¿Las tormentas son cada vez más fuertes en México? Investigadores de la UNAM explican qué está cambiando y qué todavía no puede afirmarse.
Las tormentas eléctricas forman parte del paisaje climático de México, pero en los últimos años hay regiones donde su comportamiento comienza a mostrar cambios. Un análisis realizado por investigadores de la UNAM encontró variaciones en la frecuencia y en algunas condiciones atmosféricas asociadas con estos fenómenos, aunque la evidencia todavía no permite decir que todas las tormentas del país sean cada vez más intensas.
El estudio, encabezado por el investigador José Francisco León Cruz, analiza cómo han cambiado algunas de las condiciones que favorecen la formación de tormentas eléctricas. Los resultados muestran diferencias importantes entre regiones: mientras en algunas zonas aumentan ciertos factores que favorecen su desarrollo, en otras disminuyen.

¿En qué lugares están cambiando las tormentas?
Entre las regiones donde se han identificado incrementos en la frecuencia de tormentas aparecen la Península de Yucatán, parte del centro del país, Ciudad de México, Estado de México, Jalisco y Nayarit, además de Chiapas.
El comportamiento contrario aparece en entidades como Morelos, Oaxaca y Veracruz, donde se observa una disminución en algunas de las variables analizadas. Esto revela que el fenómeno no está ocurriendo de manera uniforme en todo México.
La investigación también encontró que la inestabilidad atmosférica, una de las condiciones que permite que el aire caliente ascienda y genere grandes nubes de tormenta, está aumentando en regiones del centro y occidente, particularmente en Ciudad de México, Estado de México, Jalisco y Nayarit.

Más tormentas no significa necesariamente tormentas más violentas
Aquí está uno de los matices importantes de la investigación. Para que una tormenta se vuelva particularmente severa no basta con que exista suficiente calor y humedad. También intervienen factores como la cizalladura del viento, es decir, los cambios en la velocidad y dirección del viento conforme aumenta la altura.
La cizalladura puede ayudar a que una tormenta se organice, permanezca activa durante más tiempo y tenga capacidad para producir fenómenos como granizo de gran tamaño, vientos destructivos o incluso tornados.
Sin embargo, el análisis encontró que esta variable está disminuyendo en buena parte de la costa del Golfo de México y la Península de Yucatán. Por ello, aunque existan condiciones favorables para que se formen tormentas, estas podrían tener menor organización en determinadas regiones.

¿Entonces el cambio climático las está haciendo más fuertes?
La respuesta de la ciencia, por ahora, es todavía no podemos afirmarlo con certeza.
Los investigadores han detectado señales de cambio en distintas regiones, pero todavía es necesario determinar cuánto corresponde a la variabilidad natural del clima y cuánto podría estar relacionado con el cambio climático.
Esto es especialmente importante porque las tormentas eléctricas, el granizo y los tornados son fenómenos que forman parte del clima mexicano desde mucho antes del actual calentamiento global. Detectar que algunas condiciones atmosféricas están cambiando no significa automáticamente que exista una sola causa detrás de esos cambios.
Por ahora, la investigación se encuentra en una etapa de detección de patrones. Se requieren registros más extensos y nuevos análisis para determinar con mayor precisión cómo evolucionarán estos fenómenos.
Un mapa más preciso del clima mexicano
Los resultados pueden tener aplicaciones que van mucho más allá de la investigación académica. Identificar las regiones donde las tormentas son más frecuentes o donde existen condiciones atmosféricas favorables para que sean severas puede ayudar a mejorar los sistemas de pronóstico y prevención.
También puede resultar útil para sectores como la protección civil y la aviación, particularmente en un país con una geografía tan diversa como México.
La conclusión, por ahora, no es que el cielo mexicano esté inevitablemente volviéndose más violento. Lo que muestran los datos es algo más complejo: las tormentas están cambiando de comportamiento en determinadas regiones, y comprender esas diferencias será fundamental para anticipar mejor los fenómenos meteorológicos que acompañan cada temporada de lluvias.

