural completa. Habrá música y bailes tradicionales, talleres creativos para todas las edades, un mercadito de emprendedores con proyectos inspirados en Veracruz y una deliciosa zona de comida y bebidas donde no faltarán los sabores típicos del estado.
Uno de los espacios más llamativos será la Zona Mística, pensada para quienes buscan conectar con lo espiritual y las tradiciones ancestrales, además de actividades que celebran la identidad y el folclor jarocho desde una mirada contemporánea.
El evento se llevará a cabo en el famoso Huerto Roma Verde, ubicado en Jalapa 234, colonia Roma, del 12 al 15 de febrero en un horario de 10:30 a 19:00 horas, lo que lo convierte en un plan perfecto para ir antes o después de comer, o incluso pasar buena parte del día explorando cada rincón.
Si no puedes viajar al puerto este año, esta es la oportunidad perfecta para sentir el espíritu del Carnaval de Veracruz sin salir de la ciudad. Cuatro días bastarán para que la Roma lata al ritmo jarocho.
Lo que distingue al Carnaval de Veracruz no es solo su música o su historia —que atraviesa siglos y puertos—, sino su manera de borrar fronteras. No hay espectadores puros. Tarde o temprano, todos terminan dentro del círculo: siguiendo un coro, marcando un ritmo con las palmas, dejando que el cuerpo entienda antes que la cabeza. Esa lógica es la que llegará a la CDMX: una invitación sin solemnidad, sin protocolo, sin la necesidad de saber bailar para empezar a hacerlo.

