México volverá a desfilar en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos con una imagen poderosa y poco convencional: la de dos atletas forjados lejos de los reflectores tradicionales del deporte nacional, pero unidos por una misma determinación. Donovan Carrillo y Sarah Schleper han sido designados como abanderados de la delegación mexicana, un gesto que va más allá del protocolo y que habla de transformación, perseverancia y nuevas formas de representar al país en el escenario global.
En un país donde el futbol suele acaparar la conversación deportiva, el patinaje artístico y el esquí alpino han construido su propio camino, silencioso y constante. La elección de Carrillo y Schleper no es casual: simboliza una generación de atletas que han tenido que abrir brecha sin estructuras sólidas, apostando por la disciplina personal, el apoyo familiar y una convicción profunda de que México también puede competir en escenarios donde antes parecía ausente.
Donovan Carrillo se ha convertido, en pocos años, en un referente cultural que trasciende el deporte. Su presencia sobre el hielo —expresiva, técnica y profundamente emocional— rompió prejuicios y colocó al patinaje artístico mexicano en el mapa internacional. Más allá de sus rutinas y resultados, Carrillo representa una narrativa distinta: la de un atleta que se atrevió a imaginar lo imposible y a sostener ese sueño con trabajo diario, incluso cuando los recursos eran escasos y el camino incierto.
Por su parte, Sarah Schleper encarna otra historia singular. Nacida y formada en el circuito internacional del esquí alpino, su vínculo con México no es circunstancial, sino profundamente personal. Al competir bajo la bandera mexicana, Schleper ha aportado experiencia, visibilidad y una visión profesional a una disciplina prácticamente desconocida en el país. Su trayectoria demuestra que la identidad también se construye desde la elección consciente de representar, aportar y abrir camino para futuras generaciones.
Que ambos atletas compartan el honor de portar la bandera mexicana es un mensaje claro: el deporte nacional ya no se define únicamente por medallas o disciplinas tradicionales, sino por historias de resistencia, diversidad y pertenencia. Carrillo y Schleper no solo encabezan una delegación; encabezan una idea de México más amplio, más plural y dispuesto a redefinir sus propios límites.
En la ceremonia inaugural, cuando la bandera tricolor avance frente al mundo, no solo marcharán dos atletas. Marchará también la confirmación de que el esfuerzo individual puede convertirse en símbolo colectivo, y de que el espíritu olímpico sigue encontrando nuevas formas de expresarse desde México.

