Artesanas de Naupan, Puebla, bordan jersey de la Selección Mexicana para el Mundial 2026.
La nueva camiseta de la Selección de fútbol de México no solo fue diseñada para acompañar al equipo rumbo al Mundial de 2026. También se convirtió en una pieza que honra el trabajo artesanal, la identidad mexicana y la historia textil de comunidades enteras que durante generaciones han bordado el país con paciencia y memoria.
Detrás de esta edición especial existe una colaboración que ha emocionado a aficionados y amantes del arte popular por igual. Más de 150 artesanas originarias de Naupan, en la Sierra Norte de Puebla, participaron en el bordado manual de los detalles que adornan cada playera. El proyecto reunió a la firma alemana Adidas con la empresa mexicana Someone Somewhere, que desde hace años trabaja con comunidades artesanales para impulsar el comercio justo y preservar técnicas tradicionales.
La propuesta fue bautizada como “The Mexican Wa(y)ve”, un concepto que juega con la idea de la ola mexicana y al mismo tiempo con el camino colectivo que existe detrás de cada prenda. No se trata de un uniforme producido en serie sin rostro ni historia. Cada pieza contiene una intervención única hecha a mano y una etiqueta con el nombre de la artesana que participó en ella.

Un jersey que tarda horas en cobrar vida
Mientras para muchos aficionados una playera representa pasión deportiva, para las artesanas involucradas simboliza algo más profundo: reconocimiento. Cada jersey requiere alrededor de ocho horas de bordado manual, un proceso meticuloso donde el hilo se convierte en un lenguaje visual que conecta tradición y contemporaneidad.
Los bordados evocan la riqueza gráfica de México y recuerdan que el futbol también puede convertirse en una plataforma cultural. Durante décadas, la indumentaria de la selección ha funcionado como un espejo de la identidad nacional. Los colores verde, blanco y rojo terminaron consolidándose como parte esencial de la imagen del equipo y del imaginario colectivo del país.
Ahora, esa identidad adquiere una dimensión distinta: ya no solo representa a los jugadores dentro de la cancha, sino también a las manos que históricamente han sostenido el arte textil mexicano.

El orgullo de ver la artesanía mexicana en el mundo
Uno de los aspectos más emotivos del proyecto es que varias de las artesanas involucradas pudieron observar cómo su trabajo trascendió las comunidades donde aprendieron a bordar desde niñas. Petra y Cata, dos de las participantes, incluso viajaron a Alemania para entregar una de las primeras piezas intervenidas que formará parte del archivo histórico de Adidas.
La colaboración también busca abrir una conversación sobre el valor del trabajo artesanal en México. En un contexto donde muchas técnicas tradicionales sobreviven gracias a pequeños talleres familiares, iniciativas como ésta permiten que el bordado deje de verse únicamente como un elemento decorativo y sea reconocido como patrimonio vivo.
Cada etiqueta incorporada en las playeras funciona además como una firma. Ahí aparece el nombre de la artesana, su comunidad de origen y un código QR que conecta con la historia detrás de la prenda. El mensaje es claro: detrás de cada puntada existe una persona, una historia y una tradición que merece ser vista.

Futbol, identidad y memoria colectiva
La Selección Mexicana ha tenido innumerables uniformes a lo largo de su historia, pero pocos habían logrado conectar de forma tan directa con las raíces culturales del país. Esta vez, el jersey no solo busca representar al Tri en la cancha, también quiere convertirse en una especie de homenaje portátil a la creatividad mexicana.
En tiempos donde muchas prendas deportivas se producen de manera industrial y anónima, esta colección propone lo contrario: devolverle humanidad al objeto. Convertir una playera en una pieza con memoria.
Y quizá ahí radica la razón por la que tantas personas se han sentido identificadas con ella. Porque más allá del futbol, el nuevo jersey recuerda algo esencial: México también se cuenta a través de los hilos, de las manos y de las historias que sobreviven en sus bordados.


