El sistema TOI 1752 reúne un planeta ultracaliente que completa su órbita en menos de un día y otro de tamaño similar a un sub Neptuno que se encuentra en la zona habitable optimista de su estrella.
A unos 337 años luz de la Tierra, en una región distante de nuestra galaxia, existe un sistema planetario que parece diseñado para mostrar hasta dónde puede llegar la diversidad de los mundos. Se llama TOI 1752 y alberga dos planetas que no podrían ser más distintos: uno es un pequeño mundo rocoso sometido a temperaturas extremas, mientras el otro tiene un tamaño intermedio entre la Tierra y Neptuno y se encuentra en una región donde, bajo determinadas condiciones, podría existir agua líquida.
El hallazgo fue confirmado en 2026 mediante observaciones realizadas con el satélite TESS de la NASA y distintos telescopios terrestres. El sistema gira alrededor de una estrella enana roja de tipo M1, mucho más pequeña y fría que el Sol. La estrella tiene aproximadamente 52 por ciento de la masa solar, un radio equivalente a cerca del 53 por ciento del radio del Sol y una temperatura superficial cercana a los 3,762 grados Kelvin.
Lo interesante no es únicamente que existan dos planetas. Es la enorme diferencia entre ellos. TOI 1752 b se encuentra extraordinariamente cerca de su estrella, mientras TOI 1752 c completa una órbita mucho más amplia y se ubica dentro de la llamada zona habitable optimista. Eso no significa que exista vida ni que el planeta sea habitable, pero sí que se trata de un objetivo especialmente atractivo para estudiar su atmósfera y sus condiciones físicas.

Un planeta donde un año dura menos de un día
El planeta interior, TOI 1752 b, tiene un radio de aproximadamente 1.69 veces el de la Tierra y una masa estimada de 3.51 veces la masa terrestre. Lo extraordinario está en su órbita: completa una vuelta alrededor de su estrella cada 0.935 días, es decir, en poco más de 22 horas. Se encuentra a apenas 0.01624 unidades astronómicas de su estrella.
A esa distancia, la radiación recibida es brutal. Su temperatura de equilibrio estimada ronda los 1,036 grados Kelvin, equivalente a unos 763 grados Celsius, aunque la temperatura real de su superficie dependería de factores como su atmósfera y la distribución del calor. Estas condiciones hacen compatible al planeta con el escenario de un mundo de lava, una clase de exoplanetas tan próximos a sus estrellas que sus superficies podrían estar dominadas por roca fundida.

El segundo mundo cambia completamente la historia
Mucho más lejos de la estrella se encuentra TOI 1752 c, un planeta cuyo radio alcanza aproximadamente 2.29 veces el de la Tierra y cuya masa estimada es de 5.86 masas terrestres. Su tamaño lo coloca dentro de la categoría de los sub Neptunos, mundos que pueden poseer atmósferas importantes y cuya composición todavía puede variar considerablemente.
Su año, en cambio, dura 32.7144 días terrestres. El planeta se encuentra a unas 0.1614 unidades astronómicas de su estrella, una distancia suficiente para situarlo dentro de la zona habitable optimista calculada para este sistema. En términos sencillos, recibe una cantidad de energía estelar que, dependiendo de las características de su atmósfera y de otras condiciones, podría permitir la presencia de agua en estado líquido.
Pero hay una precisión importante: estar en la zona habitable no equivale a ser habitable. Los científicos todavía necesitan conocer mejor la composición de TOI 1752 c, su atmósfera y las condiciones que prevalecen en su superficie o en sus capas superiores. Por ahora, lo correcto es considerarlo un candidato particularmente interesante para futuras investigaciones.
Una estrella pequeña con dos mundos extraordinarios
TOI 1752 resulta especialmente valioso porque permite estudiar dos planetas muy diferentes alrededor de la misma estrella. La comparación puede ayudar a los astrónomos a entender cómo influyen la distancia orbital, la radiación y las características de una estrella en la evolución de sus planetas.
La confirmación tampoco fue sencilla. Las señales detectadas inicialmente por TESS podían tener explicaciones distintas a la presencia de planetas, como sistemas de estrellas binarias eclipsantes o enanas marrones. Para descartar esas posibilidades se combinaron los datos espaciales con observaciones desde la Tierra y análisis estadísticos independientes.
Entre los instrumentos que participaron estuvieron MuSCAT2, instalado en el Telescopio Carlos Sánchez del Observatorio del Teide, y MuSCAT3, utilizado en el telescopio Faulkes North del Observatorio Haleakala, en Hawái. Las observaciones en distintas bandas de color permitieron reforzar la evidencia de que las señales correspondían realmente a planetas.

Un nuevo objetivo para estudiar atmósferas
El sistema TOI 1752 también llama la atención porque sus planetas pueden convertirse en laboratorios naturales para estudiar cómo nacen y evolucionan los mundos fuera del Sistema Solar. En particular, el planeta interior podría ser un objetivo interesante para la caracterización atmosférica, mientras que el planeta exterior ofrece una oportunidad para investigar qué ocurre con los sub Neptunos que reciben niveles moderados de radiación de sus estrellas.
Por ahora, TOI 1752 no es otro sistema solar, ni existe evidencia de vida en ninguno de sus mundos. Lo que sí existe es algo quizá más importante para la astronomía: un sistema cercano, con dos planetas confirmados y condiciones radicalmente distintas, que permite observar cómo la naturaleza puede construir mundos completamente diferentes alrededor de una misma estrella.
Y eso es precisamente lo que vuelve fascinante a TOI 1752. Mientras uno de sus planetas parece condenado a un paisaje de roca ardiente y temperaturas extremas, el otro se encuentra en una región donde la química de una atmósfera todavía podría esconder respuestas sobre la posibilidad de agua y las condiciones necesarias para que un mundo sea algo más que una esfera perdida en la oscuridad.

