Proponen prohibir teléfonos móviles en escuelas de educación básica

En el último tramo de 2025, el debate educativo en México tomó un giro que toca la vida cotidiana de millones de familias: el uso de teléfonos celulares y dispositivos móviles dentro de las escuelas de educación básica. Una iniciativa presentada en el Senado propone una reforma a la Ley General de Educación para prohibir el uso de celulares, tabletas y relojes inteligentes durante la jornada escolar en primarias y secundarias de todo el país.

La propuesta parte de una preocupación concreta: que la presencia constante de pantallas en las aulas ha terminado por competir con la atención de estudiantes y con la interacción humana que define la experiencia educativa. Así, se busca recuperar la escuela como un entorno de atención plena y reflexión, donde la lectura, el pensamiento crítico y el diálogo directo entre alumnos y docentes sean el centro de la jornada académica.

La iniciativa plantea modificar el artículo 84 de la ley para dejar claro que dichos dispositivos no formen parte de la dinámica cotidiana del aula —salvo en casos excepcionales como emergencias o necesidades educativas especiales— y faculta al personal docente y directivo para retenerlos durante el horario escolar, devolviéndolos al finalizar las clases.

El argumento principal de este cambio radica en el impacto que el uso indiscriminado de teléfonos tiene sobre la atención, la convivencia escolar y la calidad del aprendizaje. Los impulsores señalan que, al limitar las distracciones digitales, se puede fomentar un ambiente más propicio para la concentración, la socialización genuina y la construcción de vínculos más sólidos entre pares y con los docentes.

Esto no surge de la nada: experiencias y políticas similares ya se han explorado en distintas entidades del país, así como en otros contextos internacionales. En estados como Querétaro ya se han aplicado restricciones al uso de celulares en instituciones básicas, con el objetivo de disminuir distracciones y posibles casos de acoso digital, aunque los resultados y prácticas para su implementación varían y siguen siendo objeto de análisis.

No obstante, el debate no es unívoco. Existen dudas y cuestionamientos legítimos acerca de si una prohibición total responde a los desafíos reales de la era digital o si más bien se trata de una medida que debe ir acompañada de estrategias educativas más amplias para enseñar a los niños a usar la tecnología de forma responsable y creativa.

En el Senado, la propuesta ya fue turnada a las Comisiones Unidas de Educación y de Estudios Legislativos, donde será analizada y perfilada antes de cualquier dictamen. En los próximos meses se espera que se escuchen voces a favor y en contra —de maestros, padres de familia, especialistas y estudiantes—, dando forma a un debate que va más allá de la simple regulación: se trata de definir qué lugar debe ocupar la tecnología en la formación de las nuevas generaciones y cómo equilibrar sus beneficios con la atención, la convivencia y el desarrollo integral de niñas y niños en las aulas mexicanas.

Riesgos digitales que buscan reducirse

Otro de los argumentos centrales de la iniciativa es la protección de la niñez en entornos digitales. El uso constante del celular en la escuela puede facilitar prácticas como el ciberacoso, la exposición a contenidos inapropiados y una dependencia creciente a la conectividad permanente.

Desde el punto de vista de los impulsores de la reforma, establecer límites claros al uso de la tecnología dentro del aula es una forma de garantizar el derecho de niñas y niños a una educación de calidad en un entorno sano y equilibrado, donde el aprendizaje no esté mediado todo el tiempo por una pantalla.

Tecnología como apoyo, no como reemplazo

El senador ha insistido en que la iniciativa no busca frenar el progreso tecnológico ni negar el valor de las herramientas digitales en la educación. La intención, señala, es que la tecnología funcione como un apoyo complementario y no como un sustituto de la interacción humana.

Bajo esta lógica, el aula seguiría siendo un espacio donde el diálogo, la presencia y la atención compartida tengan un papel central. La tecnología, cuando se use, debería estar claramente integrada a objetivos pedagógicos y no responder a una lógica de uso permanente y sin mediación.

Antecedentes y debate abierto

La discusión no es nueva. En estados como Querétaro ya se han implementado restricciones al uso de celulares en escuelas de educación básica. Autoridades locales han señalado que estas medidas han contribuido a disminuir casos de bullying y a mejorar la concentración en clase, aunque los resultados siguen siendo materia de análisis.

A nivel académico, el debate permanece abierto. Algunos estudios señalan mejoras en el rendimiento y la atención cuando se limitan los dispositivos móviles, mientras que otras investigaciones advierten que las prohibiciones, por sí solas, no resuelven problemas más profundos como la autorregulación, el uso responsable de la tecnología o el tiempo total frente a las pantallas.

Lo que sigue en el Senado

La propuesta ya fue turnada a las Comisiones Unidas de Educación y de Estudios Legislativos, donde será analizada y eventualmente dictaminada. En el camino, es previsible que el debate crezca y que se escuchen voces a favor y en contra, tanto desde el ámbito educativo como desde las familias y la sociedad civil.

Más allá de si la prohibición avanza o no, la iniciativa vuelve a poner sobre la mesa una pregunta de fondo: qué lugar deben ocupar las pantallas en la formación de niñas y niños, y cómo construir entornos escolares que equilibren tecnología, aprendizaje y convivencia en una era de conexión constante.