21 murales cuentan la memoria histórica de Calzada de Tlalpan en la calzada flotante

La historia de Calzada de Tlalpan ahora puede recorrerse en 21 murales de la calzada flotante.

Hay avenidas que sirven para llegar a un lugar y otras que, mientras se recorren, cuentan cómo una ciudad llegó a ser lo que es. Calzada de Tlalpan pertenece a las segundas. Su historia se remonta a la antigua Tenochtitlan y, siglos después, continúa escribiéndose entre edificios, estaciones del Metro, comercios y barrios que han cambiado junto con la capital.

Ahora, parte de esa memoria puede contemplarse en 21 murales realizados por alrededor de 25 artistas, instalados en fachadas ubicadas a ambos lados de la calzada. Las obras forman parte del corredor artístico del jardín flotante Tlallipan, inaugurado en junio de 2026, y buscan convertir este tramo de la ciudad en un espacio para recordar y reflexionar sobre las historias que han ocurrido a su alrededor.

Una avenida convertida en lienzo

El proyecto fue concebido por la curadora Paola Paz Yee, quien comenzó a trabajar en la iniciativa en septiembre de 2025, a partir de una invitación de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y de la Dirección General de Vinculación Cultural Comunitaria.

Los murales se distribuyen en distintos puntos entre San Antonio Abad y la estación Viaducto del Metro, y buena parte de ellos puede observarse desde el jardín flotante Tlallipan. Las obras fueron realizadas mediante técnicas como mosaico impreso y esgrafiado, y ocupan fachadas de una universidad, hoteles, edificios habitacionales y otros espacios.

La propuesta surgió de un proceso de diálogo entre artistas, habitantes y autoridades, en el que las ideas iniciales fueron presentadas a los vecinos de cada inmueble. Algunos aceptaron las propuestas, otros solicitaron modificaciones y algunos espacios decidieron no participar.

Una memoria que también habla de sus habitantes

Los murales no buscan contar una sola historia de Tlalpan. Sus temas atraviesan distintas épocas y experiencias de la ciudad: el pasado lacustre, la migración, la resistencia social, los movimientos telúricos y las transformaciones de la vida urbana.

Para desarrollar los contenidos se conformó un comité integrado por historiadores, antropólogos y arqueólogos, entre ellos Salvador Equihua, César Cortés Vega, Eduardo Vázquez, Yunuen Sariego y Cecilia Barraza. El resultado es una mirada que mezcla acontecimientos históricos con historias sociales que durante mucho tiempo permanecieron en los márgenes de las representaciones oficiales de la ciudad.

Entre los temas aparecen también las condiciones de vida de las trabajadoras sexuales, las costureras que murieron durante el terremoto de 1985, la migración y la llamada guerra sucia.

Mujeres que han cuidado a México

Uno de los murales fue realizado por Xóchitl Rivera en el Centro Universitario Nicolás Bravo, ubicado en San Antonio Abad 239, esquina con Rafael Delgado, cerca de la estación Chabacano.

La obra mide 10 metros de altura por 29 metros de largo y está dedicada a la historia de las mujeres vinculadas con el cuidado de la salud. En ella aparecen parteras, chamanas, trabajadoras de la salud, adelitas e integrantes de la Cruz Blanca, creando un recorrido que atraviesa distintas épocas de México.

La composición incorpora referencias a los códices Mendoza, Florentino y Badiano, así como reproducciones de fotografías históricas. Entre ellas destaca una imagen de una enfermera cargando escombros después de los sismos de 1985, además de fotografías relacionadas con brigadas sanitarias y la Cruz Roja.

El mural establece así una conexión entre las mujeres que ejercían labores de cuidado en los pueblos originarios y quienes participaron en momentos decisivos de la historia moderna de la capital.

Las protegidas de Xochiquetzal

En la fachada del Gran Hotel Amazonas, ubicado en San Antonio Abad 161, esquina con Manuel José Othón, Xóchitl Rivera realizó otro de los murales del proyecto.

La pieza mide 22 metros de altura por 23.5 metros de ancho y recupera las historias de las trabajadoras sexuales de la zona. Su figura central es una ahuiani, término de origen náhuatl utilizado para referirse a las mujeres conocidas como alegradoras durante la época prehispánica.

Para construir la obra, Rivera entrevistó a alrededor de 20 mujeres, incorporando sus testimonios y distintas perspectivas sobre el trabajo sexual y las experiencias de quienes lo ejercen. La representación también recupera la relación simbólica de las ahuianimeh con Xochiquetzal, asociada con el amor en la tradición mexica.

El proyecto contempla además un espacio de 2.8 metros de alto por 26 metros de ancho, donde se colocarán mosaicos con frases y reflexiones de trabajadoras sexuales y costureras. Serán diez frases, cinco provenientes de cada grupo.

Una ciudad que recuerda en sus paredes

Entre los artistas y colectivos participantes se encuentran Xóchitl Rivera, Demián Flores, Paulina Jaimes, Dan Silva, Gerardo Medina, Karas Urbanas, Merle, Magdalena Firlag, Santiago Robles, El Ocote, Libre y Ojos de Lucha, además de integrantes de colectivos culturales comunitarios.

La intención es que Calzada de Tlalpan pueda leerse también como un archivo urbano. Una ruta donde el pasado prehispánico, las transformaciones de la ciudad, los terremotos, las migraciones y las historias de sus habitantes conviven sobre las mismas paredes.

Los murales tienen prevista su conclusión en octubre de 2026, cuando se realizará una presentación final del proyecto. Así, el jardín flotante Tlallipan no solamente incorpora vegetación y espacio público a esta zona de la ciudad: también abre una ventana para mirar de nuevo la memoria de una de las avenidas históricas de la Ciudad de México.