Proponen permitir que perros, gatos y otros animales de compañía viajen en el transporte público de CDMX bajo reglas de seguridad, higiene y bienestar animal.
Hay escenas que podrían volverse parte de la rutina chilanga: una persona esperando el Metro con su perro a un lado, un gato viajando tranquilamente dentro de su transportadora o una familia subiendo al Cablebús acompañada de su animal de compañía. Todavía no es una realidad, pero una iniciativa presentada en el Congreso de la Ciudad de México busca hacer posible ese escenario.
La propuesta plantea reformar el artículo 80 de la Ley de Movilidad de la Ciudad de México para establecer que las personas usuarias puedan ingresar y trasladarse en el transporte público acompañadas de sus animales de compañía. La iniciativa fue presentada el 12 de agosto de 2026 por la diputada Rebeca Peralta León, del Partido Verde Ecologista de México, y actualmente se encuentra bajo análisis de las comisiones correspondientes.
La discusión resulta especialmente interesante porque hoy no existe una regla general y suficientemente clara que permita a cualquier persona viajar con su mascota en todos los sistemas de transporte capitalino. La iniciativa pretende llenar precisamente ese espacio y establecer condiciones que permitan el traslado de animales sin comprometer la seguridad, la higiene, el bienestar de los propios animales ni el funcionamiento del servicio.
Y sí, la idea contempla mucho más que el Metro.
Una propuesta para viajar con nuestros animales por la ciudad
El proyecto busca que las personas puedan viajar acompañadas de sus animales de compañía en distintos sistemas de transporte público de la capital, entre ellos Metro, Metrobús, Cablebús, RTP, transporte eléctrico y transporte concesionado.
La intención no es simplemente abrir las puertas y dejar que cada quien viaje como pueda. La propuesta señala que deberán existir condiciones específicas para el ingreso, permanencia y traslado de los animales, tomando en cuenta tanto el bienestar animal como la convivencia con el resto de las personas usuarias.
Ese punto será fundamental. Una ciudad con millones de viajes diarios necesita reglas claras para evitar que una buena idea termine convirtiéndose en una colección de problemas cotidianos. Transportadoras, correas, espacios adecuados, higiene y comportamiento de los animales podrían formar parte de las reglas que eventualmente se establezcan.
Por ahora, sin embargo, no existe todavía un nuevo derecho vigente para subir con cualquier mascota al transporte público. La iniciativa apenas comienza su recorrido legislativo.

¿Qué cambiaría con esta iniciativa?
El cambio principal sería pasar de una situación marcada por criterios dispersos e incertidumbre a un esquema respaldado por la Ley de Movilidad.
La propuesta busca incorporar expresamente el derecho de las personas usuarias a trasladarse junto con sus animales de compañía y establece que las condiciones para hacerlo no deberán utilizarse como una prohibición general de acceso. Al mismo tiempo, esas condiciones tendrían que garantizar la seguridad de las personas, la higiene, el bienestar animal y la operación adecuada del transporte.
En otras palabras, el debate no sería únicamente si los perros pueden subir al Metro. La verdadera discusión será cómo hacerlo de manera responsable.
Porque no es lo mismo viajar con un pequeño perro dentro de una transportadora que hacerlo con un animal de gran tamaño en un vagón lleno durante la hora pico. Tampoco es igual un trayecto corto que cruzar media ciudad. La regulación tendrá que encontrar un punto medio entre inclusión, convivencia y sentido práctico.
Metro, Metrobús, Cablebús y compañía
Uno de los aspectos que vuelve particularmente relevante la iniciativa es que no se limita a un solo sistema de transporte.
La propuesta contempla que las reglas puedan aplicarse en los diferentes servicios que conforman la red de movilidad capitalina. Eso significa que, si eventualmente prospera, podríamos estar hablando de una transformación mucho más amplia en la manera en que las personas se desplazan con sus animales.
Para quienes viven con perros o gatos, esto podría representar una diferencia importante. Una visita al veterinario, un traslado a otra zona de la ciudad, una mudanza o incluso una salida de fin de semana podrían hacerse sin depender necesariamente de un automóvil particular o de servicios de transporte privado.
En una ciudad donde trasladarse puede convertirse en una travesía de varias horas, permitir el acompañamiento de animales bajo reglas claras también puede ser una cuestión de accesibilidad y movilidad cotidiana.
Una ciudad donde las mascotas ya forman parte de la vida urbana
La propuesta llega en un momento en que la relación entre las personas y los animales de compañía ha cambiado considerablemente.
Perros y gatos ya no son únicamente animales que viven dentro de una casa. Para muchas familias son parte de la vida cotidiana, acompañan caminatas, vacaciones, visitas al veterinario, actividades recreativas y una larga lista de momentos que antes ocurrían exclusivamente dentro del hogar.
El propio planteamiento legislativo parte de una realidad demográfica: seis de cada diez hogares cuentan con un animal de compañía, de acuerdo con la información retomada alrededor de la iniciativa.
La Ciudad de México también ha avanzado durante los últimos años en el reconocimiento de los animales como seres sintientes y en la construcción de políticas relacionadas con su protección y bienestar. El Congreso capitalino ha impulsado diversas reformas en esta materia durante 2026, incluyendo medidas relacionadas con rescatistas, venta de animales y protección frente al maltrato.
En ese contexto, llevar la conversación al transporte público parece una consecuencia bastante natural.
No significa que mañana puedas subir con tu perro al Metro
Aquí está el pequeño gran detalle.
La iniciativa todavía no es una ley. Después de ser presentada, fue turnada a las Comisiones Unidas de Movilidad Sustentable y Seguridad y de Bienestar Animal para su análisis y dictaminación.
Eso significa que todavía falta conocer si será aprobada, qué modificaciones podría recibir y, sobre todo, cuáles serían las reglas concretas para viajar con animales.
Por ahora, no hay que entender la propuesta como un permiso inmediato, sino como el comienzo de una discusión legislativa que podría cambiar la relación entre las mascotas y el transporte capitalino.
Y quizá ahí está la parte más interesante.

El reto será aprender a compartir el viaje
Porque una cosa es imaginar un Metro lleno de perros felices y otra muy distinta organizar millones de viajes diarios con animales a bordo.
Habrá personas que amen a los animales y otras que tengan miedo de ellos. Habrá mascotas tranquilas y otras que se pongan nerviosas entre multitudes, ruido y movimiento. También habrá personas con alergias, niñas y niños, adultos mayores y usuarios que simplemente prefieran mantener cierta distancia.
Por eso, la clave no será solamente permitir el acceso, sino diseñar una convivencia razonable.
Una buena regulación podría convertir al transporte público en un espacio más incluyente sin perder de vista las necesidades de quienes utilizan el servicio todos los días. También podría impulsar una cultura de tenencia responsable, donde llevar a un animal a la ciudad implique hacerse cargo de su comportamiento, limpieza y seguridad.
¿Veremos pronto lomitos en el Metro?
Todavía es pronto para saberlo.
La propuesta apenas está recorriendo el camino legislativo y las comisiones deberán analizar sus alcances antes de decidir si avanza. Después vendrían las discusiones correspondientes y, en caso de aprobarse, la definición de las disposiciones necesarias para llevarla a la práctica.
Pero la conversación ya comenzó.
Y quizá dentro de algunos meses la imagen de una persona entrando al Metro con su perro perfectamente sujeto, limpio y tranquilo deje de parecer una rareza. La ciudad podría estar dando otro paso hacia una movilidad que tome en cuenta la vida real de quienes la habitan, incluyendo a esos compañeros de cuatro patas que desde hace tiempo forman parte de nuestras familias.

