La Cantona gana y ahora tendrá un nuevo acuerdo para proteger su patrimonio

El patrimonio de Cantona tendrá un nuevo aliado para su conservación.

Hay lugares donde la historia no necesita demasiadas explicaciones. Basta caminar entre sus antiguas construcciones para entender que estamos frente a algo que todavía tiene mucho que contar. Cantona, en Puebla, es uno de esos sitios. La antigua ciudad, cuyo desarrollo se extendió aproximadamente entre 600 a.C. y 1050 d.C., conserva las huellas de una sociedad que convirtió este paisaje en uno de los grandes centros urbanos del México antiguo.

Ahora, ese patrimonio tendrá un nuevo marco de protección. El Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH, y el Ayuntamiento de Tepeyahualco firmaron un convenio de colaboración destinado a impulsar proyectos de conservación, protección legal y difusión del legado cultural de la región. La firma ocurrió durante una jornada particularmente simbólica para Cantona, pues la zona arqueológica también recibió el trofeo que la acredita como ganadora de la Quiniela INAH 2026.

El acuerdo no parte de cero. De acuerdo con la responsable de la zona arqueológica, se trata de la formalización de un trabajo que ya se había construido durante años. La importancia del convenio está precisamente en convertir esa colaboración previa en un marco que permita darle continuidad a las acciones necesarias para cuidar el sitio y transmitirlo a las próximas generaciones.

Una ciudad antigua que todavía guarda muchas historias

Hablar de Cantona es hablar de una de las ciudades prehispánicas más singulares de México. Su arquitectura, su extensión y la manera en que sus espacios fueron organizados revelan una sociedad con una compleja vida urbana.

Entre sus vestigios destacan sus patios, calzadas, conjuntos arquitectónicos y numerosas canchas de juego de pelota, elementos que permiten imaginar la dimensión que alcanzó esta antigua ciudad. El sitio también estuvo relacionado con la explotación de obsidiana, un recurso fundamental para las sociedades mesoamericanas y una de las claves para comprender el desarrollo económico de la región.

La zona arqueológica se encuentra en el municipio de Tepeyahualco, Puebla, en una región donde el paisaje y los vestigios arqueológicos forman una misma escena. Ahí, las construcciones antiguas no aparecen aisladas del territorio, sino integradas a un entorno que ayuda a entender por qué esta ciudad pudo desarrollarse precisamente en este lugar.

Un convenio para cuidar el patrimonio

El nuevo acuerdo establece una base para desarrollar acciones de conservación, protección y difusión. También contempla aspectos relacionados con la protección legal del patrimonio, una tarea fundamental cuando se trata de preservar vestigios arqueológicos que pertenecen no solamente a una comunidad, sino a la memoria histórica de todo el país.

Para el patrimonio arqueológico, conservar no significa simplemente mantener las piedras en su sitio. Implica estudiar, documentar, restaurar cuando es necesario, proteger los espacios y generar las condiciones para que las personas puedan acercarse a ellos sin poner en riesgo aquello que se busca preservar.

Por eso, la colaboración entre instituciones puede resultar especialmente importante. Cantona forma parte de la historia de Tepeyahualco, pero también es un patrimonio que permite conocer una etapa fundamental de las civilizaciones que habitaron el territorio que hoy llamamos México.

Cantona también ganó la Quiniela INAH 2026

La noticia del convenio llegó acompañada de una celebración peculiar. Durante junio y julio de este año, el INAH organizó la Quiniela INAH 2026, una competencia virtual en la que participaron 48 zonas arqueológicas y museos en el contexto del Mundial de futbol. Cantona avanzó hasta la final y obtuvo 2 mil 863 votos, suficientes para quedarse con el triunfo.

El reconocimiento puede parecer anecdótico, pero tiene un detalle interesante: durante unas semanas, sitios arqueológicos y museos compitieron por llamar la atención del público desde un terreno completamente distinto al de las investigaciones académicas o la divulgación tradicional.

Y Cantona consiguió algo que cualquier sitio patrimonial necesita para mantenerse vigente: que la gente hable de ella.

El patrimonio también necesita nuevos públicos

La conservación de una zona arqueológica depende de especialistas, instituciones y recursos, pero también de algo menos tangible: el interés de las personas.

Cuando un sitio histórico consigue despertar curiosidad, deja de ser únicamente un lugar que aparece en los libros de historia. Se convierte en un destino, en una experiencia y, sobre todo, en una parte reconocible de la memoria colectiva.

Ese es uno de los aspectos interesantes del momento que vive Cantona. Por un lado, existe un esfuerzo institucional para fortalecer su protección y conservación. Por otro, una dinámica como la Quiniela INAH consiguió acercar el nombre del sitio a miles de personas mediante una competencia digital.

Ambas cosas pueden parecer distintas, pero apuntan hacia el mismo lugar: hacer que el patrimonio siga vivo en la conversación contemporánea.

Preservar para las generaciones que vienen

El valor de un sitio arqueológico no termina en lo que podemos observar actualmente. Cada muro, cada camino y cada estructura puede contener información capaz de modificar nuestra comprensión del pasado.

Por eso resulta importante que el nuevo convenio establezca condiciones para continuar con acciones de preservación y difusión. La protección del patrimonio requiere continuidad y una visión de largo plazo, especialmente en lugares donde todavía existen preguntas abiertas sobre la vida de quienes habitaron la antigua ciudad.

Cantona ha sobrevivido siglos de transformaciones. Ahora corresponde a nuestra generación decidir qué tan bien será capaz de conservarla.

La firma del convenio entre el INAH y Tepeyahualco representa precisamente eso: una apuesta por darle mayor certeza a la protección de un patrimonio que pertenece a Puebla, pero que también forma parte de la enorme memoria arqueológica de México.

Y quizá no haya mejor momento para hacerlo que después de que Cantona consiguiera algo tan sencillo y poderoso como ser elegida por el público. Primero ganó una votación; ahora suma un nuevo compromiso para cuidar aquello que la hizo merecedora de ser recordada.