La magia surrealista de Kati Horna llega al Palacio de Bellas Artes

Hay fotografías que retratan el mundo y otras que parecen haber abierto una pequeña grieta en él. Kati Horna pertenecía a la segunda especie: fotógrafa, fotoperiodista y artista visual de origen húngaro, convirtió escenas cotidianas en imágenes inquietantes, poéticas y misteriosas. Ahora, su universo llega al Museo del Palacio de Bellas Artes con Kati Horna. Lo insólito es lo cotidiano, una retrospectiva dedicada a su obra en la Ciudad de México.

La exposición abrió sus puertas el 22 de octubre de 2026 y reúne alrededor de 205 piezas, entre fotografías, obra plástica, documentos y correspondencia. El recorrido atraviesa distintas etapas de su vida, desde sus primeros años en Europa y su experiencia durante la Guerra Civil española hasta la libertad creativa que encontró en México. Una invitación a descubrir que, a veces, la realidad tiene más imaginación que los sueños.

¿Quién fue Kati Horna, la tercera bruja del surrealismo?

Nacida en Hungría en 1912, Kati Horna llegó a México en 1939, después de vivir de cerca los estragos de la guerra en España. Aquí desarrolló buena parte de su trayectoria y construyó una mirada propia, capaz de transitar del fotoperiodismo documental a la experimentación surrealista sin perder su sensibilidad frente a la vida cotidiana. Falleció en la Ciudad de México en el año 2000, pero dejó un archivo visual que sigue revelando nuevas capas de significado.

Su apodo de tercera bruja del surrealismo evoca la complicidad artística que compartió con Leonora Carrington y Remedios Varo, dos creadoras fundamentales para entender la imaginación fantástica en México. Juntas formaron parte de un círculo en el que lo insólito podía convivir con lo doméstico, los símbolos adquirían vida propia y las mujeres no necesitaban permiso para inventar otros mundos.

Una exposición entre vampiros, máscaras y sueños

La retrospectiva se organiza en cuatro núcleos temáticos que permiten seguir la evolución de Horna: su formación europea, la mirada sobre la guerra, las historias fotográficas que desarrolló en México y las redes de amistad y colaboración que acompañaron su carrera. El conjunto revela a una artista que no se conformaba con capturar lo que tenía enfrente: también buscaba aquello que se esconde detrás de las apariencias.

Entre los grandes atractivos está la serie Historia de un vampiro, presentada completa por primera vez, con más de veinte fotografías. También se exhibe Mujer y máscara, una colaboración con Leonora Carrington que ha tenido pocas apariciones públicas. Ambas obras muestran el gusto de Horna por las atmósferas góticas, la puesta en escena y las narraciones visuales que parecen salidas de un sueño extraño.

La muestra incluye, además, cartas y documentos relacionados con Carrington, Varo y Pedro Friedeberg, materiales que permiten asomarse a las relaciones personales e intelectuales que nutrieron su universo. Porque detrás de cada imagen hay también una conversación, una amistad o una idea que encontró en otra persona el impulso para crecer.

Bellas Artes, una cita con lo insólito

Visitar esta exposición es acercarse a una artista que hizo de la fotografía un territorio de libertad. En sus imágenes, lo cotidiano deja de ser predecible y adquiere una dimensión enigmática, como si una puerta secreta se abriera en mitad de una habitación familiar. Su trabajo también invita a revisar el lugar de las mujeres en la historia del arte y a reconocer la amplitud de sus aportaciones a la cultura mexicana.

La exposición Kati Horna. Lo insólito es lo cotidiano estará abierta hasta el 7 de febrero de 2027 en el Museo del Palacio de Bellas Artes, ubicado sobre avenida Juárez, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El horario es de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas, con entrada general de 95 pesos y acceso gratuito los domingos.

Entre tanto museo, tanta historia y tanta imagen que pide atención, vale la pena detenerse frente a la mirada de Kati Horna. Quizá su mayor hechizo consista en recordarnos que el misterio no siempre vive en lugares lejanos: también habita en una máscara, una sombra o una escena cualquiera, esperando a que alguien la mire de otra manera.