La tierra bajo nuestros pasos
En el corazón urbano del poniente de la Ciudad de México, donde las calles se entrelazan con historias centenarias, la tierra también tiene sus propios relatos. Recientemente, un equipo de investigadores del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dio un paso decisivo para comprender por qué en ciertos puntos de la ciudad se han sentido pequeños temblores con más frecuencia.
Gracias a una red de estaciones sísmicas desplegadas en la zona de Mixcoac y Plateros, los científicos detectaron una fractura geológica de más de un kilómetro de longitud bajo la superficie: la falla Mixcoac-Plateros. Esta estructura, del tipo “normal”, está relacionada con desplazamientos verticales del terreno que generan lo que conocemos como microsismos, movimientos menores que no suelen activar sistemas de alerta sísmica, pero sí son registrados por instrumentos especializados y percibidos por moradores de la zona.

Descubriendo lo invisible
Los estudios que permitieron identificar esta falla iniciaron tras una serie de sismos de baja magnitud registrados entre diciembre de 2023 y enero de 2024, en las alcaldías de Magdalena Contreras y Álvaro Obregón, con magnitudes entre 1.1 y 3.2 grados y epicentros relativamente superficiales. Al correlacionar estos eventos con datos de estaciones sísmicas, los investigadores lograron localizar los puntos de tensión en el subsuelo que delatan la presencia de la falla.
Este hallazgo no solo responde a una inquietud técnica, sino que pone sobre la mesa la complejidad del territorio: la Ciudad de México no solo está afectada por terremotos lejanos, sino que también alberga movimientos sísmicos originados bajo sus propios cimientos, impulsados por fracturas como Mixcoac-Plateros.
Qué está pasando bajo Mixcoac
La falla se extiende desde el poniente del Anillo Periférico, cruza la avenida Revolución y avanza hacia el este, recorriendo áreas densamente pobladas de Mixcoac. No es un elemento nuevo en el paisaje geológico, pero sí uno que hasta ahora se ha empezado a entender con mayor claridad gracias a técnicas modernas de medición y análisis.
Los microsismos que provoca esta falla son de baja energía, por lo que no activan las alertas sísmicas tradicionales, pero pueden percibirse como vibraciones o “sacudidas leves” en edificios o incluso a nivel del suelo. Aunque no representan un riesgo similar al de los grandes terremotos generados por la subducción de placas tectónicas frente a las costas mexicanas, sí ofrecen una nueva dimensión del comportamiento sísmico en zonas urbanas densamente habitadas.

Monitoreo y futuro
Con el objetivo de profundizar el estudio de la falla, equipos de medición especiales han sido instalados en puntos clave del poniente de la ciudad, como el Parque Molinos en Benito Juárez, donde sensores de alta precisión capturan variaciones imperceptibles en la aceleración del suelo y otros datos esenciales. Este monitoreo puede ayudar a discernir patrones en la actividad sísmica local y a distinguir entre cambios temporales y procesos más profundos que afecten la integridad de las fallas.
Entender cómo funciona la falla Mixcoac-Plateros implica reconocer que la ciudad no es un territorio estático, sino un organismo dinámico en constante evolución, moldeado por fuerzas geológicas que, aunque silenciosas, están siempre presentes.

