Un gato azul por 2 mil pesos
Durante la pandemia, cuando las compras por internet se convirtieron en una de las pocas maneras de conseguir objetos sin salir de casa, Jesús Rodríguez entró a Facebook Marketplace buscando un regalo para su esposa, aficionada a los gatos.
Escribió simplemente “gatos” en el buscador y encontró una pequeña pintura de un felino azul sobre un fondo oscuro. El cuadro pertenecía a un hombre que estaba vendiendo los objetos que había heredado de su padre, fallecido durante la pandemia. Rodríguez no conocía la obra ni reparó inicialmente en la firma que aparecía en ella.
El trato se cerró por 2 mil pesos. Lo que parecía una compra curiosa cambió de rumbo cuando su esposa recibió el cuadro y reconoció el nombre de Leonora Carrington.
La pieza tenía un título: Chapeau chaud pour le ski, que puede traducirse como Sombrero cálido para esquiar, y estaba firmada por L. Carrington. A partir de ese momento comenzó una investigación que llevaría la pintura de una venta casual en internet al mercado internacional del arte.

Una obra que fue certificada
Rodríguez buscó verificar la autenticidad de la pieza y se puso en contacto con la Fundación Leonora Carrington, dirigida por Gabriel Weisz, hijo de la artista. Desde ahí fue canalizado hacia la Galería de Arte Mexicano, institución con una larga trayectoria en el estudio y comercialización del arte en México.
Después de tres semanas de análisis, la galería emitió una constancia en la que identificó el gouache como una obra original de Leonora Carrington, realizada en 1952.
La pintura pertenece a una serie de diseños de sombreros fantásticos que Carrington realizó en París para la Galería Pierre, donde su imaginación mezclaba animales, símbolos, moda y elementos de carácter mitológico.
El pequeño cuadro que había costado 2 mil pesos adquiría entonces otra dimensión.
De 2 mil pesos a millones
Con la certificación en mano, Rodríguez comenzó a buscar una casa de subastas que pudiera colocar la obra en el mercado. Morton Subastas llegó a ofrecerle primero 460 mil pesos y posteriormente 480 mil pesos, pero decidió no aceptar porque consideraba que el valor podía ser considerablemente mayor.
Después apareció Sotheby’s, una de las casas de subastas más importantes del mundo. La pintura fue considerada para una venta internacional y recibió una valuación de 180 mil dólares, alrededor de 3.15 millones de pesos según el cálculo publicado en ese momento.
Parecía que aquella compra accidental estaba a punto de convertirse en una de esas historias extraordinarias del mercado del arte. Pero entonces apareció el conflicto.

La venta que nunca ocurrió
Cuando la operación con Sotheby’s estaba avanzada, Rodríguez recibió la noticia de que la Fundación Leonora Carrington había señalado que la venta no estaba autorizada.
El propietario intentó entonces continuar por otras vías. Más adelante llevó la pieza a Subastas en México, donde fue valuada en 125 mil dólares, aproximadamente 2.18 millones de pesos. Incluso se firmó un contrato para su comercialización.
Sin embargo, nuevamente la operación se detuvo después de que la fundación cuestionara la autenticidad de la pintura.
Aquí comenzó la parte más extraña de la historia: una misma obra contaba con una constancia de autenticidad emitida por la Galería de Arte Mexicano, mientras que la Fundación Leonora Carrington sostenía que era falsa.
Una disputa que llegó a los tribunales
El conflicto terminó en los juzgados. Rodríguez presentó una demanda por daño moral por un millón de dólares, argumentando que las intervenciones que frenaron las ventas habían provocado importantes afectaciones económicas.
El caso está relacionado con el expediente 1896/2024, dentro de un juzgado civil de la Ciudad de México, y continúa sin una resolución definitiva que cierre la disputa sobre la obra.
La controversia plantea una pregunta particularmente incómoda para el mundo del arte: ¿quién tiene la última palabra sobre la autenticidad y comercialización de una obra cuando existen dictámenes contradictorios?
El valor de Leonora Carrington
La dimensión económica de esta historia resulta todavía más sorprendente cuando se observa el mercado actual de la artista. En mayo de 2024, su pintura Les Distractions de Dagobert, realizada en 1945, alcanzó 28.5 millones de dólares en una subasta, una cifra superior a los 500 millones de pesos.
Carrington se ha convertido así en una de las artistas latinoamericanas más cotizadas del mercado internacional. Sus criaturas fantásticas, paisajes oníricos y personajes híbridos han pasado de los círculos especializados a convertirse en piezas codiciadas por coleccionistas de todo el mundo.
Por eso resulta tan extraordinario pensar que una obra atribuida a ella pudo permanecer en circulación como un objeto cualquiera hasta aparecer entre muebles y pertenencias ofrecidos en Facebook Marketplace por 2 mil pesos.
Una historia todavía sin final
La pintura que comenzó como un regalo para una mujer que amaba los gatos terminó convertida en el centro de una batalla sobre autenticidad, propiedad, certificación y dinero.
Por ahora, el cuadro no se ha vendido por los millones que llegaron a plantearse en distintas valuaciones. Permanece atrapado en una disputa legal que todavía debe determinar qué ocurrió realmente con Chapeau chaud pour le ski.
Quizá esa sea la parte más surrealista de toda la historia: una obra relacionada con Leonora Carrington terminó viviendo una aventura que bien podría haber salido de uno de sus propios mundos fantásticos.

