Durante siglos, los pueblos originarios de México entendieron algo que hoy la ciencia apenas confirma: en la naturaleza crecen alimentos capaces de sostener la vida con una potencia nutricional extraordinaria. Entre ellos destacan los quelites, un término que proviene del náhuatl quílitl, que significa “hierba comestible” o “verdura tierna”.
Estas plantas —hojas, tallos, brotes o flores tiernas de diversas especies— formaron parte esencial de la dieta mesoamericana y convivieron con cultivos fundamentales como el maíz, el frijol y la calabaza dentro del sistema agrícola tradicional. Sin embargo, la industrialización alimentaria y la llegada de verduras introducidas tras la conquista redujeron su consumo en ciudades, relegándolos a comunidades rurales y mercados locales.
Hoy, en un mundo obsesionado con los llamados “superfoods”, los quelites reaparecen como una respuesta ancestral a los retos nutricionales contemporáneos. No se trata de una moda: es el retorno de un conocimiento que nunca debió olvidarse.

Un universo verde: qué son realmente los quelites
Lejos de ser una sola planta, los quelites constituyen una familia culinaria enorme. Dependiendo de la definición, pueden existir entre 200 y hasta 500 especies distintas, muchas de ellas nativas del continente americano.
Entre los más conocidos están el pápalo, verdolaga, quintonil, romerito, epazote, huauzontle, hoja santa y chepiles, cada uno con sabores, aromas y usos distintos. Esta diversidad es precisamente una de sus mayores virtudes: permiten enriquecer la dieta con múltiples texturas y perfiles nutricionales sin depender de un solo cultivo.
Además, los quelites pueden crecer en suelos pobres, con poca agua y casi sin insumos agrícolas, lo que los convierte en aliados naturales frente al cambio climático y la agricultura intensiva.
El secreto nutricional que los vuelve “superalimento”
La fama reciente de los quelites no es exagerada. Su composición los coloca entre las plantas más completas desde el punto de vista nutricional:
-
Algunos contienen hasta 6 g de proteína por cada 100 g, más que muchas verduras comunes.
-
Aportan vitaminas A, C y del complejo B, además de minerales como calcio, hierro, magnesio y zinc.
-
Son ricos en antioxidantes y compuestos antiinflamatorios que protegen las células.
-
Contienen fibra, ácido fólico y potasio, fundamentales para la digestión, la formación celular y el equilibrio hídrico.
En términos simples: son alimentos densos en nutrientes y bajos en calorías, con más del 75 % de agua y una carga energética ligera.
No es casualidad que algunos especialistas los describan como “espinacas con esteroides” por su potencia nutricional.

De símbolo sagrado a ingrediente olvidado
En la cosmovisión mexica, los quelites eran tan importantes que existía una deidad asociada a ellos: Quilaztli, vinculada con la fertilidad y la abundancia. Esto revela que su valor trascendía la alimentación: eran un símbolo cultural y espiritual.
Sin embargo, con el paso de los siglos, su presencia disminuyó en la dieta urbana. La globalización alimentaria favoreció verduras estandarizadas y cultivadas a gran escala, mientras que los quelites —muchos silvestres y de recolección estacional— quedaron relegados a mercados tradicionales.
Paradójicamente, aquello que se consideró “comida humilde” hoy es reconocido como un tesoro nutricional y gastronómico.
El regreso a la mesa contemporánea
El redescubrimiento de los quelites coincide con varias tendencias globales: alimentación consciente, rescate de ingredientes locales y búsqueda de productos sostenibles. Chefs, nutriólogos y agricultores están volteando la mirada hacia estos ingredientes por tres razones clave:
-
Salud: concentran micronutrientes esenciales difíciles de encontrar en dietas modernas.
-
Sabor: aportan perfiles herbales, amargos o aromáticos que enriquecen la cocina.
-
Sostenibilidad: requieren pocos recursos y pueden cultivarse en sistemas tradicionales como la milpa.
Además, consumirlos contribuye a conservar la agrobiodiversidad mexicana y el conocimiento agrícola ancestral transmitido por generaciones.
El Bosque de Maíces realizará una experiencia especial dedicada a la Temporada de Quelites y la Labranza de la Milpa en la comunidad de San Mateo Ozolco, en el municipio de Calpan, Puebla.
La actividad busca acercar a los visitantes a las tradiciones agrícolas que forman parte de la identidad de las comunidades que viven a las faldas de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Durante la jornada, los asistentes podrán aprender sobre el trabajo en la milpa y participar en distintas actividades relacionadas con el cultivo del maíz y la recolección de alimentos de temporada.
Una experiencia para conocer la milpa desde adentro
El recorrido comenzará con un desayuno en el pueblo para después realizar una caminata entre volcanes. Más tarde se llevará a cabo un taller de cultivo en yunta, una práctica tradicional que sigue utilizándose en algunas comunidades rurales para trabajar la tierra.
Además, los participantes podrán sumarse a la recolección de quelites, plantas comestibles que forman parte de la gastronomía mexicana desde tiempos prehispánicos. El programa también contempla un taller de tlachique, un ritual de agradecimiento a la Madre Tierra y una exposición de distintas variedades de maíz.
Habrá comida tradicional y transporte desde Cholula
Como parte de la experiencia, se ofrecerá un taco placero y una comida de temporada elaborada con ingredientes locales. La salida será desde las inmediaciones de la Pirámide de San Pedro Cholula, desde donde se realizará el traslado hacia la comunidad de San Mateo Ozolco. El regreso será al mismo punto.
-19 de junio
-Comunidad de San Mateo Ozolco, Calpan, Puebla (Punto de salida: Zona de la Pirámide de San Pedro Cholula)
-Por confirmar con los organizadores
-Se requiere anticipo del 50% para reservar lugar (Más informes aquí)
El cupo será limitado, por lo que quienes deseen participar deberán apartar su lugar con anticipación. Se trata de una oportunidad para conocer de cerca el trabajo agrícola, descubrir ingredientes tradicionales mexicanos y vivir una experiencia comunitaria rodeada de paisajes volcánicos.

