El Paso de Cortés cambiará de nombre y ahora honrará a los pueblos indígenas

El Paso de Cortés cambiará de nombre y será llamado Paso de los Pueblos Indígenas, anunció Claudia Sheinbaum durante una jornada de reforestación.

Hay lugares de México donde la historia parece estar escrita directamente sobre el paisaje. El camino que atraviesa la zona entre el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl es uno de ellos. Durante siglos, este paso ha sido una ruta de tránsito por las montañas del centro del país y, con el tiempo, quedó asociado a uno de los episodios más decisivos de la historia mexicana: la llegada de Hernán Cortés y sus tropas rumbo a Tenochtitlán.

Ahora, ese vínculo con la Conquista está a punto de cambiar de nombre. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que el llamado Paso de Cortés será rebautizado como Paso de los Pueblos Indígenas, una decisión planteada como un acto de reconocimiento hacia las comunidades y culturas que habitaron este territorio mucho antes de la llegada de los españoles.

El anuncio ocurrió el 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, durante una jornada nacional de reforestación realizada en esta región. La elección de la fecha no es menor: el nuevo nombre busca colocar en primer plano una memoria histórica que antecede por siglos al episodio que terminó dando nombre al lugar.

Un nombre que nació con la Conquista

El nombre Paso de Cortés está relacionado directamente con el recorrido que Hernán Cortés realizó durante la expedición que lo llevó hacia la capital mexica. La ruta se encuentra entre dos de los volcanes más emblemáticos del paisaje mexicano, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, y constituye uno de los escenarios naturales asociados a aquel momento histórico.

La denominación, sin embargo, cuenta solamente una parte de la historia. Los caminos por estas montañas existían mucho antes de 1519, cuando Cortés y sus hombres avanzaron hacia el territorio dominado por los mexicas.

Por eso, la propuesta de cambiar el nombre plantea una pregunta sencilla pero profunda: ¿quiénes deberían ocupar el lugar central en la memoria de un territorio?

La respuesta planteada por el nuevo nombre es clara. En lugar de conservar la referencia a uno de los protagonistas de la Conquista, se busca reconocer a los pueblos indígenas como parte fundamental del origen histórico y cultural de México.

De Paso de Cortés a Paso de los Pueblos Indígenas

La propuesta presentada por Sheinbaum consiste en llamar a este lugar Paso de los Pueblos Indígenas.

El cambio tiene una dimensión simbólica evidente. No se trata solamente de sustituir una palabra en un mapa, sino de modificar la manera en que se cuenta la historia de un sitio que durante generaciones ha estado relacionado con la expedición de Cortés.

Durante el anuncio, la presidenta planteó que el territorio debe dejar de llevar el nombre del conquistador porque por ese lugar habían transitado los pueblos mucho antes de la llegada de los españoles.

El nuevo nombre funciona así como una especie de corrección histórica. No pretende borrar la existencia de la Conquista ni eliminar a Cortés de los libros de historia. Lo que propone es cambiar el punto de referencia desde el cual se observa ese paisaje.

Una historia mucho más antigua que Cortés

La historia de México no comenzó con la llegada de los españoles. Parece una afirmación evidente, pero los nombres de calles, plazas, monumentos, avenidas y sitios históricos todavía cuentan con frecuencia la historia desde una perspectiva vinculada con la Conquista y el periodo colonial.

El caso del Paso de Cortés resulta particularmente significativo porque el propio paisaje ayuda a recordar que las montañas ya estaban ahí y eran conocidas mucho antes de 1519.

Las poblaciones indígenas desarrollaron durante siglos formas de desplazamiento, intercambio, conocimiento del territorio y relación con los volcanes. Para quienes habitaban estas regiones, aquellos caminos no eran el escenario de una expedición extranjera, sino parte de un territorio conocido y recorrido.

El cambio de nombre busca precisamente recuperar esa perspectiva y reconocer que la historia indígena no es un capítulo secundario de México, sino una de las raíces principales de su identidad.

La memoria también cambia de nombre

En los últimos años, México ha vivido una conversación cada vez más intensa alrededor de la manera en que se nombran determinados lugares y acontecimientos históricos.

Uno de los antecedentes más visibles ocurrió en la Ciudad de México, cuando durante el gobierno de Sheinbaum como jefa de Gobierno se impulsó el cambio de Árbol de la Noche Triste a Árbol de la Noche Victoriosa.

La modificación buscaba cambiar la perspectiva desde la cual se recordaba aquel episodio de 1520. El antiguo nombre hacía referencia a la derrota de las fuerzas de Cortés, mientras que la nueva denominación colocaba el énfasis en la victoria de los ejércitos mexicas.

El nuevo Paso de los Pueblos Indígenas continúa esa misma conversación sobre la memoria. La intención es mirar determinados acontecimientos desde una perspectiva que también considere a quienes estaban aquí antes de la llegada europea.

Un paisaje entre dos volcanes

Hay algo particularmente poderoso en que el cambio ocurra precisamente en este lugar.

El Popocatépetl y el Iztaccíhuatl forman una de las parejas naturales más reconocibles de México. Sus siluetas han alimentado leyendas, pinturas, fotografías, poemas y relatos durante generaciones.

Entre ambos se encuentra un paisaje que condensa buena parte de la memoria del centro de México. Montañas, caminos, pueblos originarios y volcanes forman un escenario que existía mucho antes de que la historia de la Conquista llegara a las páginas de los cronistas.

Por eso, el nuevo nombre también puede entenderse como una invitación a mirar el territorio desde una escala mucho más amplia. No solamente desde el momento en que llegó Cortés, sino desde todos los siglos que existieron antes de él.

El significado de recuperar los nombres

Los nombres de los lugares nunca son completamente neutrales. Pueden conservar una batalla, recordar a una persona, celebrar una victoria o mantener viva una determinada versión del pasado.

Cambiar un nombre significa, en cierta medida, decidir qué memoria queremos que permanezca visible.

En este caso, el Paso de los Pueblos Indígenas busca que esa memoria incluya de manera explícita a las comunidades que dieron forma al territorio antes de la Conquista.

La decisión también ocurre en un momento en que México continúa revalorando sus lenguas, tradiciones, conocimientos ancestrales y patrimonio indígena. Más que una cuestión administrativa, el cambio puede convertirse en una señal sobre la manera en que el país quiere relacionarse con su propia historia.

Un nuevo nombre para una historia que permanece

El cambio no modifica lo que ocurrió en las montañas del centro de México. Hernán Cortés pasó por esta región y su recorrido forma parte de la historia de la Conquista de México. Lo que cambia es la manera de nombrar el lugar donde ese episodio ocurrió.

Y quizá ahí está la parte más interesante de esta decisión.

Un camino puede conservar sus piedras, sus montañas y su paisaje durante siglos, mientras su nombre cambia para contar una historia diferente. En este caso, Paso de los Pueblos Indígenas busca recordar que antes de la Conquista ya existían pueblos, rutas, culturas y formas de entender el territorio.

Entre el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, uno de los nombres más ligados a la llegada de los españoles está a punto de desaparecer de los mapas para dar paso a otro mucho más amplio.

Un nombre que no pertenece a un solo hombre, sino a los pueblos que hicieron de estas tierras su hogar mucho antes de que la historia de México tomara el rumbo que conocemos.