Alexis Hernández Peña, el joven mexicano que conquistó Cannes con Delirio.
El cine mexicano independiente tiene una nueva historia para contar. Alexis Hernández Peña, egresado del Colegio de Ciencias y Humanidades Oriente de la UNAM, fue reconocido con el premio a Mejor Filme Latino/Hispano en el World Film Festival in Cannes por su cortometraje Delirio, una obra que se mueve entre el thriller psicológico, el drama y una inquietante pregunta sobre aquello que llamamos realidad.
El reconocimiento tiene un significado especial porque detrás de la película hay un realizador mexicano que comenzó a jugar con una cámara desde niño y que convirtió esa curiosidad temprana en una carrera dedicada a contar historias con temas sociales. Hoy, su trabajo ya ha encontrado espectadores y jurados fuera de México, con reconocimientos previos en países como India, Inglaterra, Grecia y Chile.
Delirio es, además, una película que no busca la comodidad. Su protagonista, Sofía, vive con un diagnóstico de esquizofrenia y la historia comienza a transformar sus reglas cuando ella deja su tratamiento. A partir de ese momento, la percepción se vuelve inestable y aquello que parece imposible comienza a convivir con lo cotidiano.

Una historia sobre lo que no siempre podemos ver
La premisa de Delirio parte de una pregunta sencilla, aunque perturbadora: ¿qué sucede cuando dejamos de confiar por completo en nuestra propia percepción?
La película sigue a Sofía, una joven cuya experiencia de la realidad comienza a modificarse después de abandonar su tratamiento. La historia utiliza esa transformación para acercarse a temas como la esquizofrenia, la ansiedad, la depresión y el estigma que todavía rodea a la salud mental.
Pero Alexis Hernández Peña no quiso construir únicamente una historia de suspenso. El cortometraje plantea también una mirada hacia la manera en que las personas suelen reaccionar frente a aquello que no entienden.
En ese territorio ambiguo, donde una experiencia puede parecer psicológica, paranormal o incluso producto de la imaginación, Delirio encuentra buena parte de su fuerza. La duda se convierte en parte de la historia, y el espectador queda obligado a preguntarse cuánto de lo que observa puede explicar racionalmente.

El recuerdo de Nayarit que terminó en la pantalla
Una de las semillas de Delirio se encuentra en un recuerdo de la infancia de Alexis Hernández Peña.
Durante su niñez, en la casa de sus abuelos en Nayarit, el cineasta vivió una experiencia que interpretó como paranormal. Aquella memoria permaneció con él y años después terminó mezclándose con su interés por la salud mental y las distintas formas en que una persona puede experimentar la realidad.
La combinación de ambas inquietudes dio forma al universo de Delirio. Lo personal se convirtió en materia cinematográfica, pero sin quedarse únicamente en la anécdota.
La película utiliza ese componente inexplicable para abrir una conversación sobre quienes viven experiencias que muchas veces son difíciles de comunicar y todavía más difíciles de comprender para quienes las observan desde fuera.
Del CCH Oriente a los festivales internacionales
La relación de Alexis con el cine comenzó mucho antes de recibir reconocimientos internacionales.
Cuando tenía apenas tres años, recibió una cámara análoga con la que empezó a experimentar con imágenes. Unos años después, a los seis, ya recreaba escenas de sus películas favoritas junto con sus hermanos.
Su primer cortometraje llegó a los 12 años y abordó el bullying. Aquella experiencia terminó de confirmar una vocación que con el tiempo tomaría una dirección muy clara: utilizar el cine para hablar de problemas sociales y experiencias humanas.
Después llegarían trabajos como Solicitud de amistad, relacionado con la violencia de género, y Atrapado en el limbo, centrado en las adicciones.
La trayectoria resulta reveladora porque muestra una constante: para Hernández Peña, el cine no parece ser solamente una cuestión de imágenes bonitas o entretenimiento. Es una herramienta para provocar preguntas.

Delirio, una película que ya cruzó fronteras
El reconocimiento obtenido en Cannes no llega de manera aislada.
Delirio ya había conseguido otros reconocimientos internacionales, entre ellos el premio a Mejor Estudiante de Cine en India, además de un Premio del Público en Inglaterra y menciones honoríficas en Grecia y Chile.
Actualmente, el cortometraje continúa su recorrido por circuitos internacionales y participa en el New York Lift Off Film Festival, ampliando la ruta de una producción mexicana independiente que comenzó con una historia profundamente personal.
Para un cineasta joven, cada festival representa una posibilidad de encontrar nuevos públicos, pero también una manera de demostrar que el cine independiente mexicano tiene capacidad para viajar.
Un cine que nace de las preguntas
Hay algo particularmente interesante en el camino de Alexis Hernández Peña: sus películas parecen surgir de preguntas que no tienen respuestas sencillas.
¿Qué ocurre con un adolescente cuando una adicción comienza a dominar su vida? ¿Cómo se experimenta la violencia desde quien la padece? ¿Qué sucede cuando una persona percibe una realidad que los demás no pueden ver?
Son preguntas distintas, pero comparten una misma inquietud: la necesidad de mirar al otro con mayor empatía.
En Delirio, esa preocupación adquiere una forma más oscura. El espectador entra en la mente de Sofía y, durante algunos momentos, la frontera entre lo real y lo imaginado comienza a desdibujarse.
La película no necesita resolver completamente ese misterio para resultar inquietante. Basta con colocar al público en un lugar incómodo y dejarlo ahí.
Representar a México desde el cine independiente
En años recientes, el cine mexicano ha demostrado que no toda historia que merece viajar por el mundo necesita surgir de una gran producción.
También existen realizadores que trabajan con recursos independientes, equipos pequeños y una enorme voluntad de contar historias.
Alexis Hernández Peña pertenece a esa generación de cineastas que está construyendo su propio camino, festival por festival, cortometraje por cortometraje.
Su reconocimiento en Cannes resulta significativo precisamente por eso. No se trata solamente de un premio para una película. Es también una señal de que existen jóvenes mexicanos explorando nuevas maneras de contar lo que sucede dentro de nuestras sociedades.
Y quizá ahí reside una de las mayores virtudes de Delirio: habla de una experiencia universal desde una mirada profundamente mexicana.
Un niño con una cámara que todavía sigue filmando
Hay una imagen que resume buena parte de esta historia: un niño tomando una cámara para grabar lo que sucede a su alrededor.
Años después, aquel juego infantil terminó convertido en una vocación, y esa vocación llevó a Alexis Hernández Peña hasta un reconocimiento internacional.
Entre aquel niño que recreaba películas con sus hermanos y el cineasta que hoy presenta Delirio en festivales de distintos países existe una misma voluntad: seguir mirando el mundo a través de una cámara.
El premio a Mejor Filme Latino/Hispano en el World Film Festival in Cannes es un nuevo capítulo de esa historia. Y si algo deja claro el recorrido de Delirio, es que el cine mexicano también puede nacer en espacios independientes, crecer desde las aulas y terminar encontrando su lugar frente a públicos que están a miles de kilómetros de distancia.
Alexis Hernández Peña todavía tiene mucho por filmar. Su historia apenas comienza a tomar forma y, por ahora, una de sus películas ya consiguió algo que todo cineasta persigue: hacer que una historia nacida en México encuentre eco al otro lado del mundo.

