La estrategia de pagos digitales contempla gasolineras, carreteras y pagos desde el celular, además de cuentas bancarias digitales más accesibles.
Durante décadas, el efectivo ha sido la forma más cotidiana de pagar en México. Está en los mercados, las tiendas pequeñas, los puestos callejeros y prácticamente cualquier lugar donde se haga una compra. Pero esa costumbre podría comenzar a cambiar de manera importante. El Gobierno Federal busca acelerar la digitalización de los pagos y reducir progresivamente la dependencia del dinero en efectivo.
La estrategia impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum contempla que los pagos digitales tengan cada vez mayor presencia en la economía mexicana. La primera etapa pone especial atención en gasolineras y carreteras, pero la intención es avanzar posteriormente hacia un uso mucho más extendido de pagos mediante tarjetas, teléfonos celulares y herramientas digitales.
Un primer paso: dejar el efectivo en las gasolineras
El planteamiento comenzó a tomar forma el 27 de abril de 2026, cuando el Gobierno Federal anunció un acuerdo con bancos y empresas de vales para reducir temporalmente las comisiones que pagan las gasolineras por aceptar medios digitales.
La medida entró en vigor el 1 de mayo de 2026 y está contemplada inicialmente hasta el 31 de octubre. Durante este periodo, la comisión de intercambio para las tarjetas de débito y crédito quedó en cero por ciento, con el propósito de reducir los costos que enfrentan las estaciones de servicio cuando reciben pagos digitales.
La lógica es sencilla: si una gasolinera paga menos por aceptar una tarjeta, puede reducir sus costos de operación y ese ahorro puede contribuir a contener el precio que termina pagando el consumidor. En el caso de una tarjeta de débito, el ahorro promedio anunciado fue de alrededor de 2.57 pesos por transacción, mientras que para una tarjeta de crédito se estimó en 7.45 pesos.

La meta es llegar a una economía con menos efectivo
Sin embargo, el proyecto va mucho más allá de las gasolineras. El objetivo planteado por el Gobierno Federal es avanzar gradualmente hacia una economía donde el efectivo tenga un papel cada vez menor.
La presidenta ha señalado que se busca que, en las gasolineras y posteriormente en las casetas, el pago digital se convierta en la opción obligatoria, aunque la transición tendría que realizarse de manera gradual y considerando las condiciones de conectividad y acceso financiero de distintas regiones del país.
La intención también es que pagar desde el celular sea cada vez más sencillo, sin tener que acudir a un cajero para retirar dinero antes de realizar una compra. Herramientas como CoDi y Dimo, junto con las tarjetas bancarias, forman parte de esta transformación.
Cuentas digitales para más personas
Uno de los cambios que acompañan esta estrategia está relacionado con las llamadas cuentas N2, diseñadas para facilitar el acceso a servicios bancarios sin necesidad de acudir físicamente a una sucursal.
Actualmente estas cuentas pueden abrirse de manera remota y tienen un límite aproximado de 30 mil pesos mensuales en depósitos. La propuesta es elevar ese límite hasta alrededor de 150 mil pesos al mes, lo que permitiría que más personas puedan incorporarse al sistema financiero utilizando únicamente herramientas digitales.
Para el Gobierno y el sector bancario, esto significa algo más profundo que cambiar billetes por teléfonos: significa ampliar la inclusión financiera y permitir que más mexicanos tengan acceso a cuentas, tarjetas, transferencias y eventualmente créditos.

¿Por qué quieren reducir el efectivo?
El argumento tiene varias dimensiones. Los pagos digitales dejan un registro de las operaciones, lo que puede contribuir a combatir actividades ilícitas y hacer más transparente la circulación del dinero.
También pueden ayudar a que las personas construyan un historial financiero, algo que puede ser relevante cuando buscan acceder a un crédito, adquirir determinados servicios bancarios o administrar sus recursos dentro del sistema financiero formal.
Existe además una razón práctica. El dinero depositado en una cuenta bancaria puede generar rendimientos, mientras que el efectivo guardado fuera del sistema financiero no produce intereses y puede resultar más difícil de administrar o proteger.
El gran reto: la conectividad
La transición, sin embargo, no puede plantearse de la misma manera para todos. México todavía tiene zonas rurales y comunidades con conectividad limitada, además de personas que no utilizan servicios bancarios o que dependen principalmente del efectivo para sus actividades cotidianas.
Por eso, el propio Gobierno ha planteado que la digitalización debe avanzar junto con la expansión de la conectividad y la inclusión financiera. La intención declarada no es dejar a nadie sin posibilidad de pagar, sino crear las condiciones para que utilizar un teléfono, una tarjeta o una cuenta digital resulte sencillo y accesible.
La estrategia mexicana mira también hacia experiencias internacionales. Entre ellas destaca Brasil y su sistema Pix, que consiguió convertir los pagos instantáneos desde el celular en una herramienta de uso cotidiano para millones de personas.
Una transformación que apenas comienza
México no está eliminando de golpe los billetes y las monedas. El efectivo continúa siendo válido y seguirá circulando, pero la dirección de la política económica apunta hacia una realidad diferente: que pagar digitalmente sea cada vez más fácil, barato y común.
Las disposiciones que preparan Hacienda, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y Banco de México forman parte de una estrategia más amplia de digitalización. Algunas de estas medidas estaban previstas para avanzar durante septiembre de 2026.
El verdadero cambio, entonces, no ocurrirá cuando desaparezca el último billete de una cartera, sino cuando ya no sea necesario cargar efectivo para resolver las compras cotidianas. México se encuentra apenas en esa transición: del dinero que pasa de mano en mano hacia una economía donde buena parte de los pagos puede ocurrir con algo que millones de personas ya llevan consigo todos los días, el teléfono celular.

