México recupera una máscara prehispánica y un brazalete de las Joyas del Pescador

Dos piezas del patrimonio arqueológico mexicano regresan al país desde Japón y Estados Unidos, en dos procesos distintos que vuelven a poner en el centro la historia, la conservación y el destino de los objetos que durante décadas permanecieron lejos de su lugar de origen.

La primera es una máscara de patrimonio cultural mexicano que un coleccionista japonés había adquirido años atrás en Francia y conservó durante largo tiempo en Japón. En septiembre de 2026 decidió entregarla voluntariamente a México y pidió mantener su identidad en reserva. La Embajada de México en Japón señaló que se trata de la primera devolución voluntaria de un bien patrimonial mexicano concretada en territorio japonés.

La segunda pieza es un brazalete de tradición zapoteca, relacionado de manera preliminar con las llamadas Joyas del Pescador, un conjunto de objetos de orfebrería prehispánica que actualmente se encuentra bajo resguardo del Museo Local Fuerte de San Juan de Ulúa, en Veracruz. La pieza fue entregada voluntariamente por un particular en Estados Unidos a finales de 2025 y, después de ser dictaminada por especialistas, llegó a México a través del Consulado General de México en Nueva York.

Una máscara que emprendió el camino de regreso

La historia de la máscara todavía guarda varios capítulos desconocidos. Se sabe que fue comprada en Francia por un coleccionista japonés y que permaneció durante años en su colección privada.

De acuerdo con la Embajada de México en Japón, el propietario decidió devolverla al considerar que debía volver a México y permanecer segura. La entrega fue encabezada por la embajadora Melba María Pría Olavarrieta y fue dada a conocer el 17 de septiembre de 2026. El coleccionista solicitó expresamente que su nombre no fuera revelado.

Por ahora, no se han difundido públicamente datos precisos sobre la cultura que elaboró la máscara, su antigüedad, el sitio donde fue encontrada ni las circunstancias en que salió originalmente de México. Lo que sí está documentado es su recorrido reciente: de México a Europa, de Francia a Japón y finalmente de Japón de vuelta hacia México.

El brazalete de las Joyas del Pescador

El segundo regreso tiene una historia mucho más ligada a la arqueología de Veracruz. Se trata de un fragmento de brazalete de ocho centímetros de largo y casi dos centímetros de ancho, elaborado en metal mediante las técnicas de fundición a la cera perdida y filigrana.

Los especialistas del INAH lo identificaron preliminarmente como una pieza realizada por orfebres zapotecos durante el Posclásico Tardío, entre 1200 y 1521 d.C. Su diseño incluye el perfil de un mono araña y dos elementos cónicos que funcionan como rosetones.

Sus características coinciden con las de una docena de brazaletes, completos e incompletos, elaborados con una aleación de oro que contiene también plata y cobre, pertenecientes al conjunto conocido como Joyas del Pescador y actualmente bajo resguardo del Museo Local Fuerte de San Juan de Ulúa.

El hallazgo bajo el agua

Las Joyas del Pescador tienen detrás una historia singular. Hace aproximadamente 50 años, Raúl Hurtado Hernández se encontraba buscando pulpo entre los corales del río Medio, en Veracruz, cuando observó un destello dorado bajo el agua.

Durante los días siguientes extrajo distintas piezas metálicas. Algunas fueron vendidas y posteriormente fundidas por joyeros de la localidad, hasta que las autoridades conocieron el hallazgo y decomisaron los objetos que todavía permanecían en su poder.

Los investigadores consideran que el brazalete recientemente recuperado podría haber formado parte de aquellas piezas que fueron vendidas y posteriormente sacadas ilegalmente hacia Estados Unidos. Su procedencia todavía está siendo analizada mediante estudios históricos y arqueológicos, incluido el análisis de sus aleaciones.

De Nueva York a México

El particular que tenía el brazalete realizó una entrega voluntaria a finales de 2025 al Consulado General de México en Nueva York. Después, personal de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos del INAH dictaminó la pieza como bien arqueológico.

Una vez concluido ese proceso, el objeto fue trasladado a la Ciudad de México, donde la Consultoría Jurídica de la Cancillería lo entregó formalmente a las autoridades del INAH.

El regreso de ambas piezas tiene recorridos distintos, pero comparte algo esencial: objetos creados en el México antiguo que volvieron a quedar bajo custodia mexicana después de permanecer durante años fuera del país.

En el caso de la máscara, el retorno comenzó gracias a la decisión personal de un coleccionista que quiso devolverla. En el del brazalete, la restitución permitió incorporar nuevamente una pieza que podría ampliar el conocimiento sobre uno de los conjuntos más interesantes de orfebrería zapoteca prehispánica.

Más que regresar objetos, estos procesos permiten reconstruir fragmentos de una historia que durante décadas permaneció incompleta. Cada pieza que vuelve también devuelve una parte de la memoria material de México.