¿Por qué nos gusta observar procesos aleatorios?

Foto de Mark Stebnicki

La fascinación por lo aleatorio

Hay veces que lo que apetece es desconectarse. La mente es una máquina de solucionar problemas, pero también necesita descanso.

La computadora también se toma su receso, y muestra un laberinto aleatorio y aparentemente infinito.

Es el entretenimiento perfecto que buscaba la mente. Corredores que terminan en callejones sin salida. La atípica aparición de una rata en el laberinto. Y, de vez en cuando, un orbe que pone el laberinto de cabeza.

Parecería un videojuego, pero no lo es. Es un protector de pantalla de los años 90s, y puede entretener incluso hoy. 

¿Y lo más curioso? Aunque seguramente ya hay muchos videojuegos basados en él, la gran ventaja es que no hay un control. No se trata de salir del laberinto, sino de observar lo que ocurre en él.

Procesos relajantes y estimulantes

¿Quién diría que la mente, que se empeña en controlar, se relajaría soltando el mando?

Pues es verdad, aunque sea a medias.

En la mayoría de las mentes, existe una dualidad:

  1. No le gusta el azar en la vida diaria. Salvo que le convenga. A todos les gustaría ganar la lotería. Pocas personas son capaces de reaccionar bien a un mal imprevisto.
  1. Pero, si la aleatoriedad existe dentro de un entorno controlado, la cosa cambia. El subir y bajar de las lámparas de lava. La danza de las llamas en una fogata. El vaivén de un péndulo. El rodar de la ruleta

¿Cuándo es divertido el azar?

Si el azar no es una amenaza, se convierte inmediatamente en una fuente de relajación, entretenimiento y hasta creatividad.

Piensa, por ejemplo, en la pareidolia.

Al observar estímulos visuales aleatorios, como una colección de puntos, o las líneas en el mármol, el cerebro, como buena máquina que es, busca encontrarle sentido. Y, muchas veces, lo encuentra.

Puede ver rostros en el mármol (como la Virgen del metro Hidalgo). Encuentra las papitas con formas divertidas. Ve espectros en la estática, y los escucha entre el ruido blanco.

Nada de esto es intencional (generalmente). Pero la mente se empeña en encontrar patrones, incluso donde no los hay. Y encontrarlos es una actividad relajante y creativa para la mente.

La pareidolia libera a la mente de la toma de decisiones, pero puede requerir de cierto esfuerzo creativo si los patrones no son tan obvios.

Observar las corrientes eléctricas de una lámpara de plasma, por dar un ejemplo, libera a la mente incluso del esfuerzo.

Puedes jugar con la lámpara, guiando sus filamentos con tu mano. Pero simplemente observar este sistema aleatorio (y bien contenido) es más que suficiente para despejarte por un buen rato.

Azar digital

La aplicación de este concepto está por todos lados en el mundo digital. Desde los compañeros de escritorio hasta los algoritmos y diseño de videos cortos, ambos utilizan bucles y aleatorización para ofrecer entretenimiento sin complicaciones.

Los compañeros de escritorio son exactamente a lo que suenan. Estos personajes virtuales aparecen en tu pantalla y comen, bailan, duermen, y te acompañan en tu trabajo.

Estas actividades son bucles de “jugabilidad” que entretienen y divierten, pero lo hacen desde una esquina de tu escritorio. Sus animaciones y sus sonidos también son repetidas siempre que no les pidas hacer algo más.

Y tienen muchos elementos de azar. Minijuegos en los que los resultados varían. Actividades que están totalmente fuera de tus manos. El ocasional sobresalto si los dejas sin ninguna actividad y se aburren.

 

Foto de Ruca Souza

Los videos, especialmente los videos cortos, también hacen un fuerte uso de la psicología del azar para enganchar a sus visitas.

Algunos forman bucles perfectos de modo tal que, una mente desconectada, puede incluso no notarlos.

Los algoritmos detrás del resultado de cada deslizado son también una gran máquina azarosa. Al menos, de cara al usuario. Siempre lo dejan con la curiosidad de, “¿Qué ocurrirá en el siguiente video? ¡Quizá debería verlo, solo me tomará un minuto!”

Confort en observar sin actuar

El estilo de vida moderno es muy acelerado. Hay que estudiar, trabajar, convivir, y hacerlo todo en un mismo día.

En este entorno, el entretenimiento que no exige mucho es lo que la mente pide. Y el entretenimiento que no exige nada es rey.

Tómate el tiempo de desconectarte de todo y mirar a la pared de vez en cuando.

¡Quién sabe, a lo mejor encontrarás algo interesante ahí!

Foto de Eva Bronzini