Suprema Corte de E.U. anula los aranceles de Trump: ¿Qué significa para México?

El contexto completo: de la guerra comercial al fallo histórico.

Durante 2025, la política económica estadounidense se transformó en una ofensiva arancelaria global. El presidente Donald Trump decretó gravámenes generalizados contra socios comerciales —incluidos México y Canadá— con el argumento de frenar migración, narcotráfico y déficits comerciales.

Las tarifas podían alcanzar 25 % para exportaciones mexicanas y canadienses, además de gravámenes adicionales a China.

Para justificar esa estrategia, la Casa Blanca recurrió a la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), diseñada originalmente para crisis extraordinarias.

Sin embargo, empresas, estados y compañías afectadas presentaron demandas, y tribunales inferiores fallaron en su contra, al considerar que el Ejecutivo había excedido su autoridad.

El caso llegó finalmente al máximo tribunal estadounidense, que este 20 de febrero de 2026 emitió una sentencia histórica.


El fallo: límite constitucional al poder presidencial

La Corte Suprema resolvió por 6 votos contra 3 que el presidente no puede imponer aranceles globales bajo esa ley de emergencia.

La decisión estableció que la Constitución otorga al Congreso —no al Ejecutivo— la facultad de fijar impuestos y tarifas comerciales.

El tribunal concluyó además que la ley invocada no autoriza al presidente a imponer aranceles y que Trump había intentado ejercer un poder “extraordinario” sin base legal suficiente.

El fallo no es menor: detiene una de las piezas centrales de su política económica y marca un precedente sobre los límites del poder presidencial en materia comercial.


¿Se cancelan todos los aranceles?

No completamente. El fallo invalida los aranceles generalizados impuestos bajo la ley de emergencia, pero no elimina todas las tarifas existentes.

Trump ya anunció que buscará nuevas vías legales, incluyendo aplicar un arancel global temporal bajo otra ley comercial que permitiría tarifas por hasta 150 días.

Esto significa que la batalla comercial no ha terminado: simplemente cambió de terreno jurídico.


Lo que cambia para México

El impacto para México es complejo y ambivalente:

1) Alivio inmediato en sectores clave

Entre los gravámenes anulados se encuentran tarifas recíprocas de 25 % a 50 % sobre productos como autos, autopartes, acero, aluminio y energía.

Su eliminación reduce presión sobre exportadores mexicanos y cadenas industriales integradas.

2) Ventaja relativa en riesgo

Más del 80 % de las exportaciones mexicanas ya entraban a EE. UU. sin arancel gracias al T-MEC.

Paradójicamente, si Washington reduce tarifas para otros países, México podría perder parte de su ventaja competitiva frente a nuevos competidores globales.

3) Tarifas que siguen vigentes

Algunos gravámenes específicos —como los aplicados a metales o semiconductores bajo otras leyes— permanecen activos.


Un fallo con efectos globales

El dictamen no solo afecta a América del Norte. Expertos coinciden en que la decisión sacude el comercio internacional porque limita la capacidad de Estados Unidos para imponer tarifas unilaterales masivas, una herramienta que había redefinido la diplomacia económica reciente.

Además, deja en el aire el destino de unos 134 000 millones de dólares ya recaudados mediante esos aranceles.


México ante un nuevo tablero comercial

México llega a este momento en una posición paradójicamente sólida: a finales de 2025 se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos, superando a Canadá y China.

La decisión judicial puede reforzar esa posición si se traduce en mayor estabilidad comercial. Pero también podría abrir la puerta a una competencia más intensa si Washington flexibiliza su política arancelaria global.


Interpretación final

La sentencia no es solo un revés político para Trump; es un recordatorio institucional de que incluso las economías más poderosas operan bajo límites legales. Para México, el resultado no es una victoria absoluta ni una derrota: es una pausa estratégica.

En el ajedrez geoeconómico actual, la diferencia entre ventaja y desventaja no la determina un fallo judicial, sino la capacidad de reaccionar con inteligencia comercial.