Los túneles subterráneos de la Gran Pirámide de Cholula reabren al público

Hay monumentos que dominan el paisaje desde la superficie, y otros que guardan su historia bajo tierra. En Cholula, Puebla, ocurre algo singular: la pirámide más grande del mundo por volumen parece, a primera vista, un cerro cubierto de vegetación. Pero en su interior se esconde un laberinto arqueológico que ahora vuelve a abrirse a los visitantes.

Después de seis años de permanecer cerrados, los históricos túneles de la Gran Pirámide de Cholula han reabierto al público. El recorrido, que atraviesa aproximadamente 800 metros dentro de la estructura, vuelve a ser visitable a partir de marzo de 2026, tras un proceso de restauración y adecuación para mejorar la experiencia del visitante.

La reapertura marca el regreso de uno de los recorridos arqueológicos más fascinantes de México: caminar literalmente dentro de una pirámide milenaria.

Un viaje al interior de la pirámide más grande del mundo

La Gran Pirámide de Cholula —también conocida por su nombre náhuatl Tlachihualtepetl, “montaña hecha a mano”— es considerada la estructura piramidal más grande del planeta en volumen. Su base alcanza aproximadamente 450 metros por lado, superando incluso a las pirámides de Egipto en extensión.

A diferencia de otros sitios arqueológicos, la pirámide de Cholula no fue excavada por completo. Durante siglos permaneció cubierta por tierra y vegetación, lo que hizo que durante mucho tiempo pareciera simplemente una colina natural.

Fue hasta el siglo XX cuando arqueólogos comenzaron a explorar su interior, abriendo una compleja red de pasajes que revelaron diferentes etapas constructivas de la pirámide. Hoy se sabe que el monumento fue ampliado y transformado por distintas culturas mesoamericanas durante más de mil años, aproximadamente entre el 300 a.C. y el 900 d.C.

Un laberinto arqueológico bajo la tierra

Las excavaciones realizadas por arqueólogos generaron una extensa red subterránea que hoy suma cerca de ocho kilómetros de túneles dentro de la pirámide. De ese complejo sistema, solo una pequeña parte —unos 800 metros— está habilitada para visitas públicas.

Estos pasajes no fueron construidos por las civilizaciones antiguas para circular por ellos. En realidad, fueron excavados por especialistas para estudiar el interior del monumento y entender cómo fue creciendo a lo largo de los siglos. Gracias a esos trabajos se descubrieron muros, escalinatas, pisos ceremoniales, altares y murales que narran la vida ritual del antiguo centro ceremonial.

Entre las piezas más notables halladas dentro de la pirámide destacan murales como “Los Bebedores”, que muestra figuras humanas consumiendo pulque, y otras pinturas rituales que permiten imaginar la vida religiosa de la antigua Cholula.

Una experiencia renovada

Tras su cierre en 2020, el recorrido subterráneo fue intervenido para mejorar la seguridad y la experiencia de los visitantes. Los túneles ahora cuentan con nueva iluminación y recursos interactivos, lo que permite apreciar con mayor claridad las estructuras arqueológicas que permanecen dentro de la pirámide.

Caminar por estos pasajes tiene algo de viaje en el tiempo. El aire fresco, los muros de adobe milenario y los arcos de los túneles revelan capas de historia que normalmente permanecen ocultas bajo el suelo.

La experiencia es también una forma distinta de entender el tamaño real del monumento: desde el exterior parece una colina tranquila coronada por el Santuario de la Virgen de los Remedios, pero por dentro se despliega como un gigantesco archivo arqueológico.

Cholula: ciudad sagrada desde hace milenios

La importancia de Cholula en Mesoamérica fue enorme. Antes de la llegada de los españoles, esta ciudad era uno de los centros religiosos más importantes del altiplano, famosa por sus templos y por su intensa actividad ceremonial.

La pirámide fue ampliada varias veces, enterrando estructuras anteriores bajo nuevas capas de construcción, un proceso que explica por qué el monumento terminó adquiriendo dimensiones colosales.

Hoy el sitio arqueológico combina distintas épocas: vestigios prehispánicos, arquitectura colonial y un paisaje dominado por volcanes. En ese escenario, los túneles ofrecen una experiencia poco común: explorar no solo un monumento, sino sus diferentes etapas históricas escondidas bajo la tierra.

Con su reapertura, Cholula vuelve a revelar uno de sus secretos mejor guardados: un laberinto milenario que permite caminar por el interior de la historia.