Náhuatl se impartirá en escuelas públicas de CDMX ¿Por qué es importante revitalizar las lenguas indígenas?

Como parte del Día Internacional de la Lengua Materna, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, anunció el pasado 22 de febrero un nuevo programa de clases de la lengua náhuatl, el cual será impartido por 78 escuelas públicas de la ciudad.

La noticia se dio a conocer durante la visita de la mandataria a la Secundaria Técnica Número 28, Francisco Goitia García, el cual se convertirá en uno de los primeros planteles en ofrecer esta materia optativa cuyo objetivo es promover las raíces culturales de la ciudad y que estima que en tres años logrará que los estudiantes logren alcanzar un nivel avanzado de la lengua ancestral.

En la ceremonia, Brugada destacó la riqueza cultural de la Ciudad de México, donde, además del español, se hablan más de 55 lenguas indígenas. “Estas lenguas son un testimonio de la grandeza y la historia de los pueblos de México, especialmente el náhuatl, que es la lengua originaria hablada en nuestra ciudad”, afirmó, agregando que a partir de marzo estarán definidos los planteles educativos en los que se impartirán las clases a partir del próximo ciclo escolar. “Aprendemos inglés en otras escuelas, ¿por qué no aprender nuestra lengua madre?”.

La importancia de revitalizar las lenguas indígenas de México

Para el poeta Alfonso Reyes, “explorar la lengua es buscar el alma nacional”. Llevo un año viviendo en la isla esmeralda y si algo envidio de los irlandeses es su esfuerzo cohesionado y dirigido para solidificar su identidad, misma que tiene su base más sólida en rescatar su idioma. La lucha por preservar el irlandés gaélico no es solo un acto de resistencia cultural, sino una estrategia de afirmación nacional que ha permeado todos los niveles de su educación, promoviendo un sentido de pertenencia y orgullo compartido.

El aprendizaje de una lengua no debería tener únicamente un fin utilitario. La lengua da forma a nuestro entendimiento del mundo, es la base de nuestra expresión, y si somos lo que expresamos, entonces somos la lengua que hablamos. En Irlanda, hablar irlandés no es una necesidad comunicativa, responde a la necesidad de reafirmar que no son ingleses, sino celtas. En Nueva Zelanda, el renacimiento del maorí ha transformado la manera en que los neozelandeses entienden su historia y su identidad. En Gales, el galés ha pasado de estar en peligro de extinción a ser un símbolo de resistencia y orgullo nacional. En cada uno de estos países, la recuperación de sus lenguas originarias ha sido un paso clave hacia la cohesión social y el fortalecimiento de su identidad.

Octavio Paz decía que la nación mexicana es una identidad fragmentada, aún en búsqueda de cohesión. Una tensión que radica en que tenemos que “deshacer el español y recrearlo para que se vuelva mexicano, sin dejar de ser español”. Pero, ¿y si el verdadero camino a la cohesión estuviera en rescatar lo que vino antes? Pese al tamaño de país y de todas las limitantes económicas que tenemos en México (comparado con Irlanda, por ejemplo) para destinar recursos a estos tópicos, el rescate de las lenguas originarias podría ser el punto de partida para finalmente encontrarnos como una nación madura que se entiende a sí misma, en lugar de una que sigue viéndose a través del reflejo de su pasado colonial.

Por supuesto, México no es un país monolingüe. Con más de 140 lenguas indígenas aún vivas, elegir una por encima de las demás puede parecer injusto. Sin embargo, empezar con el náhuatl es una elección sensible. Es la lengua indígena más hablada, la más viva en este momento, la que dio forma al Gran Tenochtitlán y probablemente la que más ha influenciado la cultura de este país. Si en el centro de México, la iniciativa de enseñar náhuatl en las escuelas tiene buen recibimiento, no hay razón para no impulsar en el corto plazo estrategias similares con el maya en el sur, el mixteco y zapoteco en el sureste, o el purépecha en el occidente.

No se trata solo de aprender palabras, sino de recuperar visiones del mundo que han sido silenciadas, de reconstruir nuestra identidad con las piezas que han sido ignoradas por siglos. Como han demostrado otros países, hablar nuestras lenguas originarias no es mirar al pasado, sino dar un paso hacia el futuro con una identidad más clara y propia.

 

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