En CDMX nacen menos niños que en Hong Kong y Tokio

La CDMX entra en el mapa mundial de las ciudades con menor fecundidad.

Hay ciudades que parecen crecer sin detenerse: más edificios, más automóviles, más restaurantes, más gente caminando por sus calles. La Ciudad de México pertenece a ese paisaje urbano, aunque detrás de su movimiento cotidiano ocurre un cambio mucho más silencioso: cada vez nacen menos niños.

Los datos de la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI muestran que la capital tiene una de las tasas de fecundidad más bajas registradas en el mundo. El indicador más reciente para la Ciudad de México es de 0.9 hijos por mujer, una cifra inferior a la registrada en Hong Kong, de 0.84, cuando se comparan los datos de acuerdo con sus respectivos periodos estadísticos, y cercana a la de Tokio, que registró 0.96 en 2024.

La comparación resulta llamativa porque Hong Kong y Tokio suelen aparecer entre las grandes ciudades asiáticas asociadas con la baja natalidad. En la capital japonesa, por ejemplo, nacieron 84 mil 207 bebés durante 2024 y la tasa global de fecundidad descendió a 0.96. En 2025, sin embargo, Tokio registró un aumento preliminar de 1.3 por ciento en sus nacimientos, hasta alcanzar 88 mil 518.

Una ciudad que está envejeciendo

La reducción de los nacimientos forma parte de una transformación demográfica más amplia. México pasó de una edad mediana de 29 años en 2020 a 32 años en 2025, mientras que la proporción de población infantil ha disminuido. Apenas 5.8 por ciento de la población nacional tiene entre cero y cuatro años, una proporción menor que la correspondiente al grupo de cinco a nueve años.

En la Ciudad de México el fenómeno de la fecundidad es todavía más evidente. La capital cuenta actualmente con 9 millones 165 mil 819 habitantes, pero su estructura poblacional está cambiando: cada vez hay una mayor presencia de personas adultas y mayores y una menor proporción de niños. La fecundidad promedio pasó de 1.1 a 0.9 hijos nacidos vivos por mujer.

Esto también ayuda a explicar por qué una ciudad puede seguir siendo enorme y, al mismo tiempo, tener cada vez menos niños. El tamaño de una población no depende únicamente de los nacimientos, sino también de la esperanza de vida y de los movimientos migratorios.

Las alcaldías muestran otra historia

La cifra de la capital tampoco es uniforme. Dentro de la propia Ciudad de México existen diferencias importantes entre alcaldías.

Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo registraron 0.7 hijos nacidos vivos por mujer, mientras que Azcapotzalco, Coyoacán e Iztacalco llegaron a 0.8. Álvaro Obregón, Tlalpan y Venustiano Carranza registraron 0.9. En el otro extremo, Milpa Alta alcanzó 1.3, mientras que Iztapalapa y Tláhuac llegaron a 1.1.

El caso de Benito Juárez resulta particularmente significativo: la alcaldía registró apenas 0.4 hijos nacidos vivos por mujer entre las mujeres de 15 a 49 años. La demarcación cuenta con 410 mil 956 habitantes y presenta una estructura poblacional muy distinta a la de las zonas con mayor fecundidad de la capital.

Tener hijos también está cambiando de edad

La caída de la fecundidad no significa simplemente que las personas hayan dejado de formar familias. Uno de los cambios más importantes está relacionado con el momento en que se decide tener hijos.

La maternidad y la paternidad se han desplazado hacia edades mayores, mientras que aumentan los hogares pequeños, las parejas sin hijos y las personas que viven solas. En las grandes ciudades, además, la llegada de jóvenes que estudian o trabajan modifica la estructura de la población y puede hacer que la fecundidad parezca todavía menor.

En Tokio ocurre algo parecido. Las autoridades metropolitanas explican que la capital concentra una importante población joven y que la llegada de mujeres jóvenes que todavía no tienen hijos influye en el cálculo de su tasa de fecundidad. Por eso, la cifra debe leerse dentro de la particular estructura demográfica de cada ciudad.

El nuevo rostro de la capital

La comparación con Hong Kong y Tokio permite mirar a la Ciudad de México desde otra perspectiva. La capital mexicana ya forma parte de una transformación demográfica y de fecundidad que atraviesa a varias de las grandes ciudades del planeta: hogares más pequeños, maternidad más tardía, menor número de hijos y una población que envejece gradualmente.

No se trata solamente de contar cunas vacías. Una menor fecundidad transforma la ciudad que vendrá: habrá que pensar en nuevas necesidades de vivienda, educación, movilidad, salud, empleo y cuidados para una población con una composición distinta.

La Ciudad de México seguirá siendo una de las grandes metrópolis del continente, pero su futuro demográfico será diferente al de las generaciones que la hicieron crecer. Mientras sus avenidas continúan llenándose de movimiento, el sonido que empieza a cambiar es mucho más discreto: el de una ciudad donde cada vez nacen menos niños.