‘Raíces’, una película que miró a México desde sus pueblos originarios.
Hay películas que retratan una época y otras que terminan convirtiéndose en parte de su memoria. ‘Raíces’, dirigida por Benito Alazraki, pertenece a esa segunda categoría. Filmada en 1953 y estrenada comercialmente en México el 10 de junio de 1955, esta obra ocupa un lugar particular dentro de la historia del cine mexicano por acercarse a las comunidades indígenas desde una perspectiva vinculada con la antropología, la literatura y la vida cotidiana.
La película surgió a partir de cuatro relatos de ‘El diosero’, libro publicado en 1952 por el Fondo de Cultura Económica por el escritor y etnólogo Francisco Rojas González. En ellos aparecen distintas comunidades indígenas enfrentadas a situaciones de pobreza, discriminación, religión, deseo y contacto con una sociedad moderna que muchas veces observa sus tradiciones desde fuera.

Cuatro historias para mirar un país
‘Raíces’ está construida como una antología de cuatro episodios: ‘Las vacas’, ‘Nuestra Señora’, ‘El tuerto’ y ‘La potranca’. Cada historia funciona de manera independiente, pero juntas construyen un retrato diverso de las relaciones entre las comunidades originarias y el México de mediados del siglo XX.
‘Las vacas’, basada en el relato ‘Las vacas de Quiviquinta’, sigue a una pareja indígena que enfrenta las consecuencias de la sequía y la pobreza en el Valle del Mezquital. ‘Nuestra Señora’ aborda el encuentro entre una comunidad y una mirada extranjera; mientras que ‘El tuerto’ se concentra en un niño que es objeto de burlas por su condición física y en la fe de su madre.
El último episodio, ‘La potranca’, presenta a un extranjero interesado en la hija de un hombre indígena. A través de esta historia, la película plantea las relaciones de poder y las ideas raciales que podían aparecer detrás de determinados encuentros entre extranjeros y comunidades originarias.

Benito Alazraki y una película fuera de los moldes
Para Benito Alazraki, ‘Raíces’ fue su primera película como director. Antes había trabajado en el cine como productor y guionista, y en 1946 participó en ‘Enamorada’, dirigida por Emilio Fernández y protagonizada por María Félix y Pedro Armendáriz.
La producción de ‘Raíces’ estuvo a cargo de Manuel Barbachano Ponce y el guion reunió el trabajo de varios escritores y cineastas, entre ellos Carlos Velo, Benito Alazraki, Juan de la Cabada, María Elena Lazo, Jomí García Ascot, Fernando Espejo y el propio Barbachano Ponce, a partir de los relatos de Rojas González.
Una de sus características más particulares fue la decisión de filmar en escenarios reales y recurrir a actores no profesionales, alejándose de algunas convenciones del cine industrial de aquellos años. Esta elección contribuyó a darle a la película una textura distinta y reforzó su aproximación a los espacios y personajes que retrataba.

De México al Festival de Cannes
El recorrido de ‘Raíces’ no terminó en las salas mexicanas. La película fue presentada en el Festival de Venecia en septiembre de 1954 y posteriormente llegó al Festival de Cannes el 10 de mayo de 1955, donde recibió el Premio de la Crítica Internacional.
Ese reconocimiento internacional ocurrió en un momento en que el cine mexicano todavía atravesaba los últimos años de su llamada Época de Oro, pero comenzaban a hacerse visibles transformaciones en la industria y en las formas de representar la identidad nacional. La obra de Alazraki encontró ahí un espacio propio al combinar literatura, observación antropológica y cine de ficción.
La película también recibió reconocimiento en México. Benito Alazraki obtuvo el Ariel a Mejor Dirección, correspondiente a la edición de 1956, por un trabajo que había comenzado tres años antes con aquel primer rodaje de 1953.
Una banda sonora con grandes nombres
Otro de los elementos que distinguen a ‘Raíces’ es su música. El prólogo utiliza una selección de Silvestre Revueltas, mientras que los distintos episodios incorporan composiciones relacionadas con nombres fundamentales de la música mexicana y latinoamericana, entre ellos Blas Galindo y Pablo L. Moncayo, además de Rodolfo Halffter y Guillermo Noriega.
La combinación de paisaje, actores no profesionales, literatura y música convirtió a la película en una experiencia poco habitual dentro de la producción mexicana de su tiempo. Más que construir una sola historia, Alazraki reunió cuatro fragmentos de un país diverso y los llevó a la pantalla desde una sensibilidad cercana a la investigación antropológica.
Una raíz que permanece
Vista desde el presente, ‘Raíces’ permite reconocer uno de los primeros esfuerzos del cine mexicano independiente por colocar a los pueblos originarios en el centro de una narración cinematográfica y no únicamente como parte del paisaje nacional. Su importancia también está en el diálogo que estableció entre cine y antropología, a partir de la obra de Francisco Rojas González.
A más de siete décadas de su rodaje, la película conserva el interés de una obra que intentó mirar la diversidad mexicana desde sus propios conflictos. ‘Raíces’ no pertenece únicamente al pasado del cine nacional: también forma parte de esa memoria cinematográfica que ayuda a entender cómo México comenzó a observarse a sí mismo a través de sus comunidades, sus territorios y sus distintas maneras de habitar el país.

