Cañada de la Virgen: El INAH recupera un pedazo de historia mexicana

Cañada de la Virgen: resguardo del pasado, compromiso con el futuro.

En un acto que resume la complejidad y el valor de nuestro patrimonio cultural, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha dado un paso trascendental en la protección de uno de los sitios prehispánicos más enigmáticos del Bajío: Cañada de la Virgen, en el municipio de San Miguel de Allende, Guanajuato. Esta reciente acción no sólo representa el cumplimiento de un mandato oficial, sino también una invitación a reflexionar sobre lo que significa proteger y reconstruir las historias enterradas bajo la tierra mexicana.

Desde septiembre de 2022, cuando este asentamiento prehispánico fue declarado Zona de Monumentos Arqueológicos por decreto presidencial, Cañada de la Virgen ha ganado reconocimiento no sólo por su impresionante arquitectura ceremonial, sino por su posición estratégica como un centro astronómico de observación y rituales —una ciudad cuidadosamente alineada con los astros que dominaban la vida cotidiana de sus habitantes hace más de mil años.

Pero la historia reciente de este lugar también ha sido un recordatorio de los desafíos que enfrenta el patrimonio cultural en México: la intersección entre propiedad privada y espacios arqueológicos. Hasta hace poco, una porción significativa de la zona era un predio privado que, por su ubicación dentro de los límites establecidos del sitio, presentaba riesgos potenciales para la investigación, conservación y gestión del área.


Un predio recuperado, un compromiso reafirmado

El 22 de enero de 2026, tras la publicación en el Diario Oficial de la Federación de un decreto de expropiación por causa de utilidad pública, el INAH tomó posesión formal de este predio. La decisión responde a la necesidad de fortalecer la investigación, protección, conservación, restauración y recuperación del patrimonio arqueológico que resguarda este asentamiento milenario.

Lejos de ser una simple formalidad legal, la recuperación de estas tierras inaugura mejores condiciones para que arqueólogos, investigadores y la propia comunidad accedan con orden y seguridad a un espacio que, durante siglos, fue testigo de prácticas rituales, organización social compleja y una profunda relación con los cielos. El proceso incluyó un recorrido técnico en el sitio en el que participó, incluso, la Guardia Nacional, con la finalidad de revisar condiciones en campo, delimitar acciones de señalización y establecer medidas de resguardo efectivas.

Este avance es, también, una acción tangible para garantizar el derecho de los pueblos y comunidades indígenas a conservar su patrimonio, tradiciones y lugares sagrados, como lo establece el artículo 2º de la Constitución. Lejos de ser un ejercicio burocrático, es un gesto de reconocimiento hacia las raíces culturales diversas que han tejido la identidad mexicana.


Un espacio vivo de aprendizaje

Cañada de la Virgen no es sólo piedra y tierra: sus estructuras —desde la Casa de los Trece Cielos hasta el jagüey conocido como Amanalli, pasando por plataformas, montículos y conjuntos habitacionales— relatan un tiempo en que la astronomía, la ingeniería y la vida ritual se entrelazaban. Aunque aún quedan áreas sin explorar, la recuperación del predio permite proyectar esfuerzos conjuntos para que futuras generaciones puedan conocer, aprender y emocionarse con los vestigios de una cultura que dominó complejas nociones del tiempo y el espacio.

Este acto de resguardo, además, invita a pensar en la arqueología como una disciplina viva: no confinada a los libros, sino activa en el presente, con implicaciones sociales, educativas y culturales profundas. Para México, país con una de las historias más ricas del continente americano, cada decisión como esta fortalece la narrativa colectiva de pertenencia, memoria y soberanía.