Entre la piedra y el océano: un descubrimiento que inspira nuevas lecturas del pasado.
En el sitio más sagrado de la antigua Tenochtitlan, otrora epicentro religioso de los mexicas y hoy corazón arqueológico de la Ciudad de México, recientes excavaciones han develado un conjunto de objetos que parecen emerger de otra lógica del tiempo: la del mar. Bajo la arena y las piedras del Templo Mayor, investigadores han encontrado depósitos que guardan, como si fueran ecos de antiguas mareas, conchas, caracoles, cuentas de piedra verde y figurillas antropomorfas en estilo Mezcala.
Este conjunto, resultado de las temporadas de exploración de 2023, se presenta en tres cofres conocidos como tepetlacalli —estructuras de piedra que los antiguos mexicas usaban como cajas sagradas— y ha sido descrito por los arqueólogos como un verdadero tesoro por su riqueza material y simbólica.
Pero más allá de su materialidad, estos objetos invitan a repensar la relación que los pueblos mesoamericanos establecían con los elementos naturales. En un mundo donde lo terrestre y lo acuático se entrelazan en los mitos y en los rituales, las ofrendas halladas ofrecen una nueva clave: la del culto a la lluvia, la fertilidad y la fecundidad de la tierra, que en el imaginario mexica tenía conexiones profundas con las aguas y sus seres.

Figurillas Mezcala: arte, historia y memoria entre Guerrero y Tenochtitlan
Entre los objetos más destacados se encuentran cerca de 43 piezas de piedra verde en estilo Mezcala, provenientes de la región del río Balsas en el actual estado de Guerrero. Estas figurillas antropomorfas, representativas de una de las expresiones artísticas más fascinantes del México prehispánico, fueron depositadas con sumo cuidado dentro de los cofres.
Este estilo escultórico destaca por sus formas esquemáticas y su vínculo con tradiciones antiguas que anteceden incluso al apogeo mexica, lo que hace de estos objetos no sólo ofrendas, sino también testimonios de una larga circulación cultural. Su presencia en el Templo Mayor sugiere la integración y apropiación de motivos estéticos y religiosos de diversas regiones bajo el amplio alcance de la Triple Alianza, que consolidó un vasto imperio en el centro de Mesoamérica.

Mar, lluvia y símbolos: lecturas de un mosaico sagrado
Los objetos encontrados —conchas marinas, caracoles, cuentas de piedra verde y elementos orgánicos— no son casuales. En la cosmovisión mexica, estos materiales evocaban el océano, la humedad y, por extensión, la lluvia, un bien esencial para la agricultura y la vida. Su acumulación en ofrendas rituales representa una plegaria simbólica a las fuerzas que regían la fertilidad de la tierra y la abundancia de las cosechas.
El hallazgo también revela detalles sobre las prácticas rituales del pasado: para acceder a algunos de estos depósitos, los arqueólogos tuvieron que retirar esculturas de serpiente que pesan cerca de una tonelada, lo que habla de la monumentalidad y la complejidad del espacio ceremonial donde fueron colocados estos objetos.

Un diálogo con el presente
Esta revelación arqueológica no sólo amplía nuestro conocimiento sobre el uso ritual del espacio en el Templo Mayor, sino que también ofrece un diálogo vivo entre pasado y presente. En los vestigios de piedra y mar, hay una memoria ancestral que nos invita a reconsiderar cómo los pueblos mesoamericanos concebían el mundo natural y su lugar dentro de él: no como fuerzas separadas, sino como elementos interrelacionados que sostenían la vida, la fe y la identidad.

