Cada octubre, el pueblo de San Francisco Tlalcilalcalpan, a las faldas del Nevado de Toluca, en el Estado de México, se transforma en un escenario digno de una película de terror. Dragones, brujas, calaveras y criaturas fantásticas toman las calles durante dos días consecutivos en una tradición conocida como la Fiesta o Paseo de los Locos, celebrada en honor a San Francisco de Asís, el santo patrono de la comunidad.
Esta celebración tiene su origen hace más de 130 años, cuando era conocida como el paseo de los pregoneros. En sus inicios, los participantes salían con ropa vieja y desgarrada o con pieles de borrego, muy lejos de los elaborados disfraces que hoy caracterizan al carnaval.
El primer día de la fiesta se reúnen los mayordomos (organizadores de la fiesta) y los disfrazados a las afueras de la parroquia de San Francisco para iniciar el desfile. Para entonces la antigua pintura del santo patrono, que data del siglo XVIII, ha sido adornada y colocada al frente de las cuadrillas para encabezar la marcha.

El desfile da inicio tras la bendición del párroco, cuando truenan los cohetones en el cielo y las bandas de música comienzan a tocar. Más de 130 cuadrillas desfilan por las calles del pueblo, cada una con su propia banda musical que no dejará de tocar durante estos dos días.
Poco a poco se pueden apreciar todo tipo de disfraces: dragones, calaveras, demonios, brujas, animales fantásticos, personajes de series televisivas o de películas, incluso personajes políticos.
Es una fiesta ecléctica donde se ve de todo, desde disfraces muy sencillos, con apenas con algo de maquillaje, hasta otros muy elaborados con máscaras enormes, vestimentas suntuosas, algunos con estructuras muy elaboradas o montados en zancos para verse más grandes.

Muchos no escatiman en el gasto para salir con sus mejores trajes, atuendos que pueden llegar a costar entre cinco mil y diez mil pesos que cada año cambian, pues nadie quiere salir con un traje del año anterior.
Gerardo García, del barrio de Galeana, es uno de los cientos de disfrazados que salen con su familia a celebrar a San Francisco, cuenta que su disfraz de “depredador”, personaje de una famosa serie de películas, lo pidió desde febrero, pero no solo el de él, también los de sus familiares que lo acompañan en este carnaval.

Es espectacular ver a las familias o a los barrios portar sus trajes temáticos, casi compitiendo unos con otros para ver quienes muestran los mejores y más elaborados disfraces.
No es gratuito que aquí el hule espuma y el látex sean transformados en máscaras, guantes, pectorales y demás partes corporales, en el pueblo existen decenas de talleres familiares o individuales dedicados a hacerlos. Muchas de las máscaras que se venden en otros estados son elaboradas aquí en Tlalcilalcalpan.
Uno de los talleres más reconocidos es Bestial Mask FX, su dueño Miguel Ángel Hernández no solo hizo una buena parte de los disfraces que muchos portan en esta fiesta, para esta ocasión en su taller elaboraron un disfraz único para lucirlos con su familia y trabajadores; unas momias egipcias intergalácticas que eran simplemente espectaculares.

El desfile se desarrolla en un circuito que va por las calles del pueblo y durante él se van adhiriendo nuevos participantes. Para poder verlo todo se necesitan, al menos, unas cinco horas, pero bien se puede ir acompañando el desfile durante todo el día, hasta que los participantes regresan de nuevo a la parroquia, donde muchos de ellos, con todo y disfraz, entran al templo a dar gracias a “San Panchito”, como le dicen cariñosamente, por las cosas buenas que les brindó durante el último año o para pagar alguna promesa hecha al santo.

La tradición de esta celebración se remonta más de 130 años atrás y antiguamente era conocida como el “paseo de los pregoneros”. Cuentan los pobladores que se acostumbraba salir con ropa vieja desgarrada o con pieles de borrego, pero con el paso del tiempo y la llegada del trabajo de las máscaras la fiesta comenzó a trasmutar de los personajes tradicionales como el oso, el payaso o el tiliche a los monstruos y seres fantásticos que ahora pueblan las calles durante estos primeros días de octubre.
Puedes comprar máscaras como las de este carnaval en FB: BestialMaskFX

Fechas y arranque del desfile
Según el calendario católico, el día de San Francisco de Asís es el 4 de octubre, pero en Tlalcilalcalpan la fiesta siempre inicia en domingo y continúa el lunes siguiente. El primer día, los mayordomos (organizadores de la festividad) y los disfrazados se reúnen a las afueras de la parroquia de San Francisco para dar comienzo al desfile.
Al frente de las cuadrillas se coloca una pintura del santo patrono que data del siglo XVIII, previamente adornada para la ocasión. El desfile arranca tras la bendición del párroco, entre el estallido de cohetones y el sonido de las bandas de música.

Más de 130 cuadrillas y disfraces sin límites
La magnitud del evento es notable: más de 130 cuadrillas recorren las calles del pueblo, cada una acompañada de su propia banda musical, que no deja de tocar durante los dos días de fiesta.
Entre los disfraces destacan dragones, calaveras, demonios, brujas, animales fantásticos, personajes de series de televisión y películas, e incluso figuras políticas. La diversidad es total: desde atuendos sencillos con apenas un poco de maquillaje, hasta trajes muy elaborados con máscaras enormes, vestimentas suntuosas y estructuras montadas sobre zancos para lucir aún más imponentes.
Una inversión que se renueva cada año
Muchos participantes no escatiman gastos para lucir el mejor disfraz. Los atuendos pueden costar entre cinco mil y diez mil pesos, y cambian cada año, ya que nadie quiere repetir un traje de la temporada anterior.
Familias enteras y barrios completos participan en la festividad, muchas veces compitiendo entre sí por mostrar los diseños más originales y trabajados. Detrás de esta creatividad hay decenas de talleres familiares en el propio pueblo dedicados a elaborar máscaras, guantes, pectorales y otras piezas en hule espuma y látex, algunas de las cuales incluso se venden en otros estados del país.

Un recorrido de horas y un cierre en la parroquia
El desfile avanza por un circuito que atraviesa las principales calles del pueblo, sumando nuevos participantes conforme avanza. Ver el recorrido completo puede tomar al menos cinco horas, aunque muchos asistentes acompañan la fiesta durante todo el día.
Al final, los participantes regresan a la parroquia de San Francisco, donde varios de ellos, aún con sus disfraces puestos, entran al templo para agradecer a “San Panchito”, como cariñosamente le llaman, por los favores recibidos durante el año o para cumplir alguna manda hecha al santo.

