El último glaciar mexicano en peligro de extinción, pierde millones de metros cúbicos de hielo

El último glaciar de México pierde hasta siete metros de espesor en el Pico de Orizaba.

En las alturas del Pico de Orizaba, donde el hielo todavía resiste sobre la montaña más alta de México, el paisaje está cambiando. El glaciar Jamapa, el último glaciar que permanece en el país, ha perdido hasta más de siete metros de espesor en algunas zonas durante la última década. La reducción promedio fue de aproximadamente tres metros entre 2015 y 2025, de acuerdo con mediciones científicas que permiten dimensionar la magnitud de su retroceso.

El deterioro no se limita a la superficie blanca que corona el volcán. Entre 2015 y 2025, el glaciar perdió alrededor de 1.4 millones de metros cúbicos de hielo, equivalentes a más de 1.3 millones de metros cúbicos de agua. Los resultados muestran cómo el aumento de la temperatura y los cambios en las precipitaciones están transformando uno de los ecosistemas más singulares de México.

El glaciar Jamapa, un sobreviviente en las alturas

También conocido como glaciar Norte, el Jamapa se encuentra en la vertiente norte del Citlaltépetl, nombre náhuatl del Pico de Orizaba, en los límites de Puebla y Veracruz. Esta montaña alcanza los 5,636 metros sobre el nivel del mar y alberga el último cuerpo glaciar del territorio mexicano.

La permanencia del hielo en estas latitudes es excepcional. Otros glaciares mexicanos, como los que existían en el Iztaccíhuatl, han experimentado una reducción progresiva, mientras que el glaciar del Popocatépetl dejó de desarrollarse como tal debido, entre otros factores, a la actividad volcánica. El Jamapa representa hoy un testimonio de un paisaje de alta montaña que prácticamente ha desaparecido del país.

Diez años de pérdida de hielo

Las mediciones realizadas por especialistas del Centro de Ciencias de la Tierra de la Universidad Veracruzana permitieron cuantificar, por primera vez en México, la pérdida de espesor en prácticamente todo el cuerpo glaciar durante el periodo de 2015 a 2025, en lugar de limitarse a puntos específicos.

Los resultados muestran una reducción desigual: algunas zonas perdieron alrededor de un metro de espesor, mientras que otras registraron más de siete metros. El promedio general fue de aproximadamente tres metros, una disminución que representa cerca de 1.4 millones de metros cúbicos de hielo desaparecidos en una década.

El retroceso también es visible en el frente del glaciar. Entre 2019 y 2026, este límite se desplazó aproximadamente 200 metros, dejando expuestas áreas de roca que antes permanecían cubiertas. La transformación del paisaje es una evidencia física de un proceso que lleva décadas en marcha.

¿Por qué se está derritiendo el último glaciar mexicano?

El retroceso responde a una combinación de factores. Entre ellos destacan el incremento de la temperatura, la disminución de las precipitaciones y las condiciones energéticas que favorecen la fusión del hielo. Cuando llega menos nieve para alimentar el glaciar y aumenta la energía disponible para derretirlo, el balance entre lo que se acumula y lo que desaparece se vuelve cada vez más desfavorable.

Los registros climáticos de la zona entre 1990 y 2025 muestran un aumento aproximado de un grado Celsius en la temperatura de la parte central del glaciar, además de una reducción cercana a 200 milímetros anuales de precipitación. La combinación de estos cambios compromete la capacidad del hielo para mantenerse a largo plazo.

Un cambio que también importa para el agua

La importancia del glaciar Jamapa va más allá de su valor paisajístico. El hielo y los procesos de deshielo e infiltración forman parte de la dinámica hídrica de la montaña, que alimenta manantiales y cursos de agua en las regiones aledañas.

Por ello, la disminución del volumen glaciar plantea preguntas sobre la disponibilidad futura de agua para los ecosistemas y las comunidades que dependen de estos sistemas. El impacto no se reduce a la desaparición de una superficie congelada: también involucra las relaciones entre la montaña, los bosques, los ríos y las poblaciones que viven en sus alrededores.

Un futuro que exige seguimiento científico

Los investigadores consideran que el glaciar atraviesa una fase terminal, pero eso no significa que exista una fecha precisa para su desaparición. Su evolución depende de múltiples variables climáticas y ambientales, por lo que cualquier pronóstico debe sustentarse en mediciones continuas y no en estimaciones alarmistas.

El seguimiento acumulado durante más de tres décadas permite comprender mejor la velocidad del retroceso y sus posibles consecuencias. En el Pico de Orizaba, cada metro de hielo perdido representa información sobre la transformación del clima y sus efectos en los paisajes mexicanos.

El último glaciar de México sigue ahí, pero su reducción ya es medible. Su historia recuerda que el cambio climático no es una amenaza distante: también se manifiesta en las cumbres más altas del país, donde el hielo que resistió durante generaciones enfrenta condiciones cada vez más difíciles para sobrevivir.