Ojos como pozos, boca como cueva: la exposición de Lorena Ancona que transforma el Museo Anahuacalli.
Hay lugares donde el arte parece encontrar su destino natural. El Museo Anahuacalli, concebido por Diego Rivera como un santuario para el arte mesoamericano y la piedra volcánica del Valle de México, recibe una exposición que establece un diálogo íntimo con su arquitectura, su historia y el paisaje que lo rodea. Se trata de Ojos como pozos, boca como cueva, una propuesta de la artista mexicana Lorena Ancona que invita al visitante a mirar el territorio desde una perspectiva profundamente sensible.
Más que una muestra convencional, la exposición construye una experiencia inmersiva donde el cuerpo, la memoria y la tierra dejan de ser conceptos separados para convertirse en una misma materia. A través de instalaciones, esculturas, dibujos, textiles, cerámica y diversos materiales naturales, la artista propone un recorrido que explora las relaciones entre el paisaje y quienes lo habitan, revelando las huellas invisibles que permanecen en cada espacio.

Una conversación entre el paisaje y el cuerpo
El título Ojos como pozos, boca como cueva funciona como una metáfora del territorio. Los ojos evocan la profundidad de los pozos, lugares donde se guarda el agua y la memoria, mientras que la boca remite a la cueva, ese espacio ancestral asociado con el origen, el refugio y la transformación.
Desde esa idea, Lorena Ancona desarrolla una investigación artística donde la tierra deja de ser un escenario para convertirse en un organismo vivo. Sus piezas muestran cómo los paisajes conservan historias, cicatrices y rastros de quienes los han recorrido durante generaciones.
Cada obra establece relaciones entre la geología, el cuerpo humano, la memoria colectiva y los ciclos naturales, invitando a contemplar aquello que normalmente permanece oculto bajo la superficie.

El Anahuacalli como parte de la obra
Pocas sedes resultan tan apropiadas para esta exposición como el Museo Anahuacalli. El edificio, construido principalmente con piedra volcánica, fue concebido como un espacio donde el arte contemporáneo pudiera dialogar constantemente con las raíces culturales de México.
En esta ocasión, la arquitectura no funciona únicamente como contenedor, sino como un elemento activo de la experiencia. Los muros oscuros, la textura de la roca y la relación del museo con el paisaje volcánico amplifican el sentido de las obras, haciendo que el visitante sienta que recorre una extensión natural del territorio representado por la artista.
La muestra aprovecha esa conexión para construir un recorrido donde la piedra, la luz, las sombras y los materiales orgánicos parecen conversar entre sí.

Materiales que conservan memoria
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo de Lorena Ancona es su interés por emplear materiales vinculados directamente con los lugares que investiga. Tierra, barro, fibras vegetales, pigmentos naturales, cerámica y textiles aparecen como elementos cargados de significado, capaces de narrar historias sin necesidad de palabras.
Cada objeto parece conservar una memoria propia. Las superficies muestran marcas, grietas, acumulaciones y texturas que recuerdan los procesos geológicos y humanos que moldean un territorio a lo largo del tiempo.
En lugar de representar paisajes, la artista incorpora fragmentos del paisaje dentro de la propia obra, borrando los límites entre naturaleza, escultura e instalación.
Una reflexión sobre el tiempo profundo
La exposición también invita a pensar en una escala temporal distinta a la cotidiana. Frente al ritmo acelerado de la vida contemporánea, Ojos como pozos, boca como cueva propone detenerse para observar los procesos lentos que transforman la tierra durante siglos o incluso milenios.
Las piezas sugieren que la memoria no pertenece únicamente a las personas. También las montañas, las piedras, las cuevas y el suelo conservan historias, registrando el paso de comunidades enteras, cambios climáticos y transformaciones del paisaje.
Esta mirada convierte la visita en una experiencia contemplativa donde el espectador deja de ser un observador distante para convertirse en parte del territorio.

Una artista interesada en las relaciones entre territorio y memoria
A lo largo de su trayectoria, Lorena Ancona ha desarrollado proyectos que parten de la investigación de distintos paisajes, comunidades y procesos naturales. Su práctica artística combina disciplinas como la instalación, el dibujo, la fotografía, la escultura y el trabajo con materiales encontrados, construyendo obras que nacen del contacto directo con los lugares.
En esta exposición, esa metodología alcanza una nueva dimensión al dialogar con uno de los espacios culturales más emblemáticos de la Ciudad de México. El resultado es una muestra que no solo puede contemplarse, sino también sentirse a través del recorrido físico por las salas del museo.
Una visita para redescubrir el Anahuacalli
Quienes recorran Ojos como pozos, boca como cueva encontrarán una propuesta que trasciende la contemplación estética. Es una invitación a escuchar el lenguaje silencioso de la piedra, reconocer la memoria inscrita en los materiales y comprender que el paisaje también posee una historia que continúa escribiéndose.
La exposición reafirma al Museo Anahuacalli como uno de los espacios más estimulantes para el arte contemporáneo en México, donde las propuestas actuales encuentran nuevas lecturas al dialogar con el legado cultural y geológico del país. En ese encuentro entre arte, naturaleza, memoria y arquitectura, la obra de Lorena Ancona abre un territorio de reflexión que permanece mucho después de abandonar el museo.

Información para visitar la exposición
Ojos como pozos, boca como cueva, de Lorena Ancona, estará abierta al público del 20 de junio al 6 de septiembre de 2026 en el Museo Anahuacalli. La exposición puede visitarse de martes a domingo, de 11:00 a 17:30 horas.
Dirección: Museo 150, San Pablo Tepetlapa, Coyoacán, C.P. 04620, Ciudad de México.

