La relación entre México y Ecuador continúa atravesando uno de los momentos más tensos de su historia reciente. A más de dos años de la irrupción de fuerzas de seguridad ecuatorianas en la Embajada de México en Quito, el Gobierno mexicano mantiene una postura inamovible: no habrá un restablecimiento de las relaciones diplomáticas mientras Ecuador no reconozca oficialmente que vulneró la sede diplomática mexicana y el derecho internacional.
El episodio ocurrido en abril de 2024 provocó una condena internacional prácticamente inmediata. Policías ecuatorianos ingresaron por la fuerza a la representación diplomática mexicana para detener al ex vicepresidente Jorge Glas, quien había recibido asilo político horas antes. La operación rompió con uno de los principios más antiguos de las relaciones entre Estados: la inviolabilidad de las embajadas, protegida por la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.
Desde entonces, ambos países rompieron relaciones diplomáticas y el conflicto trascendió el plano bilateral para convertirse en un caso seguido por organismos internacionales y especialistas en derecho internacional, quienes consideran que el respeto a las sedes diplomáticas constituye uno de los pilares de la convivencia entre naciones.

La postura de México permanece sin cambios
Durante una conferencia reciente, la presidenta Claudia Sheinbaum reiteró que México no contempla reanudar el diálogo diplomático con Ecuador mientras no exista un reconocimiento explícito de que la incursión en la embajada constituyó una violación al derecho internacional.
La mandataria sostuvo que el tema no se limita a un desacuerdo político entre gobiernos, sino a la defensa de un principio fundamental de la diplomacia moderna. Desde la perspectiva mexicana, aceptar un restablecimiento de relaciones sin un reconocimiento previo significaría normalizar un precedente que podría poner en riesgo la seguridad de cualquier misión diplomática en el mundo.

¿Qué ocurrió en la embajada mexicana en Quito?
La crisis comenzó a finales de 2023 cuando Jorge Glas, ex vicepresidente ecuatoriano, ingresó a la embajada mexicana para solicitar protección diplomática.
Tras evaluar el caso, el Gobierno mexicano decidió otorgarle asilo político, argumentando que existían elementos para considerar que enfrentaba una situación de persecución política. Sin embargo, las autoridades ecuatorianas rechazaron esa decisión y, la noche del 5 de abril de 2024, ingresaron por la fuerza al inmueble diplomático para detenerlo.
Las imágenes del operativo dieron la vuelta al mundo. Personal diplomático mexicano denunció el uso de la fuerza dentro de la sede y el incidente fue ampliamente condenado por gobiernos, organismos internacionales y expertos en derecho internacional.
Un precedente poco común en la diplomacia internacional
Las embajadas representan una extensión de la soberanía del país que representan. Aunque permanecen físicamente dentro del territorio del Estado receptor, ninguna autoridad puede ingresar a ellas sin autorización del jefe de misión, una regla establecida por la Convención de Viena de 1961.
Por esa razón, la incursión en la embajada mexicana fue considerada un hecho extraordinario. Diversos países expresaron preocupación por el precedente que podría generar una acción de esta naturaleza, ya que el respeto a las representaciones diplomáticas constituye una garantía esencial para la cooperación internacional.
La relación bilateral permanece congelada
Aunque en meses recientes han surgido declaraciones desde Ecuador sobre la posibilidad de reconstruir la relación bilateral, el Gobierno mexicano sostiene que todavía no existen las condiciones necesarias para iniciar ese proceso.
La exigencia mexicana consiste en un reconocimiento formal de que la incursión constituyó una invasión a la embajada y una violación a las normas internacionales. Mientras ello no ocurra, la política exterior de México mantiene cerrada la posibilidad de restablecer relaciones diplomáticas con el país sudamericano.
Un conflicto que trasciende a ambos países
Más allá del diferendo entre México y Ecuador, el caso continúa siendo observado como una referencia sobre los límites del derecho internacional, el alcance del asilo diplomático y la protección de las misiones extranjeras.
La resolución de esta disputa no solo definirá el futuro de la relación entre ambas naciones, sino que también podría influir en la manera en que la comunidad internacional interpreta y defiende uno de los principios más importantes de la diplomacia contemporánea: la inviolabilidad de las embajadas.

