Una pelota más dura que una de golf sale disparada a más de 300 km/h y un jugador la atrapa en el aire con una canasta de mimbre atada al brazo. Eso es el jai alai, el deporte vasco que durante buena parte del siglo XX llenó frontones en México con el murmullo de las apuestas de fondo.
Hoy las apuestas se viven lejos de la grada: se hacen desde el celular, en plataformas como MelBet México, y giran alrededor del futbol, la NFL o el box, mientras el deporte que fue rey de las quinielas quedó casi en el olvido. Pero la huella del jai alai en el país va mucho más allá de las apuestas, y empieza en la arquitectura y en las calles de dos ciudades.
¿Qué es el jai alai? El deporte vasco que se juega a 300 km/h
El deporte jai alai toma su nombre del euskera, donde se suele traducir como “fiesta alegre”. En España se le conoce como cesta punta, una de las modalidades de la pelota vasca. De todas ellas, es la que más lejos viajó desde el País Vasco: Cuba, Filipinas, Florida y, con especial fuerza, México.
Se juega en un frontón de tres paredes: el frontis (el muro frontal), el rebote (al fondo) y la pared izquierda. El lado derecho queda abierto y ahí se sienta el público, protegido por una red. Los jugadores, llamados pelotaris, usan una cesta de mimbre curva hecha a mano, atada a la muñeca, con la que atrapan y lanzan la pelota en un solo movimiento. La pelota tiene un núcleo de hule forrado de cuero, y su dureza explica por qué los jugadores usan casco.

Alt Text: Ilustración de un pelotari lanzando la pelota con la cesta durante un partido de jai alai, deporte de origen vasco
Lo habitual es jugar en parejas: un delantero, que cubre la zona cercana al frontis, y un zaguero, que defiende el fondo de la cancha y suele ser quien lanza los remates más potentes.
Reglas básicas del jai alai
Las reglas son sencillas; lo difícil es aplicarlas a esa velocidad:
- El saque debe pegar en el frontis y botar dentro de una zona marcada en el piso.
- La pelota se atrapa de aire o después de un solo bote, y se devuelve sin detenerla: retenerla en la cesta es falta.
- Se pierde el tanto si la pelota bota dos veces, sale de la cancha o no llega al frontis.
- Los partidos tradicionalmente se jugaban a 30 tantos. En 2018, el Frontón México probó un formato por sets: dos sets a 15 tantos y, en caso de empate, un tercero a 5.
Lo que convierte cada juego de jai alai en un espectáculo es la combinación de fuerza y precisión: un zaguero puede rematar desde el fondo de una cancha de más de 60 metros y obligar al rival a atrapar una pelota que apenas se ve.
Historia del jai alai en México: de los frontones porfirianos al Palacio de la Pelota
La historia del jai alai en México empieza a finales del siglo XIX, cuando la pelota vasca llegó a la capital y tuvo que competir por el público con el teatro, los toros, el circo y las carreras de caballos. Aun así, durante el Porfiriato se construyeron grandes frontones en la ciudad, como el Eder Jai, el Jai Alai y el Frontón Nacional. Era la misma época en que calles como la Avenida 16 de Septiembre se transformaban al ritmo de la modernización porfiriana.
Aquellos primeros recintos tuvieron vidas cortas. Para 1901 el Eder Jai ya había desaparecido, y el frontón Jai Alai, diseñado por Manuel Torres Torija en 1896, fue vendido y puesto en liquidación en 1902, como documenta El Universal en su recorrido por los frontones del Centro Histórico. El Frontón Nacional, en cambio, reabrió en 1903 tras una remodelación. El gusto por la pelota se mantuvo, y en las décadas siguientes la ciudad tendría un frontón a la altura de esa afición.
Frontón México: el templo art déco del jai alai
El 10 de mayo de 1929 abrió sus puertas el Frontón México, en Plaza de la República 17, colonia Tabacalera, frente a lo que hoy es el Monumento a la Revolución. Diseñado por los arquitectos Teodoro Kunhardt y Joaquín Capilla, el edificio combina mármol, acero, vidrio y concreto en un estilo art déco que todavía distingue a la zona.
Con capacidad para unas 4,200 personas y una cancha de 62 metros, fue conocido como el Palacio de la Pelota. Vivió su época dorada entre los años treinta y sesenta, cuando la entrada costaba entre uno y dos pesos y por sus gradas pasaron figuras como Ernest Hemingway, Orson Welles, Pablo Neruda, María Félix y Agustín Lara. También fue sede de la pelota vasca durante los Juegos Olímpicos de México 68.
El declive llegó con los años. El frontón se volvió punto de reunión de apostadores, y en 1996 una huelga de los trabajadores lo cerró por completo. Pasaron dos décadas hasta que una restauración supervisada por el Instituto Nacional de Bellas Artes, con una inversión cercana a 35 millones de dólares, le devolvió la vida: el 10 de marzo de 2017 reabrió como centro de entretenimiento, con casino y escenarios móviles. En 2019 cumplió 90 años y la Lotería Nacional lo celebró con un billete conmemorativo.
Tijuana jai alai: el palacio de la Avenida Revolución
Si la capital tenía su palacio art déco, Tijuana tenía el suyo de estilo morisco. La construcción del frontón de la Avenida Revolución, impulsada por el empresario Mario Escobedo González, comenzó en 1926, pero tardó más de dos décadas en terminarse: la crisis de 1929, la prohibición de los juegos de azar durante el cardenismo y la Segunda Guerra Mundial frenaron la obra. Finalmente se inauguró el 28 de febrero de 1947, con diseño del arquitecto estadounidense Eugene Hoffman.

Alt Text: Recreación ilustrada del Palacio Jai Alai de Tijuana con sus letras rojas y autos de época en la Avenida Revolución
En los años cincuenta y sesenta, el jai alai en Tijuana era referencia mundial, al nivel de Miami y San Sebastián. Sus más de 2,000 butacas se llenaban con aficionados locales y turistas que cruzaban la frontera para ver los partidos y apostar. A finales de los ochenta, una huelga y el auge de las apuestas vía satélite golpearon al frontón, que cerró en 2002. Desde 2005 el edificio funciona como El Foro, un espacio para conciertos que conserva la fachada, la estatua del pelotari y el letrero de neón rojo que sigue siendo una postal de la ciudad.
Las apuestas: el motor y el freno del jai alai
Es imposible separar la historia del jai alai de las apuestas. El ritmo del juego, con tantos que se deciden en segundos, se prestaba a que el público apostara partido a partido, y las quinielas del frontón eran tan parte del espectáculo como los remates.
Esa misma dependencia terminó por debilitarlo. A partir de los años ochenta se juntaron varias causas: la popularidad creciente de otros deportes profesionales, las nuevas formas de apostar, los conflictos laborales y los problemas económicos de las empresas que lo patrocinaban. En México, las tres primeras se vieron con claridad: las apuestas se fueron a otros deportes y a otras pantallas, y las huelgas cerraron los dos frontones más emblemáticos del país.
¿Dónde ver jai alai hoy en México?
En el Frontón México, el jai alai sigue teniendo su casa. En 2022, después de dos años sin actividad, regresó su torneo de jai alai, inaugurado por Mikel Arriola, entonces presidente de la Liga MX y expelotari, que recordó que su abuelo estuvo en la inauguración de 1929 y que él mismo ganó ahí una medalla de plata en el Mundial de 1991. Aquel torneo reunió a 16 pelotaris en ocho parejas, con premios de 2,000 a 8,000 dólares, y lo ganaron Ludovic Laduche e Ion Ibarluze. El recinto volvió a recibir un torneo internacional en 2023.
Los torneos no tienen un calendario fijo, así que lo mejor es revisar la cartelera del frontón antes de ir. Además, en la capital se presentó una escuela de jai alai, con apoyo del Gobierno Vasco, para formar nuevas generaciones de pelotaris.
En Tijuana, aunque el antiguo palacio ya no recibe partidos, el deporte jai alai sigue vivo en los frontones de barrio. Un ejemplo son Gael Arellano y Leo Soto, dos primos de la Zona Norte que aprendieron a jugar en el viejo frontón de la ACJM y ganaron torneos nacionales juveniles en Cancún y en la Ciudad de México. En 2025 se preparaban con la mira puesta en su primer mundial, en San Sebastián.
Casi un siglo después de aquella inauguración en Plaza de la República, a pocos minutos de la Avenida Juárez, el jai alai ya no llena gradas como antes, pero sigue presente en la arquitectura, en la memoria de la ciudad y en los jóvenes que todavía se amarran una cesta a la muñeca.

