El fenómeno de Súper Niño que podría afectar el clima mundial, incluyendo a México

Hace 6 meses, el Pacífico ecuatorial no deja de calentarse. Los modelos climáticos de la NOAA asignan 96% de probabilidad de que el Súper Niño esté activo hacia finales de 2026. Investigadores de la UNAM incluso advierten que podría rivalizar con los episodios más destructivos desde que existen registros.

El verdadero problema es otro: el cambio climático alteró las reglas que antes permitían anticipar los efectos del fenómeno. Regiones del norte de México que históricamente se preparaban para sequía ahora podrían enfrentar lluvias extremas. Mientras tanto, las costas del Pacífico entran a una temporada de huracanes cuyo comportamiento resulta cada vez más difícil de calcular.

El fenómeno del Niño

La temperatura del océano Pacífico cambia constantemente. En la zona central y oriental —frente a las costas de América del Sur— el agua atraviesa ciclos naturales de calentamiento y enfriamiento que pueden durar entre dos y siete años. Cuando esa temperatura supera lo normal, aparece el fenómeno conocido como El Niño. Cuando ocurre lo contrario, llega La Niña.

Ese cambio no se queda en el océano. El calentamiento modifica vientos, nubosidad y lluvias alrededor del planeta. Algunas regiones reciben tormentas más intensas. Otras atraviesan sequías prolongadas. También aumentan los riesgos de huracanes en el Pacífico y se alteran ciclos agrícolas en distintas partes del mundo.

El termómetro del océano lleva medio año subiendo

Al 14 de mayo de 2026, el Pacífico ecuatorial oriental registra temperaturas 1.0°C por encima de su promedio histórico. Aunque la cifra parezca pequeña, en climatología oceánica representa una señal importante de alerta. Durante seis meses, el océano acumuló calor en capas profundas, un proceso que especialistas comparan con cargar combustible antes de encender un motor.

“Lo altísimamente probable es tener un fenómeno de El Niño con intensidad de moderada a alta”, advirtió Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM, en declaraciones recientes a la Gaceta UNAM. “Pero lo cierto es que probablemente pudiera ser un evento histórico”.

Si los modelos actuales se mantienen, el punto más fuerte llegaría entre septiembre y octubre de 2026, aunque sus efectos podrían extenderse hasta el primer trimestre de 2027.

Los registros históricos identifican cuatro episodios especialmente intensos de El Niño: 1982-1983, 1997-1998, 2015-2016 y el devastador evento de 1877-1878, asociado a hambrunas masivas en Asia y África. Las estimaciones actuales apuntan a que el fenómeno de 2026 podría colocarse entre los más fuertes de esa lista.

Hay otro factor que vuelve distinto este escenario: el planeta ya aumentó 1.46°C respecto a los niveles preindustriales. Más que una cifra abstracta, ese calentamiento es el entorno climático en el que llegará El Niño.

Estrada Porrúa explicó que existe una alta probabilidad de que 2027 se convierta en el año más caliente jamás registrado. Además, El Niño podría añadir hasta 0.3°C extra a una temperatura global que ya se encuentra en máximos históricos.

“Estamos por vivir temperaturas que estén muy cercanas al nivel global de 1.8 grados por encima de su valor preindustrial”, señaló el investigador de la UNAM.

El Acuerdo de París fijó como meta evitar que el calentamiento global superara 1.5°C durante este siglo. Hoy ese límite prácticamente ya está encima.

Las regiones mexicanas con mayor riesgo

Hoy hay tres regiones mexicanas donde los especialistas ven mayor riesgo.

Costa del Pacífico

Frente a Baja California, el mar registra temperaturas superiores a lo normal para esta época del año. Ese detalle importa porque los huracanes se alimentan del calor oceánico: mientras más caliente está el mar, mayor energía tienen las tormentas para fortalecerse rápidamente. Si las condiciones persisten hacia junio, la temporada ciclónica del Pacífico podría volverse especialmente agresiva.

Norte y centro-norte del país

Aquí aparece la mayor incertidumbre. Durante décadas la región se preparó principalmente para sequías asociadas a El Niño. Ahora el escenario ya no es tan claro. Todavía existe riesgo de falta de lluvia, pero también aumenta la posibilidad de precipitaciones extremas que podrían superar la capacidad de drenaje e infraestructura de varias ciudades.

Agricultura nacional

Investigadores del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas de la UNAM, en Morelia, calculan que cada sequía severa genera pérdidas cercanas a 27,000 millones de dólares en México. Un evento de escala histórica elevaría todavía más el impacto económico sobre un sector que ya enfrenta estrés hídrico constante.

Lo que viene en los próximos meses

La primavera representa uno de los periodos más difíciles para hacer pronósticos climáticos precisos. Los especialistas llaman a esto “barrera de predictibilidad”: una etapa en la que los modelos pierden capacidad de anticipar la intensidad real del fenómeno.

Cuando esa fase termine habrá mayor claridad sobre qué tan fuerte será el evento.

Lo que sí parece irreversible es el punto de partida. El acoplamiento entre océano y atmósfera ya comenzó. Mientras la NOAA mantiene vigilancia constante, la UNAM trabaja con autoridades federales dentro del Plan Nacional de Adaptación. El planeta, además, sigue acumulando temperatura.

“Estamos abriendo brecha. Es un nuevo momento en el sistema climático”, resumió Estrada Porrúa.