El Yesal, en la Reserva de la Biosfera Balam Kú, revela un núcleo monumental de más de 1 km², pirámides de 27 metros y vestigios de una ciudad maya de 2,500 años.
La Reserva de la Biosfera Balam Kú, en Campeche, acaba de revelar una nueva pieza para comprender la dimensión de las antiguas ciudades mayas. Se trata de El Yesal, un asentamiento cuyo núcleo monumental ocupa más de un kilómetro cuadrado y cuyos orígenes pueden remontarse aproximadamente 2,500 años, entre los periodos Preclásico Medio y Tardío.
Aunque El Yesal ya era conocido por la arqueología, hasta ahora solamente había sido visitado durante breves periodos. Lo que cambia el panorama es la primera inspección arqueológica detallada realizada por el equipo encabezado por el arqueólogo Ivan Šprajc, del Centro de Investigaciones de la Academia Eslovena de Ciencias y Artes. El trabajo permitió reconocer la escala monumental del asentamiento y reunir nuevas evidencias sobre su historia.

Una ciudad que comenzó hace 2,500 años
Los primeros indicios sitúan los orígenes de El Yesal alrededor de 600 o 500 a.C., aunque el asentamiento continuó creciendo y transformándose durante siglos. Los sondeos arqueológicos recuperaron cerámica de las fases Chicanel y Mamom, elementos que apuntan hacia una ocupación temprana.
La ciudad tuvo además una importante etapa durante el Clásico Tardío, entre 600 y 900 d.C.. En ese periodo se construyeron extensas nivelaciones y edificios monumentales alrededor de plazas y patios, mientras algunos sectores periféricos aprovecharon elevaciones naturales para incorporar terraplenes y terrazas con posible función defensiva.

Una Gran Acrópolis de dimensiones monumentales
Uno de los espacios que mejor permite imaginar la escala de El Yesal es su Gran Acrópolis, localizada en el extremo sur del área nuclear. La plataforma tiene aproximadamente 150 metros por lado y se eleva 15 metros sobre el terreno natural.
Sobre ella fueron construidos cuatro basamentos piramidales. El mayor alcanza 27 metros de altura por encima de la plataforma, una dimensión que coloca a El Yesal entre los asentamientos monumentales más relevantes de esta región de las Tierras Bajas Mayas Centrales.
Su arquitectura también ofrece pistas sobre las conexiones culturales de la ciudad. El arqueólogo Atasta Flores Esquivel encontró semejanzas entre la concepción espacial de la Gran Acrópolis y la arquitectura de Edzná, particularmente con sus etapas más antiguas, correspondientes al Clásico Temprano y periodos anteriores.

Posibles mercados en plena ciudad maya
Entre los hallazgos que más llaman la atención están unos conjuntos arquitectónicos que los investigadores denominaron conjuntos anidados. Se trata de estructuras bajas, alargadas y estrechas organizadas en círculos o rectángulos concéntricos.
La disposición recuerda al complejo Chiik Nahb de Calakmul y podría estar relacionada con espacios de intercambio o mercados. De confirmarse esta interpretación, estos conjuntos aportarían información importante sobre la actividad económica y la organización urbana de El Yesal.
La presencia de estos espacios también permite imaginar una ciudad que no funcionaba únicamente como centro ceremonial. El Yesal pudo haber articulado actividades políticas, económicas y comerciales dentro de una región donde existieron otros grandes asentamientos mayas.
Una estela sobrevivió al saqueo
La exploración también encontró evidencias de una historia menos amable. Muchas de las estructuras presentan calas de saqueo y varios de sus monumentos esculpidos fueron afectados por los depredadores.
Sin embargo, una estela logró conservarse. El Monumento 1 representa a un gobernante y contiene elementos que los especialistas relacionan con Yopaat, una deidad maya vinculada con la tormenta. El monumento fue documentado mediante modelos tridimensionales, una herramienta que permitirá estudiarlo con mayor detalle.
Una nueva pieza en el mapa maya de Campeche
La ubicación de El Yesal resulta especialmente significativa. Los investigadores plantean que este centro regional pudo haber mantenido relaciones con ciudades como Calakmul, Balamkú y Uitzilná, formando parte de una compleja red de asentamientos que todavía guarda numerosos secretos bajo la selva campechana.
Por ahora, El Yesal no es una zona arqueológica abierta al turismo. La importancia de esta investigación está precisamente en que apenas comienza a revelar lo que existe bajo la vegetación. Después de siglos de abandono y de décadas en las que el sitio apenas había recibido visitas esporádicas, la primera exploración sistemática ofrece una nueva perspectiva sobre la magnitud y antigüedad de las ciudades mayas de Campeche.
Y quizá esa sea la parte más fascinante: El Yesal no apareció de repente. Estaba allí, bajo la selva de Balam Kú, esperando que nuevas herramientas, recorridos y preguntas arqueológicas permitieran comprender la ciudad que alguna vez ocupó este territorio.

