El Códice Azcatitlan vuelve a México después de 186 años y llegará al Museo de Antropología

Hay documentos que parecen guardar una historia y otros que, por su propia existencia, son parte de ella. El Códice Azcatitlan pertenece a los segundos. Después de 186 años fuera de México, este antiguo manuscrito regresará temporalmente al país para ser mostrado al público en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.

El regreso ocurrirá a partir del 17 de septiembre de 2026, como parte de las actividades conmemorativas por los 200 años de relaciones entre México y Francia. El códice, actualmente resguardado por la Biblioteca Nacional de Francia, podrá contemplarse durante una exposición que permitirá acercarse directamente a una de las fuentes pictográficas más importantes para comprender la historia de los mexicas.

Su importancia está en aquello que cuenta. Elaborado en el Valle de México durante el siglo XVI, el manuscrito reúne imágenes, signos y anotaciones que reconstruyen el recorrido de los mexicas desde Aztlan hasta la fundación de México Tenochtitlan, además de registrar a sus gobernantes, acontecimientos políticos y militares, y finalmente la llegada de los españoles y los primeros años del periodo colonial.

Un viaje que comenzó hace siglos

El Azcatitlan es un documento particularmente interesante porque pertenece a un momento de transformación. Sus páginas fueron realizadas después de la Conquista, pero conservan una forma indígena de representar la historia y, al mismo tiempo, incorporan recursos visuales relacionados con la tradición europea.

El resultado es una especie de puente entre dos maneras de mirar y registrar el pasado. En sus imágenes aparecen personajes, lugares, gobernantes, caminos, acontecimientos y símbolos que permiten seguir una parte importante de la memoria mexica y observar cómo esa memoria continuó siendo registrada durante los primeros tiempos de la Nueva España.

El documento está organizado en tres grandes secciones. La primera cuenta la migración de los mexicas y su llegada al Valle de México; la segunda se concentra en la historia de México Tenochtitlan y sus gobernantes; mientras que la tercera aborda la llegada de los conquistadores españoles y los primeros años de la vida colonial.

Una memoria ilustrada de Tenochtitlan

Una de las particularidades del códice es que la historia no aparece únicamente como una sucesión de palabras. Los acontecimientos están representados mediante imágenes y signos, creando una narración visual que permite observar personajes, topónimos, desplazamientos y episodios históricos.

Entre sus páginas aparecen los gobernantes de México Tenochtitlan, desde Acamapichtli hasta Moctezuma II, último tlatoani de la dinastía tenochca. También existen referencias a Tlatelolco y a acontecimientos vinculados con las conquistas y obras realizadas durante distintos gobiernos.

La última sección adquiere un significado particularmente poderoso. En ella se representa la llegada de los españoles a la Cuenca de México en 1519 y el encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma Xocoyotzin, además de distintos episodios relacionados con la Conquista y el comienzo de la época colonial.

De México a Francia

La historia del códice también tiene su propio recorrido internacional. Durante el siglo XIX llegó a manos del investigador y coleccionista francés Joseph Marius Alexis Aubin, quien había llegado a México interesado inicialmente por la ciencia, pero terminó dedicando buena parte de sus esfuerzos al estudio de la historia antigua del país.

En 1840, Aubin llevó su colección de documentos indígenas a Francia. Posteriormente, el conjunto pasó a manos de Eugène Goupil y, hacia finales del siglo XIX, la colección fue donada por su viuda a la Biblioteca Nacional de Francia. El Códice Azcatitlan quedó incorporado a los fondos mexicanos de esa institución con la clasificación 59 64.

Desde entonces, el manuscrito permaneció en Francia. Su recorrido explica por qué su próxima presencia en México representa algo más que una exposición temporal: es el regreso físico de una parte de la memoria histórica mexicana que llevaba casi dos siglos fuera del país.

Un regreso que conecta a México y Francia

La exhibición del Azcatitlan ocurre dentro de un programa cultural relacionado con los 200 años de relaciones entre México y Francia. Como parte de este intercambio también se contempla la participación del Códice Boturini, otro documento fundamental para conocer la tradición histórica de la migración mexica.

Antes de que el original llegue al Museo Nacional de Antropología, una exposición de reproducciones de gran formato ya permite acercarse a su contenido en la Ciudad de México. La muestra Códice Azcatitlan. Caminatas ilustradas de México Tenochtitlan reúne 35 imágenes que recorren visualmente la historia narrada por el manuscrito, desde la salida de Aztlan hasta los primeros años de la Colonia.

Esta aproximación resulta particularmente interesante porque permite comprender que un códice no es simplemente un libro antiguo. Es una forma de construir memoria, de representar un territorio y de transmitir una historia a través de imágenes que todavía pueden ser interpretadas siglos después.

El Azcatitlan frente al público mexicano

El Museo Nacional de Antropología será el escenario donde el documento original podrá contemplarse temporalmente a partir del 17 de septiembre de 2026. Para quienes se interesan por la historia prehispánica, los códices y la construcción de la memoria mexicana, será una oportunidad poco frecuente de encontrarse frente a un manuscrito que normalmente permanece bajo resguardo en Francia.

El valor de la exposición también está en mirar el pasado sin separarlo de sus distintas capas. El Azcatitlan fue elaborado después de la Conquista, pero conserva formas de representación indígena, registra acontecimientos anteriores a la llegada europea y, al mismo tiempo, refleja las profundas transformaciones que atravesó el mundo mesoamericano durante el siglo XVI.

Quizá por eso su regreso resulta tan significativo. Después de 186 años, el Códice Azcatitlan vuelve a México no como una pieza inmóvil del pasado, sino como una historia que todavía tiene algo que decir sobre nuestros orígenes, nuestra memoria y la manera en que hemos contado quiénes somos.