CDMX propone pensión de manutención para perros o gatos tras rupturas de parejas

CDMX abre una nueva pregunta después de una ruptura: ¿quién mantiene a las mascotas?

Terminar una relación puede significar dividir una casa, repartir pertenencias y decidir quién se queda con determinadas responsabilidades. Pero cuando hay un perro, un gato u otro animal de compañía, la separación deja una pregunta que no siempre tiene una respuesta sencilla: ¿quién seguirá pagando por su cuidado?

En la Ciudad de México, esta situación podría comenzar a tener un marco legal más claro. Una iniciativa presentada ante el Congreso capitalino plantea establecer reglas para que, después de un divorcio, concubinato o separación, las personas que compartieron la responsabilidad de un animal también puedan estar obligadas a contribuir a su manutención.

La propuesta fue presentada el 5 de agosto de 2026 por la diputada local Luisa Fernanda Ledesma Alpízar, de Movimiento Ciudadano, y plantea modificar el Código Civil de la Ciudad de México para incorporar disposiciones específicas sobre la manutención de los llamados seres sintientes.

Eso sí, hay un punto importante: la pensión todavía no es una obligación vigente. Se trata de una iniciativa que deberá ser analizada por el Congreso capitalino y, eventualmente, aprobada para convertirse en una reforma legal.

La propuesta busca que la responsabilidad no termine con la relación

La discusión parte de una realidad cada vez más común: los animales de compañía forman parte de la vida cotidiana de muchas familias. Comparten espacios, rutinas y cuidados, y sus necesidades continúan incluso cuando la relación entre sus tutores llega a su fin.

Por eso, la iniciativa busca que el bienestar del animal no dependa únicamente de un acuerdo informal entre las exparejas. La responsabilidad podría establecerse tomando en cuenta tanto las necesidades del perro, gato u otro animal como la capacidad económica de quienes participaron en su cuidado.

La idea también representa un paso adicional a las modificaciones que ya se han impulsado en la capital para resolver qué sucede con los animales cuando una pareja se separa. Primero apareció la pregunta de con quién se queda el perro. Ahora el debate apunta hacia otra cuestión igualmente práctica: quién se hará cargo de sus gastos.

¿Qué cubriría la posible manutención?

La propuesta contempla que los recursos destinados al animal puedan utilizarse para cubrir necesidades esenciales como alimentación, consultas veterinarias, medicamentos y otros gastos relacionados con su bienestar.

No se plantea, al menos por ahora, una cantidad idéntica para todos los perros y gatos. El esquema tendría que considerar las necesidades particulares del animal y la capacidad económica de las personas responsables.

Esto resulta especialmente relevante cuando existen animales con tratamientos médicos, dietas especiales o necesidades que implican gastos constantes. Una mascota mayor o con alguna condición que requiera atención veterinaria puede representar una responsabilidad económica muy distinta a la de un animal joven y saludable.

No necesariamente sería una pensión mensual

Uno de los detalles más interesantes de la iniciativa es que la manutención podría cumplirse de distintas maneras.

El proyecto contempla la posibilidad de que las personas involucradas contribuyan mediante el cuidado directo del animal, mediante el pago de una pensión o a través de una combinación de ambas alternativas.

En caso de que las partes no logren ponerse de acuerdo, la propuesta contempla que un juez pueda determinar la forma en que deberá cumplirse la manutención, procurando que la decisión tenga como prioridad el bienestar del animal.

Así, el debate no gira solamente alrededor de entregar una cantidad de dinero cada mes. También contempla quién cuida, quién paga, quién lleva al animal al veterinario y cómo se mantiene una responsabilidad compartida después de la separación.

El caso de Lucas puso el tema sobre la mesa

La discusión llega poco después de un caso que llamó particularmente la atención en México. Lucas, un husky siberiano de tres años, recibió una pensión provisional después de que sus responsables terminaran su matrimonio.

Una jueza familiar determinó que el exesposo debía aportar aproximadamente 3 por ciento de su salario, unos 700 pesos mensuales, además de participar en determinados gastos veterinarios. La medida fue provisional y se tomó mientras continuaba el procedimiento correspondiente.

El caso resulta significativo porque muestra cómo una disputa familiar puede terminar incluyendo directamente el bienestar económico de un animal de compañía.

La iniciativa presentada en la Ciudad de México busca precisamente que este tipo de situaciones puedan contar con reglas más claras y previsibles, en lugar de depender únicamente de circunstancias particulares.

¿Qué pasará con la iniciativa?

Por ahora, no hay una nueva pensión obligatoria para perros y gatos en CDMX. La propuesta tendrá que pasar por el proceso legislativo correspondiente y ser discutida antes de que pueda convertirse en una modificación al Código Civil capitalino.

De aprobarse, la reforma marcaría otro cambio en la manera en que la legislación capitalina aborda la relación entre las personas y sus animales de compañía.

La discusión también plantea una transformación cultural interesante. Una ruptura puede terminar con una relación de pareja, pero no termina las necesidades del animal que ambos decidieron integrar a su vida. Comer, recibir atención veterinaria, tener medicamentos cuando sean necesarios y contar con cuidados adecuados siguen siendo parte de su día a día.

Y quizá esa sea la pregunta que esta iniciativa coloca sobre la mesa: cuando una familia cambia de forma, ¿quién se asegura de que el integrante de cuatro patas siga estando bien?