El legado del Mundial en la CDMX: 23 mil millones de pesos en obras alrededor de la ciudad

Cuando una ciudad recibe un Mundial de futbol, la conversación suele concentrarse en los partidos, las selecciones y el ambiente festivo que invade las calles. Sin embargo, una vez que el último silbatazo se apaga y los aficionados regresan a casa, comienza una pregunta mucho más importante: ¿qué permanece para quienes viven ahí todos los días?

En el caso de la Ciudad de México, la respuesta no está únicamente en los recuerdos de haber sido una de las sedes de la mayor competencia deportiva del planeta. También se encuentra en una serie de obras públicas, proyectos de movilidad e infraestructura urbana que modifican la forma en que millones de personas recorren, habitan y experimentan la capital.

La organización del Mundial 2026 aceleró inversiones que ya formaban parte de distintos planes de desarrollo, pero que encontraron en el torneo una oportunidad para concretarse en un periodo mucho más corto. El resultado fue una inversión pública superior a 23 mil millones de pesos, destinada a proyectos concebidos para permanecer mucho después de que terminara la competencia.

Una inversión pensada para el largo plazo

A diferencia de otros eventos internacionales donde gran parte del presupuesto se concentra en instalaciones temporales o infraestructura de uso limitado, la estrategia de la capital buscó que las obras tuvieran un beneficio permanente para la población.

Los recursos se distribuyeron entre movilidad, infraestructura urbana, agua y medio ambiente y seguridad, con miles de intervenciones realizadas en distintos puntos de la ciudad. Desde repavimentaciones hasta modernización del transporte, el objetivo fue aprovechar el escaparate internacional para acelerar mejoras que seguirán utilizándose durante décadas.

El transporte público como protagonista

Quizá ninguna infraestructura representa mejor la vida cotidiana de la capital que el Metro. Cada día moviliza a millones de personas y, por ello, una parte importante de las inversiones estuvo orientada a fortalecer la red de transporte.

Entre las acciones destacan la renovación de líneas, mejoras en estaciones estratégicas, intervenciones en accesos y obras que facilitan la conexión con otros sistemas de transporte. Estas acciones buscan reducir tiempos de traslado, mejorar la experiencia de los usuarios y fortalecer uno de los sistemas de movilidad más importantes de América Latina.

Al mismo tiempo, el Tren Ligero, el sistema de Trolebús y distintos corredores de movilidad recibieron adecuaciones para ofrecer una red más integrada alrededor de una de las zonas con mayor concentración de visitantes durante el torneo.

La bicicleta gana espacio en la ciudad

Uno de los cambios más visibles es la expansión de la infraestructura destinada a la movilidad ciclista.

Las nuevas ciclovías, junto con biciestacionamientos y conexiones con estaciones de transporte público, forman parte de una visión que busca ofrecer alternativas al automóvil y facilitar recorridos más seguros para peatones y ciclistas.

Esta transformación responde también a una tendencia internacional: las grandes ciudades utilizan los eventos deportivos como catalizadores para impulsar modelos de movilidad más sustentables y reducir la dependencia del transporte motorizado.

Espacios públicos que recuperan protagonismo

Las obras no se limitaron al transporte.

Calles, avenidas, puentes, iluminación, áreas verdes y corredores peatonales fueron objeto de intervenciones destinadas a mejorar tanto la imagen urbana como la funcionalidad cotidiana.

La modernización de distintos espacios permite una circulación más ordenada, incrementa la seguridad y favorece el uso del espacio público como punto de encuentro para vecinos y visitantes.

En muchas zonas, estas mejoras se acompañaron de nuevos sistemas de iluminación, rehabilitación de banquetas y renovación del mobiliario urbano, creando entornos más accesibles para personas de todas las edades.

Agua, drenaje y servicios invisibles que sostienen la ciudad

Aunque suelen pasar desapercibidas, algunas de las inversiones más importantes ocurrieron debajo de las calles.

La modernización de redes hidráulicas, obras de drenaje y proyectos ambientales representan una parte significativa del presupuesto destinado al legado del Mundial.

Estas intervenciones fortalecen la capacidad de la ciudad para enfrentar lluvias intensas, mejorar el suministro de agua y aumentar la resiliencia de una metrópoli que enfrenta importantes retos ambientales.

Una ciudad preparada para el futuro

El Mundial ofreció una vitrina internacional para mostrar la riqueza cultural y urbana de la capital, pero también funcionó como un acelerador de políticas públicas que difícilmente habrían avanzado al mismo ritmo sin una fecha límite tan exigente.

La infraestructura desarrollada no termina con el campeonato. Cada nueva ciclovía, cada estación rehabilitada, cada puente renovado y cada mejora en el transporte forman parte de una ciudad que continúa evolucionando.

Más allá del espectáculo deportivo, el verdadero éxito se medirá en los próximos años, cuando millones de capitalinos utilicen diariamente esas obras para reducir tiempos de traslado, acceder a espacios públicos más seguros y disfrutar una ciudad mejor conectada.

Porque los campeones cambian cada cuatro años, pero las ciudades que saben aprovechar un acontecimiento de escala mundial pueden transformar su historia durante generaciones. En ese sentido, el legado del Mundial 2026 no se encuentra únicamente en los estadios, sino en las calles que seguirán recorriendo millones de personas mucho después de que el balón dejara de rodar.