Entre los senderos y edificios que moldean la memoria de Ciudad Universitaria existe un secreto que muchos visitantes pasan por alto: un cine donde las luces bajan, el proyector cobra vida y el público se reúne sin costo alguno para experimentar el cine como un acto cultural y comunitario. La Sala Manuel González Casanova no está en las guías turísticas convencionales, pero su programación semanal gratuita es un tesoro para cinéfilos, estudiantes y público general.
Este espacio se encuentra en el corazón de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC) de la UNAM, una institución nacida de la pasión por el séptimo arte y la formación de audiencias críticas. En la vasta Ciudad Universitaria —marcada por iconos como la Biblioteca Central y el Estadio Olímpico— esta sala se convierte en un punto de encuentro donde convergen la tecnología, la historia del cine y la reflexión.
Lo que hace especial a esta sala no es solo su audacia técnica sino también su espíritu abierto: cada semana se programan ciclos de películas que van desde cortometrajes y documentales hasta clásicos del cine internacional, cuidadosamente seleccionados para invitar al diálogo. Al concluir muchas funciones, académicos y público sostienen charlas que transforman la proyección en una experiencia colectiva de intercambio y descubrimiento.

La experiencia más allá de la pantalla
Entrar a la Sala Manuel González Casanova es dejarse envolver por un ambiente donde se respira cine. Con capacidad para más de cien personas y un sistema de sonido envolvente —incluido audio de alta fidelidad como Dolby Atmos— la sala ofrece una calidad cinematográfica que sorprende incluso a quienes están habituados a salas comerciales. Además, su pantalla permite proyecciones en alta resolución, formatos clásicos como el de 35 mm e incluso proyecciones en 3D, lo que multiplica el valor de cada función gratuita.
Este cine oculto no solo satisface al espectador casual, sino que se integra a la vida académica de la ENAC. Los estudiantes proyectan sus trabajos, reciben retroalimentación y aprenden a dialogar con audiencias reales, formando parte de un proceso de aprendizaje que va más allá del aula.
Un legado que vibra
La sala lleva el nombre de Manuel González Casanova, figura clave en la historia del cine en México. Fue él quien promovió los primeros cineclubes en el país y fundó la Filmoteca de la UNAM, una de las instituciones más importantes en la preservación, restauración y difusión del patrimonio cinematográfico mexicano. Su trabajo no solo transformó la manera en que se conserva la memoria fílmica del país, sino que también impulsó la enseñanza del cine como arte y herramienta de expresión.
Cultura para compartir
Más allá de sus proyecciones, la Sala Manuel González Casanova es un espacio vivo de cultura, donde se celebran ciclos de cine nacional e internacional, muestras estudiantiles, coloquios de imagen y sonido, y presentaciones que conectan la teoría con la experiencia directa. Lo que empezó como un sueño universitario ha florecido en un foro donde el cine se comparte, se discute y se vive.
Para quienes buscan un lugar donde la cultura y la comunidad se encuentren sin barreras económicas, este cine oculto en Ciudad Universitaria es una parada obligada. Más que una sala de proyección, es un punto de convergencia entre generaciones y miradas, un recuerdo necesario de que el cine, en su forma más esencial, sigue siendo un puente para la imaginación y el entendimiento colectivo.

¿Dónde está la Sala Manuel González Casanova?
La sala se encuentra dentro de las instalaciones de la ENAC, en Ciudad Universitaria:
- Dirección: Mario de la Cueva s/n, alcaldía Coyoacán
- Cerca de: Tienda Puma y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
- Cómo llegar: Metro Universidad (Línea 3) y caminar unos 10 minutos
- Horario general: 9:00 a 18:00 horas
Para conocer la programación semanal, basta seguir las redes oficiales de la ENAC, donde publican sus funciones abiertas al público.
El cine oculto de Ciudad Universitaria es una invitación a mirar distinto la UNAM, no solo como una universidad, sino como una ciudad cultural donde siempre hay una sala esperando a que se apaguen las luces.

