En el valle amplio y tibio de Apan, Hidalgo, se yergue la Hacienda Zotoluca, una joya arquitectónica que parece más un castillo que una casona rural. Sus muros de adobe y cantera hablan de un México que floreció en el siglo XVI y que, contra viento y marea —o contra saqueos y abandono— ha llegado a nuestros días como testigo vivo de la historia. Su estampa, entre montañas volcánicas, la convierte en una postal inconfundible del altiplano mexicano y en un destino que exige ser visto con curiosidad profunda y ojos despiertos.
La historia de Zotoluca se remonta a 1570, cuando fue mandada a construir por órdenes del virrey Don Luis de Velasco y Ruíz de Alarcón, como parte de la vasta red de haciendas que impulsaron la economía del virreinato. Su ubicación no fue casual: cercanía con rutas comerciales, tierras fértiles y un paisaje que invitaba al cultivo hicieron de esta hacienda un centro importante de producción pulquera, una bebida fermentada con gran valor cultural y económico en la Nueva España.
Con el paso de los siglos, Zotoluca vivió distintos ciclos de bonanza y transformación. Durante la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, sus grandes tinacales y sus campos de maguey eran emblemas de una región que producía para las grandes ciudades. Pero al estallar la Revolución Mexicana, la hacienda no escapó al destino de muchos latifundios: fue saqueada, dañada y abandonada, quedando como fragmento mudo de un pasado intenso.

Lo que siguió fue un silencio prolongado de décadas, hasta que en 2015 la propiedad fue adquirida por un grupo de inversionistas liderados por Julio Uribe Curn, quienes emprendieron una restauración monumental. El objetivo no fue solo reconstruir paredes, sino recuperar la esencia de un lugar que habla de México, de su ruralidad, de su arquitectura y de sus historias entrelazadas.
El resultado actual mezcla lo mejor del pasado con la comodidad contemporánea: la hacienda luce dos fachadas —una colonial y otra con toques neogóticos— y ofrece experiencias de lujo, desde hospedaje en sus habitaciones con vista a los volcanes, hasta actividades que conectan con la vida del campo, como paseos a caballo o degustaciones de pulque en escenarios que parecen salidos de un sueño lento.
Pero más allá del alojamiento, Zotoluca es símbolo de resiliencia cultural: un castillo mexicano que sobrevivió al despojo revolucionario y al abandono para resurgir como espacio de memoria y celebración. Sus muros invitan a conversar con la historia, a dejarse llevar por la belleza sobria de sus patios y a entender que más allá de las crónicas oficiales de México, hay historias de reconstrucción que merecen ser contadas y vividas.
Hospedaje en la Hacienda Zotoluca y otras experiencias en este castillo mexicano
El majestuoso complejo cuenta con 25 habitaciones que ofrecen un hospedaje de lujo, las cuales se engalanan con una preciosa vista a los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.
El costo por noche es de $5,925 en las recámaras tradicionales, aunque también hay una habitación especial donde dormían los propietarios de la casa. La noche en este espacio cuesta $10,000.
Además, podrás unirte a otras actividades como paseos a caballo, vuelos en globo aerostático, degustación de pulque y mucho más. Estas amenidades tienen un costo adicional.
Hacienda Zotoluca también renta sus espacios para eventos sociales, como eventos corporativos y aniversarios. La lista incluye bodas, las cuales se celebran con decoración de ensueño y atención personalizada; si estás planeando dar el siguiente paso con tu pareja y quieres lucirte, seguro esta es una gran opción para considerar.
Si tienes oportunidad de visitar esta hacienda, al menos una vez, no la desaproveches. Será un viaje en el tiempo y una experiencia digna de la monarquía.

