Aunque a muchas ya no será posible, estas son las pirámides de México que aún puedes subir

Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que subir a una pirámide en México era casi un ritual turístico. Escalar sus escalones de piedra, sentir el vértigo del ascenso y llegar a la cima para contemplar el horizonte era una experiencia tan común como inolvidable. Hoy, esa posibilidad se ha vuelto cada vez más escasa.

La razón no es caprichosa. Durante décadas, el constante flujo de visitantes comenzó a dejar huella en estas estructuras milenarias. El desgaste físico, los riesgos de accidentes y la necesidad urgente de conservación llevaron a las autoridades a restringir el acceso en muchos de los sitios más emblemáticos del país. Ejemplos como Teotihuacán o Chichén Itzá, donde antes miles de personas subían diariamente, hoy solo pueden admirarse desde abajo.

Sin embargo, en medio de esta nueva conciencia patrimonial, sobreviven algunos lugares donde el ascenso aún está permitido. No son muchos, y precisamente por eso se han vuelto especiales: ofrecen una experiencia más íntima, menos intervenida, más cercana a lo que pudo haber significado habitar estos espacios siglos atrás.

Subir una pirámide hoy no es solo una actividad física; es un privilegio cultural.


Pirámides en México que aún puedes subir

Cobá, Quintana Roo

En lo profundo de la selva maya, la pirámide de Nohoch Mul sigue siendo una de las pocas grandes estructuras que aún permiten el ascenso completo. Subirla es una experiencia física intensa, pero la vista desde la cima —un mar verde interminable— compensa cada escalón.

Ek Balam, Yucatán

Aquí la historia no solo se observa: se recorre. Su acrópolis puede escalarse y permite acercarse a relieves y esculturas que conservan una fuerza casi intacta. Es uno de los pocos sitios donde el contacto con la arquitectura sigue siendo directo.

Izamal, Yucatán

Kinich Kak Moo emerge entre casas amarillas y calles tranquilas. Su ascenso es amplio y abierto, y desde arriba el contraste entre lo prehispánico y lo colonial se vuelve evidente y armónico.

Tepozteco, Morelos

Más que una simple subida, es una peregrinación. Llegar a esta pirámide implica una caminata exigente por la montaña —entre 45 minutos y hora y media—, pero al alcanzar la cima, el valle de Tepoztlán se abre como una recompensa natural y espiritual. El acceso está permitido, aunque controlado en grupos pequeños.

Xochicalco, Morelos

Aquí el ascenso es parte del recorrido. Varias plataformas permiten elevarse gradualmente mientras se descubren templos, observatorios y relieves. No es una sola cima, sino una experiencia escalonada.

Monte Albán, Oaxaca

Aunque no se permite subir a todas sus estructuras, sí es posible recorrer plataformas elevadas que ofrecen una de las vistas más impresionantes del valle de Oaxaca. La sensación de altura sigue presente, aunque más horizontal que vertical.

Casos especiales: cuando subir es parcial (o simbólico)

Teotihuacán, Estado de México

Este es el caso más emblemático del cambio de paradigma. Durante años, subir la Pirámide del Sol era casi obligatorio. Hoy, eso ya no es posible: el acceso total está prohibido para proteger la estructura.

Sin embargo, existe una excepción importante: la Pirámide de la Luna permite actualmente subir solo hasta su primera plataforma. No es la cima, pero sí un punto elevado desde donde se puede contemplar la Calzada de los Muertos y entender la escala monumental de la ciudad.

Este acceso parcial refleja el nuevo equilibrio entre conservación y experiencia.

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Toniná

Sí, y no solo se puede subir… es de las experiencias más completas en México.

No es una pirámide aislada, sino una especie de “montaña artificial” escalonada. Puedes recorrer prácticamente toda la estructura hasta la cima, atravesando plataformas, templos y pasajes. De hecho, supera en altura a la Pirámide del Sol.

Palenque (acceso parcial)

Aquí hay matices importantes.

  • No puedes subir al Templo de las Inscripciones.
  • Pero sí hay estructuras menores y plataformas donde puedes elevarte parcialmente.

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Teopantecuanitlán

Sí permite recorrer estructuras elevadas y montículos, aunque no es una pirámide clásica escalable como las mayas.


La Organera-Xochipala

También permite caminar entre plataformas y estructuras, con cierta elevación.


Por qué estas experiencias importan más que nunca

Subir una pirámide es, en esencia, desafiar el tiempo. Cada escalón concentra siglos de historia, de rituales, de vida cotidiana. Estar en la cima no es solo una cuestión de vista, sino de perspectiva: entender que ese mismo punto fue habitado, observado y significado por otras civilizaciones.

Hoy, cuando la mayoría de estos espacios han sido protegidos del contacto directo, aquellos que aún permiten el ascenso ofrecen algo que va más allá del turismo: una forma de conexión.

Pero también implican una responsabilidad. La permanencia de estas experiencias depende del respeto con el que se vivan. Cada paso cuenta, literalmente.


El futuro del acceso: entre la conservación y la experiencia

El cierre progresivo de pirámides en México responde a una realidad inevitable: preservar estos monumentos exige limitar su uso. Sin embargo, también abre una conversación sobre cómo experimentar el patrimonio sin dañarlo.

Quizá en el futuro, subir una pirámide será una rareza absoluta. O quizá surgirán nuevas formas de interacción que equilibren conservación y experiencia. Por ahora, estos sitios representan un punto medio: una oportunidad que aún existe, pero que no está garantizada.

Y eso, precisamente, es lo que las hace tan especiales.