Hallan ruinas prehispánicas durante excavaciones en Tula, Hidalgo.
En México, el subsuelo parece guardar memoria. Cada obra que remueve tierra en regiones históricas termina por abrir también una conversación con el pasado. Esta vez ocurrió en Tula, Hidalgo, donde trabajos de excavación relacionados con el Tren de Pasajeros México Querétaro sacaron a la luz un importante conjunto de vestigios prehispánicos vinculados con la expansión de Teotihuacán.
El descubrimiento ocurrió cerca de la comunidad Ignacio Zaragoza, en una zona intervenida por arqueólogos que realizan labores de salvamento antes de que continúen las obras ferroviarias. Lo que comenzó como una revisión de rutina terminó convirtiéndose en uno de los hallazgos recientes más relevantes de la región: tumbas antiguas, enterramientos colectivos, restos óseos y ofrendas ceremoniales con más de 1,800 años de antigüedad.
Los especialistas consideran que el asentamiento estuvo ocupado entre los años 225 y 550 d.C., en pleno auge teotihuacano. Aunque el sitio tuvo reocupaciones posteriores, la mayor parte de los elementos encontrados corresponde al periodo Clásico mesoamericano, cuando Teotihuacán ejercía influencia política, comercial y cultural sobre buena parte del centro del país.

Tumbas ocultas bajo antiguos espacios habitacionales
Las excavaciones revelaron pequeños conjuntos residenciales conectados por patios y estructuras orientadas cuidadosamente de norte a sur y de este a oeste. Bajo algunas habitaciones aparecieron cinco tumbas semejantes a las llamadas “tumbas de tiro”, un tipo de construcción funeraria asociada a diversas tradiciones mesoamericanas.
Los arqueólogos encontraron cámaras excavadas directamente sobre el tepetate y la roca natural. En una de ellas aparecieron restos de ocho individuos acompañados por 47 vasijas miniatura colocadas como ofrenda funeraria, además de piezas ornamentales hechas con concha nácar y cerámica decorada.
También se localizaron entierros individuales y colectivos de adultos, jóvenes e infantes. Algunos cuerpos fueron colocados en posición sedente, lo que sugiere prácticas rituales complejas y reutilización de espacios funerarios a lo largo del tiempo. Los expertos creen que varias tumbas fueron abiertas nuevamente siglos después para depositar nuevos cuerpos.
Tula y la herencia de Teotihuacán
Aunque Tula suele asociarse inmediatamente con la cultura tolteca y los famosos Atlantes, el hallazgo recuerda que esta región tuvo una historia mucho más extensa y diversa. Mucho antes del esplendor tolteca, la zona ya formaba parte de una red de asentamientos relacionados con la influencia teotihuacana.
Los investigadores señalaron que el sitio encontrado no debe entenderse como un punto aislado, sino como parte de un corredor cultural donde existieron otros asentamientos importantes como Chingú, El Tesoro y Acoculco. De hecho, la región norte de Tula habría funcionado durante siglos como un espacio estratégico para la extracción de materiales y el intercambio regional.
Este tipo de descubrimientos ayuda a reconstruir aspectos cotidianos de las antiguas sociedades mesoamericanas: cómo enterraban a sus muertos, qué objetos acompañaban sus rituales y de qué manera organizaban sus espacios domésticos.

El salvamento arqueológico como puente entre pasado y presente
Uno de los aspectos más llamativos del hallazgo es que ocurrió en medio de un proyecto contemporáneo de infraestructura. Las obras ferroviarias obligaron a desplegar un amplio operativo de exploración arqueológica que ha permitido recuperar piezas e información histórica antes de modificar el terreno.
En años recientes, el salvamento arqueológico se ha convertido en una herramienta fundamental para equilibrar el desarrollo urbano con la preservación del patrimonio. Gracias a estos trabajos, hoy es posible conocer nuevas capas de la historia mexicana que permanecieron ocultas durante siglos bajo parcelas agrícolas, caminos y ciudades modernas.
Y quizá ahí reside lo más fascinante del hallazgo: mientras el país construye nuevas rutas ferroviarias para conectar el presente, la tierra sigue revelando señales de quienes habitaron esos mismos caminos hace casi dos mil años.

