Tortas Don Polo, la legendaria tortería que vio crecer a Memo Ochoa en la CDMX

En la Ciudad de México hay restaurantes que sobreviven al paso del tiempo porque hacen algo más que servir comida: custodian recuerdos. Son lugares donde una receta, una barra de café o una mesa de desayuno terminan volviéndose parte de la historia íntima de una colonia. Tortas Don Polo pertenece a esa estirpe. No es solo una tortería de tradición en la Benito Juárez, sino un sitio que ha quedado ligado a una de las figuras más reconocibles del futbol mexicano: Guillermo “Memo” Ochoa.

La historia ha llamado la atención porque, detrás de sus vitrinas y sus tortas calientes, se esconde una trama familiar y chilanga. Don Polo es el negocio fundado por la familia de Memo Ochoa y uno de esos espacios que el arquero ha mencionado como parte de su propia vida. Antes de convertirse en un símbolo de la portería mexicana, antes de las Copas del Mundo y de las tardes de gloria bajo los tres postes, hubo una infancia atravesada por este restaurante de barrio, por sus desayunos, su pan dulce y su carta de tortas generosas.

Una tortería con historia en la Del Valle

Tortas Don Polo nació en 1956, cuando Leopoldo Sánchez Preciado arrancó el negocio con una idea sencilla y una vocación muy chilanga: hacer de la torta un plato cotidiano, reconfortante y memorable. Con el tiempo, el proyecto dejó de ser un pequeño emprendimiento para convertirse en una institución de la zona sur de la ciudad, particularmente en la colonia Del Valle, donde varias generaciones han crecido con el ritual de desayunar o comer entre sus mesas.

Esa permanencia no es menor. En una ciudad donde los lugares cambian de giro, se mudan o desaparecen, Don Polo ha logrado mantenerse como un clásico de barrio. Su encanto está precisamente ahí: en la sensación de entrar a un sitio donde la cocina todavía conserva algo de tradición familiar, de servicio cercano y de recetas que no buscan reinventarse, sino seguir funcionando.

El vínculo con Memo Ochoa

La fama reciente de la tortería no se explica solo por su longevidad, sino por su cercanía con Memo Ochoa, quien ha contado en distintas ocasiones que el restaurante forma parte de su historia familiar. Don Polo fue, en ese sentido, uno de los lugares que acompañaron su crecimiento en la capital: un punto de reunión, de sobremesas y de antojos, pero también un escenario doméstico antes de la celebridad.

Ese detalle transforma la visita en algo más que una parada gastronómica. Ir a Don Polo es asomarse a un pedazo de la biografía cotidiana del arquero mexicano. No a la del ídolo de estadio, sino a la del niño y el adolescente que convivía con el negocio familiar, que conocía la cocina desde dentro y que, según se cuenta, incluso participó en el origen de una de las tortas más célebres del lugar.

La torta suiza y otras especialidades de la casa

Si hay un platillo que resume el mito de Don Polo, es la torta suiza. La anécdota que circula alrededor del restaurante cuenta que esta preparación, cargada de quesos y convertida hoy en una de las especialidades de la casa, nació a partir de un gusto del propio Memo Ochoa. Más allá del dato curioso, la historia sirve para entender cómo en este lugar la comida también se mezcla con la memoria familiar.

Pero Don Polo no vive de una sola torta. Su carta reúne ese repertorio que define a muchas torterías clásicas de la CDMX: combinaciones abundantes, desayunos completos, café, jugos, pan dulce y una oferta pensada para quedarse a la mesa con calma. La experiencia no gira únicamente en torno a pedir algo rápido para llevar, sino a disfrutar un restaurante que conserva el aire de los sitios donde la torta es apenas el inicio del menú.

Un clásico chilango que sigue vivo

Parte de la fascinación por Tortas Don Polo tiene que ver con eso: con su capacidad para seguir vigente sin desprenderse de su identidad. En una ciudad obsesionada con la novedad, este lugar recuerda que todavía hay valor en lo que permanece. En el restaurante de la familia de Memo Ochoa conviven la nostalgia de la CDMX, la cultura del desayuno de barrio y la tradición de las torterías que han alimentado a generaciones enteras.

Por eso, más allá de la curiosidad futbolera, Don Polo merece atención como un símbolo culinario de la ciudad. Es un sitio donde el futbol se cruza con la vida cotidiana, donde una figura pública se conecta con su origen más doméstico, y donde una torta puede contar tanto sobre la capital como una crónica de sus calles. En una metrópoli inmensa y cambiante, lugares así funcionan como una especie de archivo afectivo: se comen, se recuerdan y se heredan.

Dónde está Tortas Don Polo en CDMX

Actualmente, una de sus sucursales más conocidas está en Félix Cuevas 86, Tlacoquemécatl del Valle, Benito Juárez, y otra en Porfirio Díaz 534, Nochebuena. Ambas mantienen viva la historia de esta tortería emblemática que, además de formar parte del mapa gastronómico de la ciudad, quedó ligada para siempre al nombre de Memo Ochoa.