El Mundial dejó estadios llenos, pero una derrama económica mucho menor a la esperada

Durante varios años, la organización de la Copa del Mundo de 2026 fue presentada como una oportunidad extraordinaria para impulsar la economía mexicana, fortalecer el turismo internacional y generar una importante cadena de beneficios para hoteles, restaurantes, comercios y servicios. Las estimaciones hablaban de un evento capaz de mover decenas de miles de millones de pesos y consolidar a Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey como escaparates mundiales.

La realidad terminó siendo más compleja. Aunque el torneo reunió a millones de aficionados, registró estadios prácticamente llenos y proyectó la imagen de México hacia cientos de países, los resultados económicos quedaron muy por debajo de las expectativas iniciales. El balance final muestra una derrama considerable, pero insuficiente para alcanzar las cifras que distintos organismos habían anticipado meses antes.

Las previsiones eran mucho más optimistas

Antes del inicio del torneo, diferentes cámaras empresariales calcularon una derrama económica cercana a los 27 mil millones de pesos solamente para la Ciudad de México. Esa proyección se apoyaba en el flujo esperado de visitantes extranjeros, la ocupación hotelera y el incremento del consumo en sectores como restaurantes, transporte, entretenimiento y comercio.

Sin embargo, conforme avanzó el campeonato comenzaron a ajustarse las expectativas. Especialistas señalaron que el gasto promedio de muchos visitantes fue menor al previsto y que una parte importante de los aficionados optó por realizar estancias más cortas o concentrar su consumo en actividades ya planificadas, reduciendo el impacto en otros sectores de la economía.

¿Cuánto dinero dejó realmente el Mundial?

Los reportes posteriores al torneo estiman que el impacto económico nacional se ubicó entre 45 mil y 50 mil millones de pesos, una cifra relevante, aunque inferior a los escenarios más optimistas que circularon antes de la competencia.

En el caso de la Ciudad de México, la Canaco informó una derrama de 22 mil 678 millones de pesos, aproximadamente 4 mil 300 millones de pesos menos respecto de las proyecciones iniciales cercanas a los 27 mil millones. De acuerdo con el organismo, alrededor de un millón de turistas visitó la capital durante el torneo y el gasto promedio fue de 22 mil 500 pesos por persona en hospedaje, alimentos, bebidas, transporte y artesanías.

Los estadios estuvieron llenos, pero eso no garantiza una mayor derrama

Uno de los contrastes más llamativos del Mundial fue que el éxito deportivo y de asistencia no se tradujo automáticamente en un beneficio económico proporcional.

El torneo registró más de 6.2 millones de espectadores durante sus primeros 96 partidos, con una ocupación promedio de 99.7 por ciento y una asistencia media de 65 mil 204 personas por encuentro. En México, el Estadio Azteca agotó las entradas para sus cinco partidos mundialistas y volvió a convertirse en uno de los grandes símbolos del campeonato.

Sin embargo, una buena parte del ingreso generado por la competencia corresponde a derechos comerciales, patrocinios, hospitalidad y transmisión internacional, recursos que no permanecen necesariamente en las economías locales.

El negocio más grande sigue siendo para la FIFA

Diversos análisis coinciden en que el principal beneficiario económico del Mundial continúa siendo la FIFA, cuyos ingresos por derechos audiovisuales, patrocinios y acuerdos comerciales rondan los 13 mil millones de dólares durante el ciclo del torneo.

Mientras tanto, las ciudades sede enfrentan importantes gastos en seguridad, movilidad, infraestructura, servicios públicos y organización, por lo que el beneficio directo para sus economías suele ser considerablemente menor de lo que se imagina antes del evento.

Un legado que no se mide solamente en dinero

Reducir el Mundial únicamente a la derrama económica también sería simplificar un fenómeno mucho más amplio.

México volvió a demostrar su capacidad para organizar eventos deportivos de escala global, proyectó su patrimonio cultural frente a millones de espectadores y fortaleció su imagen como destino turístico internacional. Ese valor resulta difícil de cuantificar de inmediato y suele reflejarse a largo plazo mediante nuevas visitas, inversiones y posicionamiento internacional.

Al mismo tiempo, la experiencia deja una enseñanza importante: las grandes competencias deportivas no garantizan por sí mismas un crecimiento económico extraordinario. Su impacto depende de la forma en que cada ciudad logra convertir la atención mundial en oportunidades permanentes para su economía local.