Metepec, una joya de puertas abiertas
Hay lugares que parecen detenidos en el tiempo y otros que se reinventan a cada paso. Metepec —ubicado en el Estado de México, a poco más de una hora de Ciudad de México— combina ambas cualidades: es un Pueblo Mágico pequeño en territorio, pero gigantesco en alma, cultura y tradiciones. Su superficie, menor que la de muchos municipios, no impide que aquí converjan historias prehispánicas, legados coloniales, arte popular y una gastronomía que sorprende a quienes lo visitan.
El nombre Metepec proviene del náhuatl metepētl, que significa “en el cerro de los magueyes”, y no es coincidencia que este elemento geográfico sea el corazón simbólico y espiritual del lugar. Este cerro no solo dio origen al nombre del pueblo, sino que también representa el vínculo profundo entre el pasado indígena y la vida cotidiana de sus habitantes.

El Cerro de los Magueyes: entre leyenda y santuario
Al elevar la mirada hacia las colinas que abrazan el centro de Metepec, es imposible no sentir la presencia del Cerro de los Magueyes. Más allá de ser un accidente geográfico, ha sido considerado un sitio mágico y sagrado desde tiempos prehispánicos. Las comunidades originarias que poblaron estas tierras realizaban ceremonias y rituales en sus elevaciones, y vestigios arqueológicos confirman su uso ritual y social a lo largo de los siglos.
Hoy gran parte del cerro está protegido como Área Natural Protegida, y subir a sus senderos es una invitación a respirar historia viva. Desde la cima se contempla una panorámica que abarca el valle y se percibe el latido cultural de este Pueblo Mágico.

Tradición artesanal y arquitectura con historia
Lo que Metepec no puede esconder es la pasión de sus manos artesanas. Desde el centro, los talleres de barro y las casas de artesanos dan la bienvenida con piezas únicas: los famosos Árboles de la Vida, figuras decorativas que cuentan relatos, leyendas y tradiciones mexicanas, reconocidas incluso más allá de nuestras fronteras.
Caminar por sus calles empedradas es como hojear un libro abierto de historia y arquitectura. La Parroquia y Ex Convento de San Juan Bautista, construidos en el siglo XVI, presiden la plaza central con su fachada característica, mientras que la Iglesia del Calvario añade un matiz neoclásico a la paleta visual del pueblo.

Sabores que cuentan historias
La visita a Metepec no estaría completa sin saborear su esencia culinaria. Desde los antojitos tradicionales hasta propuestas locales como las quesadillas fritas y la garañona —una bebida tradicional— cada rincón del paladar invita a quedarse un rato más.
Un destino para recorrer en un día… y recordar por siempre
Gracias a su tamaño compacto, Metepec es ideal para un paseo de fin de semana o una escapada de un día: explorar exposiciones en la Casa de Cultura, conocer el Museo del Barro, recorrer barrios históricos y subir hasta el Cerro de los Magueyes para ver la puesta de sol. Cada paso es un descubrimiento, una historia y un motivo para regresar.

