Guía Roji vuelve a la CDMX con edición 2026 y revive la nostalgia

Hubo una época en la que viajar por la Ciudad de México implicaba desplegar un enorme mapa de papel sobre el volante, detenerse en una esquina para buscar una colonia desconocida o aprender a leer cuadrantes casi como si fueran coordenadas secretas. Mucho antes del GPS y de las aplicaciones de navegación, la ciudad se entendía a través de un objeto rojo que acompañó a taxistas, repartidores, familias y aventureros urbanos durante generaciones: la Guía Roji.

Ahora, después de más de una década sin nuevas publicaciones, el mítico atlas urbano regresa con una edición 2026 que funciona al mismo tiempo como herramienta de orientación y como cápsula histórica de una capital que nunca dejó de expandirse.

La nueva edición aparece en un momento curioso. Vivimos rodeados de mapas digitales, rutas en tiempo real y asistentes de voz que nos dicen exactamente cuándo girar. Y aun así, el regreso de la Guía Roji despertó algo profundamente emocional entre miles de capitalinos. Quizá porque representa una manera distinta de relacionarse con la ciudad: más lenta, más observadora y mucho más consciente de los trayectos.

El mapa que enseñó a millones a recorrer la ciudad

La historia de Guía Roji comenzó en 1928, cuando Joaquín Palacios Roji Lara, un sastre apasionado por la cartografía, decidió dibujar las calles de la capital caminándolas personalmente. En aquel entonces, la Ciudad de México todavía podía resumirse en un solo gran plano.

Con paciencia casi obsesiva, midió calles, trazó avenidas y organizó colonias para crear el primer mapa pensado específicamente para el público. El proyecto tuvo tanto éxito que terminó convirtiéndose en una de las publicaciones urbanas más emblemáticas del país.

Con el paso de las décadas, la guía evolucionó junto con la ciudad. Las primeras versiones mostraban una capital delimitada todavía por zonas como Tacubaya, San Ángel o Vallejo. Después llegaron los mapas del Metro, las nuevas vialidades, los ejes viales, segundos pisos y la interminable expansión hacia el Estado de México.

Hoy, aquello que alguna vez cupo en un solo plano necesita 220 mapas distintos para representar la complejidad de la metrópoli.

Mucho más que nostalgia

Aunque muchos recuerdan la Guía Roji como un símbolo noventero que viajaba en el asiento del copiloto, su nueva edición no apuesta únicamente por la nostalgia. También intenta demostrar que el papel todavía tiene un lugar en un mundo completamente digitalizado.

La edición 2026 incorpora información actualizada sobre la movilidad de la ciudad, incluyendo sistemas como el Cablebús, el Trolebús y el Tren Suburbano hacia el AIFA. Además, mezcla elementos tradicionales con herramientas digitales contemporáneas, como códigos QR para localizar calles y colonias desde el celular.

Más que competir con aplicaciones como Google Maps o Waze, la nueva Guía Roji parece presentarse como un complemento. Un respaldo físico frente a la dependencia absoluta de la batería, la señal o los datos móviles.

Y quizá ahí reside parte de su encanto actual: en recordarnos que todavía existe otra forma de mirar la ciudad.

Una ciudad imposible de terminar

Revisar una Guía Roji también implica observar cómo la capital cambió radicalmente en menos de un siglo. Las versiones antiguas muestran tranvías donde hoy hay avenidas saturadas, barrios que todavía parecían lejanos y límites urbanos que ahora resultan casi irreconocibles.

La edición de 1968, por ejemplo, ya anticipaba la llegada del Metro durante los Juegos Olímpicos. La de 2026, en cambio, retrata una ciudad atravesada por nuevos sistemas de transporte elevado y conexiones metropolitanas cada vez más extensas.

La propia existencia de esta nueva edición funciona como una especie de radiografía urbana. Una prueba tangible de que la Ciudad de México nunca deja de crecer, mutar y reinventarse.

El extraño placer de perderse

Quizá las generaciones más jóvenes nunca tuvieron que aprender a usar un índice cartográfico o buscar una calle mediante cuadrantes. Pero justamente por eso el regreso de Guía Roji despierta tanta curiosidad.

Porque representa una experiencia completamente distinta a seguir una línea azul en una pantalla.

Abrir uno de estos mapas obliga a observar el territorio completo, entender distancias reales y descubrir conexiones inesperadas entre colonias. Hay algo casi artesanal en esa forma de recorrer la ciudad.

En tiempos donde todo parece guiado automáticamente, la Guía Roji devuelve un pequeño gesto olvidado: el placer de orientarse por cuenta propia.

Y quizá por eso su regreso se siente tan simbólico. No solo vuelve un mapa. Vuelve también una manera distinta de habitar la ciudad.