Planean recuperar el esplendor de Cuicuilco, Cerro de la Estrella y Mixcoac

La Ciudad de México está construida sobre capas de historia. Debajo de avenidas, colonias y edificios modernos sobreviven vestigios que narran el origen de antiguas civilizaciones que habitaron el Valle de México mucho antes de la llegada de los españoles. Ahora, tres de esos espacios emblemáticos están por entrar en una nueva etapa de restauración y recuperación patrimonial.

La Secretaría de Cultura federal y el Instituto Nacional de Antropología e Historia anunciaron un programa de inversión destinado a revitalizar las zonas arqueológicas de Cuicuilco, Cerro de la Estrella y Mixcoac, tres sitios fundamentales para comprender la historia prehispánica de la capital. La iniciativa contempla una inversión cercana a los 6.2 millones de pesos, enfocada en trabajos de conservación, rehabilitación y mejoramiento de infraestructura.

El objetivo no es únicamente preservar piedras antiguas o templos ceremoniales. El proyecto busca proteger la memoria histórica de la ciudad, mejorar la experiencia de quienes visitan estos lugares y garantizar que futuras generaciones puedan seguir encontrando en ellos un vínculo directo con el pasado mesoamericano.

El rescate de sitios que sobreviven entre la urbanización

Pocas ciudades del mundo tienen una relación tan compleja con sus ruinas arqueológicas como la Ciudad de México. Muchos de estos espacios quedaron rodeados por avenidas, unidades habitacionales y zonas industriales que, con el paso de las décadas, fueron desplazando visual y simbólicamente su relevancia histórica.

En el caso de Cuicuilco, su famosa pirámide circular permanece como uno de los vestigios más antiguos del Valle de México. La antigua ciudad floreció siglos antes de Teotihuacan y fue parcialmente destruida por la erupción del volcán Xitle, un acontecimiento que transformó para siempre el paisaje del sur de la cuenca.

Por otro lado, el Cerro de la Estrella, en Iztapalapa, resguarda uno de los sitios ceremoniales más importantes del México prehispánico. Ahí se realizaba la ceremonia del Fuego Nuevo, ritual que simbolizaba el renacimiento del tiempo y el inicio de un nuevo ciclo de 52 años para los pueblos mexicas.

Mientras tanto, la zona arqueológica de Mixcoac representa un fragmento silencioso de la antigua vida ceremonial y urbana que sobrevivió al crecimiento desmedido de la capital. Aunque menos conocida que otros sitios arqueológicos, conserva una enorme importancia histórica dentro del desarrollo prehispánico del centro del país.

Qué trabajos se realizarán

El programa contempla acciones específicas para cada sitio arqueológico, dependiendo de sus necesidades estructurales y de conservación.

Entre las obras planeadas destacan la restauración de estructuras dañadas, mantenimiento de senderos y áreas verdes, renovación de señalética, fortalecimiento de sistemas de protección y mejoras en accesibilidad para visitantes. También se busca habilitar mejores servicios básicos y reforzar las labores educativas y de divulgación cultural.

En el caso del Cerro de la Estrella, se realizarán labores de limpieza y conservación en el área del Templo del Fuego Nuevo, además de mejoras en la protección perimetral del sitio.

Especialistas del INAH explicaron que los trabajos se definieron tras diagnósticos técnicos enfocados tanto en la preservación arqueológica como en las condiciones de visita pública. La intención es que estos espacios no sólo sean conservados, sino también integrados de forma más activa a la vida cultural contemporánea de la ciudad.

Una ciudad moderna que todavía dialoga con su pasado

En una metrópoli donde el ritmo urbano suele borrar la memoria colectiva, proyectos como éste recuerdan que la historia de México sigue respirando debajo del concreto. Cada sendero restaurado, cada muro consolidado y cada espacio recuperado funciona como un puente entre la vida contemporánea y las civilizaciones que dieron origen a la identidad cultural del país.

La recuperación de Cuicuilco, Mixcoac y Cerro de la Estrella también representa una oportunidad para redescubrir espacios que muchas veces pasan desapercibidos incluso para quienes viven en la capital. Son lugares donde todavía puede sentirse la dimensión ritual, astronómica y simbólica que definió a las antiguas culturas mesoamericanas.

En tiempos donde las ciudades suelen mirar únicamente hacia el futuro, estas iniciativas recuerdan la importancia de conservar aquello que sigue contando quiénes fuimos y cómo comenzó la historia profunda de México.